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La lógica y la semántica tradicionales distinguen entre la predicación (y
significación) unívoca, equívoca y análoga o analógica. Término unívoco
es el que se predica de sus inferiores (o los significa) de manera completamente
igual, por ejemplo “hombre”, predicado de todos los hombres. Término equívoco
es el que se predica de sus inferiores (o los significa) de manera completamente
diferente, por ejemplo “osa”, predicado del animal y de la constelación. En
cambio, el término análogo se predica de sus inferiores (o los significa) en
parte igual y en parte diferente, por ejemplo “sano” predicado del
organismo, del alimento, de la medicina y de la orina, ya que se predica del
organismo de manera principal, como del sujeto propio de la salud, del alimento
como aquello que la conserva, de la medicina como aquello que la devuelve y de
la orina como aquello que la manifiesta.
La
analogía tiene diversas clases, que oscilan entre la univocidad y la
equivocidad. Cercana a la univocidad está la analogía de simple desigualdad,
como la que se da en “vida”, pues se puede tratar de la vida vegetativa, de
la vida sensitiva o de la vida racional. Sigue la analogía de atribución, que
corresponde al término “sano”, que ya hemos ejemplificado. Sigue la analogía
de proporcionalidad propia, por ejemplo en “el instinto es al animal lo que la
razón al hombre”, donde hay una proporción compuesta entre una y otra cosa.
Próxima a la equivocidad está la analogía de proporcionalidad impropia o
metafórico, por ejemplo “las flores son al prado lo que la risa al hombre”,
proporción por la que podemos decir la metáfora “el prado ríe”. Como se
ve, la analogía nos hace ver que hay diversas maneras de decir una cosa, y que
entre todas esas maneras hay una comunidad y una diferencia, un margen de unidad
y un margen de diversidad. Eso permite abrir el abanico del conocimiento, para
evitar simplismos y llegar a un cierto pluralismo.
En
América Latina han habido intentos recientes de teorizar que toman como
vertebración un paradigma analógico del conocimiento. Tales han sido los
argentinos Juan Carlos Scannone y Enrique Dussel, el colombiano Germán Marquínez
Argote y el mexicano Mauricio Beuchot Puente. Tanto Scannone como Dussel hablan
de la analogía en forma analéctica, esto es, un método que integra la analogía
tomista a la dialéctica, pero tratando de superar la dialéctica
hegeliano-marxista e incluso la heideggeriana. Va más allá de la dialéctica
de la totalidad, hacia la consideración de las diferencias particulares. De
esta manera se podrá dar lugar a las diferencias culturales latinoamericanas y,
sobre todo, liberar al pobre y oprimido. Ayudará
a romper las hegemonías, en las que hay centro y periferia, descentrándolas
para que haya relaciones más equitativas.
Marquínez
Argote trata de plantearse cómo se puede utilizar la doctrina de la analogía
desde América Latina. Encuentra que no puede preferirse la analogía de
atribución, porque implica una jerarquía, con la cual se puede propiciar una
desigualdad injusta, en la que hay un analogado principal y otros secundarios.
Por eso elige la analogía de proporcionalidad, que es más igualitario.
A
mí me parece que la analogicidad puede quitar muchos simplismos al pensamiento.
La aplicación de la analogía ayudará a dejar un espacio de variación a los
significados de los términos y, por ende, a los mismos juicios. Una epistemología
analógica permitirá que haya una apertura de la verdad, pero con límites.
Puede haber más de una interpretación verdadera de la realidad, pero no todas
lo serán. Hay un margen de diferencia, pero tiene límites. La misma aplicación
del bien común requiere proporción, proporcionalidad, analogía. La prudencia
y las demás virtudes a no caer ni en el universalismo ni en el relativismo,
sino buscar un pluralismo moderado.
La
modernidad fue univocista, y ahora la postmodernidad es equivocista. Es muy
necesaria la analogía, y es algo muy acorde con nuestra historia
latinoamericana. De hecho, el mestizaje étnico y cultural, sobre todo durante
el siglo XVII, y el barroco mismo, grandes aportaciones latinoamericanas, fueron
fenómenos o acontecimientos de analogicidad. Ésta se aplica al hacer reunión
en cierta universalidad, sin perder la particularidad completamente, es decir,
haciendo referencia a las diferencias particulares. Los límites de la analogía
restringen tanto la universalidad como la particularidad, de modo que no se
caiga ni en el universalismo totalitario u homogeneizador ni en el
particularismo relativista fragmentador. Esa puede ser una aportación de la
experiencia y del pensamiento latinoamericano, que ha tenido que engendrar un
pluralismo acendrado.
Beuchot,
M. “Los márgenes de la interpretación; hacia un modelo analógico de la
hermenéutica”, en M. Aguilar Rivero (coord.). Diálogos
sobre filosofia contemporánea, Asociación Filosófica de México-UNAM, México,
1995. Dussel, E. D. “El método analéctico y la filosofía
latinoamericana”, en R. Ardiles et al. Hacia
una filosofia de la liberación latinoamericana, Bonuni, Buenos Aires, 1973.
Marquínez Argote, G. Metafisica desde
Latinoamérica, Universidad Santo Tomás, Bogotá, 1977. Scannone, J. C.
“La liberación latinoamericana. Ontología del proceso auténticamente
liberador”, en Stromata, 27 (1972).
(Véase:
Analéctico).
(MBM)
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