|
En América Latina, el principal instrumento de la implantación de la moral
cristiana y de un nuevo modelo de ejercicio de sí.
En el Nuevo Mundo, la confesión aparece como uno de los principales
instrumentos de la cristianización e introducción de la moral cristiana. A
través de la penitencia, los indígenas van a convertirse en un verdadero
pueblo de Dios, entran al corral del Señor (Motolinía, 1971: 129). A partir de
los años sesenta del siglo XVI surgen los confesionarios hispanoamericanos,
redactados en latín, castellano y lenguas indígenas. Sus destinatarios son los
confesores y los penitentes indígenas. Basados en la teología moral europea e
hispanoamericana, los confesionarios pretenden abarcar la totalidad de la vida
de los indígenas; desde los residuos de los cultos prehispánicos hasta los
pormenores de la actividad económica.
Según Serge Gruzinski –que sigue la interpretación de Foucault–, la
confesión plantea un nuevo modelo de la relación del individuo consigo mismo
(Gruzinski, 1985). “Es muy necesario conocerte y tenerte por pecador, si
quieres que se use contigo de misericordia” (Motolinía, 1972: fs.3vº-4). El
reconocerse como pecador lleva a la angustia por haber ofendido a Dios, que sólo
puede ser curada por la autoacusación, el perdón y los actos de penitencia
(Gruzinski, 1985: 204-207). Según Gruzinski, en América Latina la confesión
participó en el proceso de la aculturación; en cambio, para Eduardo Subirats,
el sacramento de la penitencia destruyó la esfera autónoma de la vida de los
indígenas; sin embargo, no logró implantar eficazmente el nuevo modelo de la
subjetividad (Subirats, 1994: 155-174).
Las interpretaciones de Gruzinski y Subirats prescinden del análisis de
la práctica y del verdadero alcance del sacramento de la penitencia; ignoran,
también, el contexto teológico. A fines del siglo XVI, Juan Bautista (1555
ca.-1613) denuncia el fracaso de la confesión en la Nueva España: los indios,
a raíz de su “ignorancia invencible”, no son capaces de un examen de
conciencia preciso ni del verdadero arrepentimiento; no saben discernir entre
pecados veniales y mortales (Juan Bautista, 1600. fs. 1-5). El discurso en torno
a la confesión, surgido de la práctica pastoral, produce un saber particular
sobre el indio; un “saber menor” distinto de los saberes teológico y
“etnológico”. El estudio del sacramento de la penitencia permitiría
replantear el problema de la cristianización en términos de cambio de la
“tecnología del yo”; permitiría, también, averiguar hasta qué punto el
examen de la conciencia cristiana penetró en el alma indígena.
En este momento es conveniente hacer un análisis genético del término
confesión, pues su origen se remonta a los inicios del cristianismo. La confesión
auricular surgió originalmente en el cristianismo monástico como una de las
formas de la ascesis cristiana. En los siglos VII y VIII fue adoptada por todo
el Occidente cristiano. En 1215, el Concilio IV de Letrán instaura la obligación
de la confesión anual para todos los fieles. Según Tomás de Aquino, este
precepto tenía tres objetivos: “procurar que cada cual se reconozca pecador,
pues ‘todos pecaron y necesitan la gracia de Dios’, y que se reciba la
Eucaristía con mayor reverencia, y, finalmente, que los superiores eclesiásticos
conozcan a sus súbditos, no sea que entre las ovejas se esconda algún lobo”
(Tomás de Aquino, 1957: 274). En el concepto tomista, la confesión aparece
como un instrumento de control de la grey, así como también el lugar de la
constitución del “yo”. El penitente se ve obligado a una constante
dilucidación de su pasado a través de una red interpretativa impuesta por la
pastoral: “La vida pasada y mortal del hombre constituye el objeto de la
penitencia, no bajo razón de pena, sino por la razón de culpa que lleva añeja”
(Tomás de Aquino, 1957: 34). Tomás subraya también la afinidad de la confesión
con el proceso jurídico (Tomás de Aquino, 1957: 276). El sacramento de la
penitencia es definido como una especie de justicia en tres sentidos: primero,
la justicia que ejerce el penitente sobre sí mismo; segundo, la justicia divina
que actúa a través de la Iglesia; finalmente, se trata de la justicia ejercida
por la Iglesia mediante su poder eclesiástico sobre los fieles.
Según Michel Foucault, la introducción de la confesión anual estaba
ligada a un proceso más amplio: en el siglo XIII los procedimientos jurídicos
del juicio de Dios quedan sustituidos por las prácticas de interrogación
(Foucault, 1992: 79-88). La confesión se encuentra en el corazón de nuevas prácticas
para establecer la verdad. Foucault entiende la confesión como la “tecnología
del yo” más importante del cristianismo (Foucault, 1991: 45-94), el ejercicio
de sí se dirige hacia el desciframiento de la parte oculta de la conciencia,
fuente posible del pecado. Mediante la interpretación de los pecados y de la
autoacusación, el penitente rechaza a su propio “yo”. Foucault analiza
también la confesión como el lugar de emergencia del saber sobre el sexo
(Foucault, 1995: 25-92).
A partir del siglo XVI, y particularmente en el siglo XVII, la confesión
es un espacio fecundo de la teología moral (Delumeau, 1992); las controversias
se refieren a la forma válida del arrepentimiento (atrición y contrición), al
aplazamiento de la absolución y a la posibilidad de seguir una opinión moral
menos probable (el probabilismo).
Aquino,
Tomás de. Suma Teológica, t. XIV, Biblioteca de Autores Cristianos,
Madrid, 1957. Delumeau, Jean. La confesión y el perdón, Alianza,
Madrid, 1992. Foucault, Michel. La verdad y las formas jurídicas,
Gedisa, Barcelona, 1992. Foucault, Michel. La voluntad de saber, Siglo
XXI, México, 1995. Foucault, Michel. Tecnología del yo, Paidós,
Barcelona, 1991. Gruzinski, Serge. “Confesión, alianza y sexualidad entre los
indios de Nueva España”, en El placer de pecar y el afán de normar,
J. Mortiz, México, 1988, pp. 171-215. Juan Bautista. Advertencias para los
confesores de los Naturales, Melchor Ocharte, 1600 México. Molina, Alonso
de. Confesionario mayor en la lengua mexicana y castellana, suplementos
al Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, núm. 7, México,
1972. Motolinia, Toribio de Benavente. Memoriales, Instituto de
Investigaciones Históricas, UNAM, México, 1971. Subirats, Eduardo. El
continente vacío. La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna,
Siglo XXI, México, 1994.
(MZ)
|