ECLECTICISMO o FILOSOFÍA ELECTIVA. El término eclecticismo surge durante la época de los grandes filósofos griegos y en la acepción latina se denomina electivismo. En América Latina, ambos vocablos constituyen una variante de la filosofía en cuyos principios de “verdad la autoridad carece de valores absolutos y se invita al individuo a realizar razonamientos reflexivos, profundos y coherentes sobre su estado actual, para retornar aquellas corrientes filosóficas que le son propias e inherentes a su realidad natural y así permitir al individuo conocer una verdad absoluta de su circunstancia e historia presente.

            En Europa, la corriente ecléctica es divulgada a partir de la segunda mitad del siglo XVI y sus máximos representantes son: Bacon, Boyle, Wilkins, Byle, Descartes y Newton, quienes proponen un “nuevo método” para la enseñanza y divulgación de la filosofía y de las ciencias exactas, el cual consiste en la observación continua del fenómeno y su probación como hecho tangible y susceptible en el entendimiento. Si el saber es el entendimiento de la “verdad”, entonces ésta debe tener una explicación lógica con base en el uso y criterio de la razón. Este método se opone a los cánones establecidos, principalmente escolásticos, para dar lugar al surgimiento de la filosofía moderna. Aunado a esto, logra una conciliación entre las nuevas ideas y las creencias religiosas de la época.

            En América Latina, el eclecticismo surge en la segunda mitad del siglo XVII; se utiliza y amplía en los albores del siglo XIX. Desde la introducción de la filosofía moderna en América al proceso de emancipación política y mental, aparecen en la región grandes pensadores electivos: Juan Benito Díaz de Gamarra y Francisco Javier Clavijero, en México; José Agustín Caballero y Félix Varela, en Cuba; Francisco Javier de Santa Cruz y Espejo, en Ecuador, y Cayetano Rodríguez y Elías del Carmen Pereyra, en Argentina, quienes a través de su postura filosófica electiva contribuyeron a la creación de una identidad común en el habitante novohispano.

            Estos autores utilizan la filosofía ecléctica en dos niveles: a) como método de apertura para la enseñanza y divulgación de las nuevas teorías científicas y filosóficas. Esto significó una apertura para la realización de las reformas educativas en las distintas universidades de la región, en cuyo interior es notoria la presencia de la filosofía moderna de la Ilustración, el cartesianismo y el experimentalismo científico, y b) el ideológico, este nivel es el de mayor trascendencia en Latinoamérica. En el mismo siglo XVIII se sientan las bases para realizar la formulación de la toma de conciencia del racionalismo nacional. Cabe destacar que durante esta época, el ecléctico mantiene un amor entrañable a su patria y éste es tan grande que le hace destacar las virtudes de sus habitantes a través del pasado histórico. De esta manera, los escritos electivos se circunscriben en el terreno filosófico bajo los principios de fe, experiencia y razón y en el socio-político, en el reconocimiento de las virtudes humanas, donde se enaltece a la patria, se valora al indígena y se engrandece al criollo. Dichas aportaciones sirven de fundamento para el desarrollo de lo que posteriormente será conocido como el “movimiento independentista”.

            Si bien, el pensamiento escolástico y dogmático del dominio español está protegido por el criterio del autoritarismo, en el eclecticismo la propuesta filosófica se desenvuelve y busca ir más allá de la autoridad, a partir de la observación y el razonamiento de los hechos histórico-sociales. Es decir, la escisión de la unidad colonial es considerada como el factor endógeno que rechaza el sistema autoritario del dominio español. Así, “la misma reforma de los estudios y la nueva idea de la filosofía tienen por objeto crear en el hombre americano una inteligencia que no mereciendo ya el título de bárbara, lo capacite para lograr su felicidad terrenal” (Moreno, 1973: 201).

 

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(MGSJ)