Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamerican

 ARRAIGO

 

. Comúnmente se entiende por “arraigo” la cualidad de permanecer, de establecer raíces en el lugar de origen, de conservar, afianzar tradiciones y valores propios. El “descastamiento” se ha visto como lo contrario: el negar o renegar de lo propio.

            En el contexto latinoamericanista y en el especial de Alfonso Reyes (1889-1959), autor en quien nos basaremos para tratar este concepto, la noción de “arraigo” debe relacionarse con otras categorías fundamentales para la filosofía latinoamericanista, tales como universalidad y descastamiento.

            Los términos aludidos forman parte de las reflexiones que Reyes, como ensayista y filósofo de la cultura, dedica a los temas americanos, sobre todo en sus años de madurez y finales de 1930 a 1959.

            En Última Tule (1942), Reyes describe el sentido de América y de su historia bajo un sentido utópico que preside toda su trayectoria, sentido que la hace ser presentida antes que ser descubierta. En su relación con Europa, América se postula como una imperiosa necesidad, se da a imaginar en el orden teórico a manera de utopía, de repúblicas perfectas, a las que “pudieran servir de asilo las nuevas regiones promisorias”, y se da, asimismo, en el orden práctico, al plantear empresas de ensanchamiento político y religioso, que no cabían ya en los límites de la vieja Europa (1942, t. XI: 57-62).

            De esta manera, América adquiere el valor de una esperanza. Su mismo origen colonial la dotó, tempranamente, de un sentido internacional, de una elasticidad envidiable para concebir el vasto panorama humano en especie de unidad y conjunto. La cultura americana, a juicio de Reyes, es la única que podrá ignorar, en principio, las murallas nacionales y étnicas. Las naciones americanas no son, entre sí, tan extranjeras como las naciones de otros continentes. Tres siglos de elaboración, un siglo de azarosos tanteos, desatados por las independencias y las nuevas organizaciones; medio siglo más de coherencias y cooperación. Tal es para Alfonso Reyes, en sus líneas generales, la senda que ha recorrido Nuestra América. De este modo, en Última Tule, ya se prefigura el tema de la universalidad de América muy cercanamente a los planteamientos de José Vasconcelos.

            Respecto al problema de la universalidad, que trae consigo la discusión en torno a la originalidad de nuestra cultura y filosofía por un lado, y del descastamiento y la imitación extralógica por otro; Reyes se refiere a la libre creación como alternativa pertinaz. Según el humanista mexicano, “la naturaleza está hecha de vasos comunicantes, y no hay que temer al libre cambio en el orden del espíritu”.

            Las únicas leyes para crear algo realmente original “deben ser la seriedad del trabajo” y “la sinceridad frente a sí mismo”. Para Reyes, lo universal no implica el descastamiento o desarraigo de lo nuestro. Así, el arraigo a lo nacional no desemboca —en el pensar de Reyes— en un nacionalismo estrecho o “jicarismo”. “Lo que yo haga pertenece a mi tierra en el mismo grado en que yo le pertenezco. Nada más equivocado que escribir en vista de una idea preconcebida sobre lo que sea el espíritu nacional”.

            Para Alfonso Reyes, las obras de arte, la filosofía misma, no son coordenadas geométricas destinadas a fijar el domicilio de su creador. “Creer que sólo es mexicano lo que expresa y sistemáticamente acentúa su aspecto exterior del mexicanismo es una verdadera puerilidad”. De acuerdo con un nacionalismo estrecho, en México no podríamos trabar conocimiento con las matemáticas, porque no hay una manera mexicana de multiplicar el dos por dos, ni puede sacarse otro producto que el universal de cuatro.

            El universalismo, en cuanto apertura hacia todas las creaciones humanas, no riñe con un genuino nacionalismo o arraigo, ni mucho menos conduce al descastamiento. Alfonso Reyes pensaba que, ante la serie de disyuntivas que se le proponen, el pensador latinoamericano afirma su repugnancia por las segregaciones étnicas, su afinidad con Europa y su universalidad humana, equilibrando naturalmente este internacionalismo con un poderoso arraigo en la tierra y en los problemas inmediatos (1942: 132-133).

