Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

EGOÍSMO CONSCIENTE.

 

 Concepto creado por Práxedis G. Guerrero (1882-1910), con implicación ético-político-social, en el cual el verdadero interés del individuo concreto radica en pensar y obrar racionalmente, con el objeto de tomar conciencia de su verdadero interés como perteneciente a una clase social y en el plano individual.

            Guerrero afirma que bajo el sistema capitalista, al buscar la felicidad, muchos individuos pasan el tiempo dedicando sus fuerzas a la defensa de intereses falsos, alejándose con ello del que debiera ser objetivo de todos sus afanes y aspiraciones: “el mejoramiento individual”, y convierten “la lucha por la vida” en una “guerra feroz con el semejante” (Guerrero, 1910: 95). A nivel clase social ocurre lo mismo: los privilegiados se oponen a los intereses y emancipación de los trabajadores y se concibe como un peligro que debe ser combatido con todas las armas de la astucia y de la violencia. Es así porque no logran comprender “sus intereses verdaderos, que son los mismos para cada entidad h imana. Robar a otro el pan es poner en peligro cierto el propio sustento. Arrebatar a otros la felicidad, es echarse cadenas... pretender levantar la dicha propia sobre la miseria y el dolor de los demás, es igual a querer fortificar un edificio, comenzando por destruir sus cimientos” (Guerrero, 1910: 95). Así camina la mayoría de la gente por el mundo, conduciéndose por el principio absurdo: hacer daño para obtener provecho. Esto último podría calificarse como lo contrario: un egoísmo inconsciente.

            En la satisfacción completa de necesidades morales, físicas, intelectuales, así como en el disfrute de la vida (sin amenazas ni cargas que la amarguen) “están radicados tanto el interés particular de los individuos como el de la colectividad. Los que se opongan a ello, no sólo rompen lazos de solidaridad establecidos por la naturaleza entre la especie, sino operan en contra de sí mismos” (Guerrero, 1910: 96). Esquilmando a los otros se hace imposible el bienestar, que no puede ser duradero ni cierto en una sociedad llena de zozobra; y es así porque una sociedad que toca los extremos es desequilibrada: paupérrima ampliamente en uno de sus extremos y privilegiada minoritariamente en el otro.

            En tales circunstancias, el concepto de justicia tiene inicua representación, pues se mantienen y reproducen instituciones para perseguir inconformes y para reproducir el sistema establecido.

            Entre burgueses y proletarios, según Práxedis G. Guerrero, una ley natural los mantiene ligados a una sola tendencia: “el mejoramiento individual”; ahí estriba el verdadero interés de cada ser humano; tomando conciencia de esto, precisa obrar racionalmente, sobreponiéndose a los prejuicios de clase y dar la espalda a romanticismos, pues “Ni la Caridad, ni el Humanismo, ni la Abnegación” tienen suficiente poder como para “emancipar a la humanidad, como lo tiene el Egoísmo Consciente” (Guerrero, 1910: 96). Las clases dominantes deben entender que en momentos coyunturales críticos, la transformación del sistema es inevitable y que vale más para sus propios intereses facilitar esa transformación que oponerle resistencia reacia; así, la problemática social que agite en todos los momentos en todos los rincones del mundo perdería su aspecto de tragedia y se resolvería suavemente en beneficio para todos: expoliados y marginados obtendrían bienestar y felicidad, los privilegiados perderían con lo superfluo el temor a perderlo todo y, sin duda, son estos últimos los que mejor parte obtienen.

            Ricardo Flores Magón afirmó en 1911 que Práxedis G. Guerrero fue “el alma del movimiento libertario” en México. Efectivamente, laboró tanto con la pluma como con la acción. Internacionalmente, en 1910, fundó la “Liga Panamericana del Trabajo” que “(...) toma como campo de acción el Nuevo Continente y las Islas que le rodean, sin perjuicio de apoyar y contribuir solidariamente a los movimientos obreros de otras partes del mundo (...)” (Guerrero, 1910: 123).

            Como anarquista, admite el concepto de individualidad fundamento ético de tal doctrina. “El mejoramiento individual”, al que hace referencia, bien puede relacionarse con el “egoísmo individualista” que expone Max Stirner en El único y su propiedad (1845). También con “individualismo” expuesto por Óscar Wilde en su ensayo libertario: El alma del hombre bajo el socialismo (1891). Práxedis G. Guerrero, casualmente, coincide con Wilde. Dirá que ni altruismo ni caridad ni humanismo... son suficientes; lo único que cuenta es la individualidad, que halla su fuente en el “egoísmo consciente”. Esto viene a ser una introspección necesaria sobre lo conveniente al individuo concreto y como miembro de una clase social. Había que tomar conciencia del ser del hombre y sus necesidades, aspiraciones, etcétera, pero el camino debía iniciarse desde el mismo individuo o el “yo”. Su egoísmo consciente apunta a la extrema y excluyente sociedad mexicana de principios del siglo XX, así como a la situación latinoamericana y mundial por el expoliante y explotador capitalista imperialista de esos años.

            Tal concepto también es aceptado por Ricardo Flores Magón, quien afirma en 1922: “(...) la individualidad, lo único que entra en la construcción de la grandeza y esplendor del Universo” (Flores Magón, 1922: 184).

 

Guerrero G., Práxedis. Artículos de combate, Ed. Antorcha, México, 1984. Stirner, Max. El único y su propiedad, Ediciones Orbis, España, 1985. Wilde, Oscar. El alma del hombre bajo el socialismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1989. Flores Magón, Ricardo. “Carta a Ellen White”, en Su vida. Su obra, Editores Mexicanos Unidos, México, 1976.

 

(Véase: Anarquismo, Antiutopía y anarquismo mexicano, Dignificación, Utopía y Anarquismo mexicano).

 

(IOC)