Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

 CONTRAPODER

 

 

. El término debe entenderse, para los fines de la nueva filosofía de la historia latinoamericana, con el significado crítico de enjuiciamiento sistemático del fenómeno del poder en el marco de las luchas sociales por la libertad, la justicia y los derechos humanos.

            Al comenzar recientemente el uso informal del término, hasta en el título de una obra de Florestan Fernandes, se presenta como una de las categorías dobles, en unión con su opuesto aparente, que se inserta en el curso/discurso para tratar de esclarecerlo.

            Lo que se pone en juego, en el duplo poder/contrapoder, son los aspectos represivos del poder, ya que en las restantes acepciones puede desempeñar una función positiva “como factor interno del desarrollo social”, en cualesquiera de los “referentes conocidos del poder, sea familiar, religioso, político o económico” (Galbraith, Anatomía del poder).

            Con lo anterior, se matiza bastante la contraposición poder/contrapoder, lo cual ocurre también con los duplos restantes, con ello se evita la tendencia a convertirla en una polaridad absoluta. En mi libro Tiempo de Bolívar, un enfoque metodológico de esta naturaleza sirve para justipreciar a Bolívar, a pesar de la dictadura, como un hombre de contrapoder al igual que Las Casas.

            Esto produce un rendimiento elevado respecto a los problemas de mayor envergadura en la actualidad, sobre todo en relación con la dupla moral/política.

            A partir de la modernidad, la maquiavélica Razón de Estado integró el sistema de la razón instrumental cuyas piezas han servido para la configuración de nuestra época, pero no son todas igualmente legitimables. Una de éstas es la razón de estado que conduce directamente a la problemática de poder/contrapoder y moral/política, categorías dobles que se dan en la órbita de las ideas, mientras que la razón de estado es un hecho que asumiera Maquiavelo con toda tranquilidad para el orden de las ideas.

            Su mejor expresión se encuentra en el famoso apotegma “el fin justifica los medios”, que se ufana de su carácter contrario a los principios éticos y no sólo al moral. Esto se percibe al recordar el papel ético (válido para la moral pública y la privada) del respeto a los demás y la insistencia kantiana en tratarlos como fin en sí mismos y no como medios para obtener algo, lo cual es negado sistemáticamente por la práctica inspirada en el apotegma. Éste da lugar a una relación de poder político que establece entre destinadores y destinatarios (o sea, entre gobernantes y gobernados) una comunicación unilateral, desigual, asimétrica, deficiente, no sólo como relación comunicativa sino también como relación humana, ya sea en el plano institucional o en cualquier otro.

            El apotegma no resiste la evaluación, con miras a un balance ético, de una filosofía de la historia aguda y perspicaz; atenta, por consiguiente, al desarrollo de una filosofía del contrapoder nutrida en las mejores tradiciones democráticas para culminar en la teoría y la práctica de la defensa popular no-violenta.

            Para cumplir con este objetivo, en Latinoamérica, el locus clásico puede encontrarse en el indicio del párrafo décimo del bolivariano “Discurso de Angostura” (1819), del cual se entresacan las siguientes líneas: “... casi toda la tierra ha sido, y aún es, victima de sus gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos ...”.

            La importancia de la declaración anterior aumenta por el hecho de que la hizo Bolívar, quien conoció a fondo los entresijos del poder.

 

            Sánchez M., Joaquín. Tiempo de Bolívar. Una filosofía de la historia latinoamericana 2. (Inédito). Sánchez M., Joaquín. Colón y Las Casas. Poder y contrapoder en la filosofía de la historia latinoamericana. UNAM/FFyL, México, 1991.

 

            (Véase: Filosofía de la Historia).

 

(JSM)