            Cuando en 1936 se reunió en Buenos Aires un grupo de pensadores para establecer un intercambio de ideas acerca de las relaciones entre las culturas de Europa y América Latina, Alfonso Reyes retoma el tema de la universalidad y del arraigo. Hablar de “civilizaciones americanas” o de “cultura americana” resulta equívoco, ya que nos plantea una idea de subordinación respecto a la cultura occidental, por lo que es preferible hablar de inteligencia americana, así como de su visión y su acción en la vida. Llegada tarde al banquete de la civilización europea, América vive saltando etapas, apresurando el paso y corriendo de una forma a otra, sin haber dado tiempo a que madure del todo la forma precedente (1978).

            El secreto de nuestra historia, de nuestra política, de nuestra vida, están presididos por una consigna de improvisación. En esta azarosa historia surgen choques de sangre, problemas de mestizaje, esfuerzos de adaptación y absorción. Pese a todo, la laboriosa entraña de América va poco a poco mezclando su sustancia heterogéneo y de esta manera existe, actualmente, una humanidad y un espíritu americano que se hace expreso en su peculiar inteligencia. Esta inteligencia americana va operando sobre una serie de disyuntivas que la misma historia le presenta. Una de ellas es optar entre lo autóctono o lo español; otra es escoger entre lo americanista (criollo) y lo hispanista; y otra más entre lo europeo y lo norteamericano, pues las sirenas de Europa y las de Norteamérica cantan a la vez para nosotros. De un modo general, la inteligencia de Nuestra América parece que encuentra, finalmente, en Europa una visión de lo humano más universal y conforme con su propio sentir.

            Si bien la inteligencia americana tiene sus peculiaridades, o matices propios, ella está llamada a vincularse con Europa desempeñando la más noble función complementaria: ir estableciendo síntesis, aunque sean necesariamente provisionales; aplicar prontamente los resultados, verificando el valor de la teoría en la carne viva de la acción. Por este camino, si la economía de Europa ya necesita de nosotros, también acabará por necesitarnos la misma inteligencia europea. Para el logro de esta tarea, la inteligencia americana posee una facilidad singular, porque nuestra mentalidad, a la vez tan arraigada a nuestras tierras, es naturalmente internacionalista.

            En virtud de estos rasgos, “nuestra América debe vivir como si se preparase siempre a realizar el sueño que su descubrimiento provocó entre los pensadores de Europa; el sueño de la utopía, de la república feliz, que presentaba singular calor a las páginas de Montaigne, cuando se acercaba a contemplar las sorpresas y las maravillas del nuevo mundo”.

            Para el autor de Última Tule la inmediata generación todavía vivía encerrada en fatales concepciones acerca de nuestra situación y destino agobiada por un prurito de universalidad. Nuestros abuelos, según Reyes, se lamentaban de ser americanos, de estar arraigados en un suelo que no era el foco actual de civilización y universalismo sino una mera sucursal del mundo. Sin embargo esta perspectiva, afortunadamente, ha cambiado.  “Hace tiempo que entre España y nosotros existe un sentimiento de nivelación y de igualdad. Y ahora yo digo ante el tribunal de pensadores internacionales que me escucha: reconocemos el derecho a la ciudadanía universal que ya hemos conquistado. Hemos alcanzado la mayoría de edad. Muy pronto os habituaréis a contar con nosotros”.

            Gaos, José. En tomo a la filosofía mexicana, Porrúa y Obregón, 2 t., México, 1952 y 1953. Gutiérrez, Rafael. La imagen de América en Alfonso Reyes, Instituto Iberoamericano, Gotemburgo, Suecia, Madrid, 1955. Reyes, Alfonso. “Notas sobre la inteligencia americana”, en Latinoamérica. Cuadernos de cultura latinoamericana, No 15, UNAM, México, 1978. Reyes, Alfonso. Textos. Una antología General, Prol. de José Luis Martínez, SEP/UNAM, México, 1981. Reyes, Alfonso. Obras Completas, FCE, México, 1980. Reyes, Alfonso. “Última Tule”, “Tentativas y orientaciones”, “No hay tal lugar”, en Obras completas, FCE, México, 1960. Reyes, Alfonso. Antología, introducción y selección de Ernesto Mejía Sánchez. Reyes, Alicia. Biografía. México, Promexa Editores, 1979. Varios autores. Alfonso Reyes, Homenaje de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, 19 8 1.

 

            (Véase: Bovarismo nacional).

 

(GEV)