ANTIUTOPÍA Y ANARQUISMO MEXICANO. Es la reacción, consciente o inconsciente, que tiene como objeto la conservación y reproducción del sistema económico-político-social. En su analogía entre el campesino y el utopista, Flores Magón, simultáneamente, detecta la antiutopía o contrautopia:

 

La tierra recibe con cariño. El cerebro de las masas humanas rehúsa recibir los ideales que en él pone el sembrador. La mala yerba, las malezas representadas por los ideales viejos, por las preocupaciones, las tradiciones, los prejuicios, han arraigado tanto, han profundizado sus raíces de tal modo y se han entremezclado a tal grado, que no es fácil extirparlas sin resistencia, sin hacer sufrir al paciente. (Flores Magón, 1910: 18 y 19).

            ¿A qué se debe que “La simiente-ideal” o utopía no se desarrolle exuberante? Lo atribuye a “la mala yerba”, a “las malezas”. Respecto al campesino, sería la maleza con que se encuentra plagada la tierra antes de echar la semilla y el yerbajo que crecerá después y quitaría a la planta substancias para su desarrollo. Para el utopista, la antiutopía son las malezas que están representadas por los “ideales viejos”, costumbres, prejuicios, instituciones, etcétera, que no es fácil “arrancar” por estar tan enraizadas incluso, tales raíces se han entremezclado y se vuelven más resistentes y por lo mismo la tarea de “desyerbar” o de “desenraizar” la “mala yerba” es más difícil y no sin riesgo de “hacer sufrir al paciente”. Es decir, arrancar la antiutopía del cerebro de los seres humanos es labor pesada y penosa.

            ¿Esas “malezas” son las diversas ideologías que hay en la sociedad y esa “mala yerba” es la ideología dominante o superideología? Podría aceptarse así. Contra las ideologías y la “gran” ideología tendrá que enfrentarse “la simiente-ideal” o la utopía, en un medio de antemano desfavorable para su sembrado, su cuidado y cosecha. Y, si “la simiente-ideal está dotada” de gran “vitalidad”, de “vigorosa potencia” que logra “brotar”, las malezas están ahí para aprovechar “los jugos”, las substancias benéficas, por ello logran enraizar con mucho trabajo “las ideas nuevas”.

            Los ideales nuevos no arraigan fácilmente, de ello habrá que estar consciente, para asumir una actitud realista. Ese realismo que hay en el pensamiento anarquista mexicano lo aleja de caer en la ingenuidad; la contrafuerza de la antiutopía hace que la concretización de la utopía sea relativa y no absoluta; en este sentido, podemos hablar de un relativismo utópico.

            Esa antiutopía: las diversas ideologías (las malezas) y esa gran ideología (la “mala yerba”) están plasmadas en “las instituciones que son conservadoras”. Se manifiestan en “el cerebro de las masas” que se resisten por lo general a los nuevos ideales y por eso son “conservadoras” también; de tal manera, hay una “actitud conservadora” de la misma sociedad; así, puede verse que antiutopía es conservadurismo.

            Para Flores Magón, el movimiento histórico de la sociedad siempre ha sido acción-reacción, revolución-contrarrevolución o utopía-antiutopía o bien utopistas-antiutopistas. La utopía una vez concretizada, con el tiempo, se vuelve status quo (antiutopía), el cual es defendido por “los hombres serios” (antiutopistas) de ese momento histórico; a tal antiutopía emerge otra utopía (con sus utopistas) cuestionándola y presentándola como alternativa posible.... De tal modo, si la antiutopía es conservación, la utopía es irrupción que se torna conservación o antiutopía... Así, Flores Magón afirma: “los hombres ‘serios’ (antiutopistas) se escandalizan al oír nuestras palabras; los timoratos y los hombres ‘serios’ (antiutopistas) de mañana las aplaudirán...” (Flores Magón, 1910: 8). Visto así, la historia humana se mueve de modo dicotómico: utopía-antiutopía; de ahí que acepte la tesis de Carlos Malato: “Todo hombre es a la vez el reaccionario de otro hombre y el revolucionario de otro también” (Flores Magón, 1889: 8).

            La antiutopía representa obstáculos ideológicos, difíciles si se quiere, pero al fin escollos salvables. En este sentido, la antiutopía no parte exclusivamente, como se ha observado, de las clases dominantes o pudientes de la sociedad; la inconsciencia, la indiferencia, el oportunismo, etcétera, de los oprimidos pasan a reforzarla y/o son elementos que la constituyen.  Para Flores Magón la historia humana no se mueve maniqueamente: como una lucha exclusiva entre polos antagónicos, pues pueden surgir utopistas y conservadores tanto de un lado como de otro; en cualquier clase social se encuentran inconscientes, oportunistas, esquiroles, actitudes lacayas, conformismo, pasividad, rebeldía, deserciones, traiciones, etcétera.

            Pueden existir simultáneamente varias utopías, pero llega el momento en que sea una la “representativa”, por ser la que mejor plasme los intereses y aspiraciones de la gran mayoría de la población (consenso), hasta rechazar a la minoría dominante. A esa acción “representativa” (utopía) le surge una reacción también representativa (antiutopía): “El miedo a lo desconocido entra con mucho en la resistencia... a los ideales nuevos...” implementada por la frase que “anda de boca en boca”: “vale más malo por conocido que bueno por conocer”. Son amargos los frutos de las viejas ideas (1910).

 

            Flores Magón, Ricardo. “Sembrando”, en Artículos políticos 1910, Antorcha, México, 1988. Malato, Carlos. Filosofía del anarquismo, Ediciones Jucar, España, 1978.

 

        (Véase: Utopía y anarquismo mexicano, Utopista y anarquismo mexicano).

 

(IOC)