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 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

                                                                                                                                                               ANARQUISMO

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 Filosofía política y social que postula al individuo concreto como “única” realidad, concediéndole un alto valor; aunque no puede autorrealizarse porque se halla generalmente subordinado. La realización de sus potencialidades sólo es posible en libertad; por lo tanto, debe ser libre, pues toda constricción ejercida sobre el ser humano es ilegítima.

            Anarquía, etimológicamente significa sin gobierno; no obstante, los sustentadores latinoamericanos no han tomado rigurosamente su sentido literal, ni mucho menos han concebido el sentido peyorativo (caos, desorden) con que se le ha reducido y hasta anatematizado.

            Plotino C. Rhodakanaty (1832-1885), principal introductor del anarquismo en México, al inmigrar en los primeros años de 1860 (a nivel del subcontinente bien podría ser pionero), sostiene contra los detractores que tal idea les causaba espanto, pues creían ver en su “práctica el germen de todos los horrores y desórdenes que suponen en la anarquía; otros la creen impracticable porque no se ha ensayado”. Además, concibe que la felicidad de los pueblos es factible en “la anarquía bien entendida y sistematizado”, que no en la “férula tiránica de los gobiernos...” (Rhodakanaty, 1877: 2 y 3).

            La anarquía bien entendida y sistematizado de Rhodakanaty implica, fundamentalmente, ausencia de coerción y de autoritarismo. El anarquismo latinoamericano es radicalmente antiautoritario: “las leyes y las constituciones que por la violencia gobiernan a los pueblos son falsas”. (Rafael Barret, 1910). Todo aquello que constriña y doblegue a la especie humana debe ser socavado, así sea Dios, el Estado, la Ley... Al respecto, el mexicano Enrique Flores Magón afirmaba: “nosotros no negamos que nuestros ideales sean destructores de las presentes instituciones (...) son el ariete (...) contra los muros del castillo feudal de la propiedad privada donde los sostenedores de ésta: el capital, la iglesia y la autoridad, están atrincherados “(Flores Magón, 1914: 21).

            La exacerbada apropiación del capitalismo salvaje decimonónico hará que el anarquismo latinoamericano no sólo pretenda liberar al hombre concreto, sino que adquiera un matiz nacionalista y se reafirmen el internacionalismo y el antiimperialismo propios de tal doctrina. América Latina nacía al mundo occidental bajo el signo de la dependencia, y nuevas potencias a fines del siglo XIX pretendían, de algún modo, suplantar al casi extinto imperio español; por ello, el anarquismo tuvo tanta aceptación, dándose su auge en el último cuarto del siglo pasado y en las dos primeras décadas del presente. Aceptación que se divergió en ideal de lucha de la naciente clase obrera, artesanos y campesinos. Los trabajadores, sometidos tanto al dominio interno de oligarquías locales como al externo del imperialismo capitalista, vieron en tal doctrina, antes que en ninguna otra, una opción de libertad; así, el anarquismo dio un impulso importante al desarrollo del movimiento de trabajadores del campo y la ciudad de la lucha de clases.

            La propagación del mismo se dio combinada con matices liberales, religiosos, nacionalistas; incluso, hubo casos de confusión al utilizar indistintamente el término socialismo, o sea, se emplearon términos como “libertario” para el anarquista, o “de estado” o “autoritarios” para marxistas. No obstante, el anarcosindicalismo y el anarcocomunismo fueron predominantes.

            El principal exponente del anarcocomunismo fue Enrique Malatesta, su influencia es importante y comienza desde su arribo a la Argentina en 1885; de hecho, la inmigración europea constituye una afluencia importante para el desarrollo del anarquismo latinoamericano.

            En México, es indiscutible la acción anarcocomunista; a través de una lucha bien orquestada, precursó (1906) y sostuvo activa en los años cruciales (1910-1914) la primera revolución del siglo XX: la Revolución Mexicana de 1910. El lema de la misma: “Tierra y libertad” provenía del anarquismo ruso; aquí también fue crucial la influencia de Kropotkin y Bakunin. Otros autores favoritos fueron: Proudhon, Fauré, Antonio Lorenzo y Elíseo Reclus.

            El anarcocomunismo embonó de manera natural en este subcontinente agrario. Al anarcosindicalismo correspondió organizar al incipiente obrero y al artesano; además, tuvo el privilegio de haber sido el iniciador de la sindicalización de los campesinos.

            Desde el Río Bravo hasta Tierra de Fuego y el Caribe, la presencia de la teoría libertario ya “latinoamericanizada” se hará patente oponiéndose al “darwinismo social” y a la filosofía positivista, justificadores de regímenes dictatoriales y excluyentes como el porfiriato en México o el del general Roca en la Argentina. En oposición al rubenismno afrancesado o modernismo surge una prolífica literatura anarquista. La mentalidad libertario produjo al menos tres grandes adalides: Ricardo Flores Magón (México), Manuel González Prada (Perú) y Rafael Barrett (Uruguay, Paraguay y Argentina).

 

            Aguirre B., Gonzalo. Ricardo Flores Magón. Antología, UNAM, México, 1972. Barret, Rafael. “Mi Anarquismo”, en Viñas, David, Anarquistas en América Latina, Ed. Katún, México, 1983. Cappeletti, José Ángel. Hechos y Figuras del Anarquismo Hispanoamericano, Ed. Madre Tierra, Madrid, 1990. Flores M. Enrique. “Por qué somos anarquistas”, en Frente al enemigo, Antorcha, México, 1988. Ortiz Castro, Ignacio. Pensamiento y obra de Plotino C. Rhodakanaty, Tesis de licenciatura en Filosofía, UNAM, México, 1983. Rhodakanaty, C. Plotino. “Regeneración social”, en El Combate, (México),  núm. 484, 8 de agosto 1877.

 

        (Véase: Antiutopía y Anarquismo mexicano, Dignificación, Egoísmo consciente, Eutopia, Utopía y Anarquismo mexicano, Utopista y Anarquismo mexicano).

 

(IOC)