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 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

CREENCIA

  

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. El filósofo mexicano Luis Villoro (1922- ) utiliza el término creencia como “un concepto epistémico” que define como “un estado disposicional adquirido, que causa un conjunto coherente de respuestas y que está determinado por un objeto y situación objetiva aprehendidos”. Villoro distingue dos tipos de creencias: las “creencias básicas” que conforman el trasfondo y el supuesto de nuestro entendimiento del mundo y las creencias de las que damos razones y que se adquieren por otras creencias o por nuestra experiencia en el mundo.

            En su libro Creer, saber, conocer, Villoro analiza un conjunto de nociones fundamentales en la teoría del conocimiento y en el estudio de las relaciones entre pensamiento y las formas de dominación. Sistematiza el estudio de conceptos como “creencia”, “saber” y “conocimiento”, relacionándolos mediante motivos, causas y razones. Rastrea el significado de estos conceptos a través de su uso cotidiano, pasando por las teorías psicológicas, hasta precisarlos como “conceptos epistémicos”. En su sentido más general, “creer” significaría “tener un enunciado por verdadero” o “tener un hecho por existente”. El autor buscará el significado de creencia más allá de su definición general. Al distinguir la creencia de la “ocurrencia mental”, encuentra que términos como ‘actitud’, ‘creencia’, ‘intención’ se refieren a estados internos del sujeto (1982: 56). Para dar cuenta de ese “estado interno” del sujeto, era necesario “no buscar la creencia en el interior de la conciencia, sino en las relaciones del hombre concreto con su mundo en torno” (1982: 31), ya que la concepción de creencia como ocurrencia mental impedía su análisis al enunciarla como “un sentimiento o un acto de una cualidad especifica que ocurre en la mente de un sujeto; por tan sólo es accesible a este sujeto” (1982: 27). Define a la creencia como “un estado disposicional adquirido, que causa un conjunto coherente de respuestas y que está determinado por un objeto o situación objetiva aprehendidos” (1982: 71), considera el saber y el conocer como formas de creencia, es decir, “estados disposicionales adquiridos” que orientan la práctica del sujeto ante el mundo. Saber y conocer, formas fundamentales del conocimiento en general, se distinguirían de la creencia por ser “estados disposicionales” que estarían determinados por lo que realmente existe y no por lo que “simplemente creemos que existe”.

            ¿Por qué se cree? Villoro responde de tres maneras. Por antecedentes, que son aquellos hechos sociales, culturales, psicológicos que colocan a los sujetos en posición de aprehender. Por motivos, que es “todo aquello que mueve o induce a una persona a actuar de cierta manera para lograr un fin” (1982: 103). Por razones, es decir, por argumentos que pudieran explicar lógicamente la creencia.

            Villoro distingue dos tipos de creencia: aquélla que Ortega llama “ideas”, que “son las opiniones de las que podemos dar razones y que podríamos abandonar si éstas dejaran de convencernos” (1995: 138) y “–las creencias propiamente dichas– ...aquellas de las que no solemos dar razones explícitas pero están supuestas en todas las opiniones que tenemos” (1995: 138). Estas últimas son creencias latentes en los sujetos sin que necesariamente se manifiesten explícitamente, “son condiciones básicas de cualquier pensar sobre el mundo” (1984: 48). Villoro denominaría a las creencias latentes “creencias básicas”, que serían aquellas creencias evidentes, herederas de la sociedad en la que vive y compartidas por todos sus miembros. Para Villoro, la manera de ver el mundo y de situarse ante él estaría condicionado por un “núcleo de creencias básicas”, las cuales constituirían el “trasfondo incuestionable” y el “supuesto colectivo” sobre el que se levanta nuestro entendimiento en una época determinada o una cultura, y que condensarían lo que denomina la “figura del mundo”. Contrario a Ortega, argumenta que las “creencias básicas”, aunque no son orientadas por razones explícitas, pudieran justificarse racionalmente en un momento dado, pudiendo alterarse si no se encontraran razones suficientes para seguir creyendo en ellas. Respecto al concepto de ideología, piensa que “es necesario trazar una línea de demarcación en las creencias no científicas, entre las justificadas en argumentos que acuden a razones practicas y las que están distorsionadas por motivaciones particulares” (1993: 338-339), ya que “si ambas clases de creencias forman parte de las ‘ideologías’ ya no serviría ese concepto para orientarnos en la critica de las creencias que funcionan como instrumento de dominio” (1993: 339).

            Al final del texto Creer, saber, conocer, el autor postula una “ética de las creencias” fundada en la realización de una vida libre y racional, apoyada en la liberación de sujeciones históricas a las cuales se enfrenta el conocimiento y el ser humano.

 

            Villoro, Luis. Creer, saber, conocer, Siglo XXI, México, 1982; El concepto de ideología y otros ensayos, FCE, México, 1985; “Octavio Paz: Sor Juana y su ‘figura del mundo’“, en En México, entre libros, FCE, México, 1995; “La noción de creencia en Ortega”, en José Ortega y Gasset, FCE, México, 1984; “Respuesta a discrepancias y objeciones”, en Epistemología y cultura. En torno a la obra de Luis Villoro, IIF, UNAM, México, 1993.

 

            (Véase: Figura del mundo).

 

(GEOB)