|
.
.
Del griego ethnos: pueblo. Agrupación
natural de individuos de igual idioma y cultura. Durante mucho tiempo se le
utilizó como sinónimo de tribu. Las anteriores formulaciones de diccionario
nos ayudan a aproximarnos a una noción básica de lo que es una etnia; sin
embargo, cuando se hace referencia a lo étnico nos encontramos definiciones
como la siguiente: perteneciente a una nación o raza, problemática por la
dificultad que representa el término “raza” para conceptualizarlo de manera
científica.
Una Etnia expresa la más
grande unidad tradicional de conciencia de especie en sentido de encuentro de lo
biológico, de lo social y de lo cultural: comunidad lingüística y religiosa,
relativa unidad territorial, tradición mítico-histórica (descendencia
bilateral a través de un antepasado real o imaginario) y tipo común de ocupación
del espacio. Un grupo cuyos miembros proclaman su unidad sobre la base de la
concepción que ellos hacen de su cultura común especifica. La noción de etnia
es difícil de precisar, porque la realidad sociocultural que ella expresa
no es estática (se hace o se deshace); pero en un momento dado de la historia
ofrece rasgos más o menos coherentes.
“Lo étnico” suele
confundirse con “lo cultural”: lo propio de un grupo dotado de identidad.
Esta acepción, además de autorreferente, implica que la identidad de un grupo
era un datum inmutable y no problemático. En cambio, en otros autores,
la tematización de la etnicidad implica referentes múltiples y problemáticos.
Por ejemplo: 1) los miembros de un grupo étnico o etnia comparten la creencia
de que tienen un origen común (un ancestro común, o un lugar donde nacieron
todos sus ancestros...). Esta creencia no necesariamente se funda en
“hechos”. 2) El grupo étnico suele tener ciertos rasgos distintivos
–lenguaje, religión, vestido, artes, costumbres alimenticias,
instituciones...– que pueden ser únicos o no: lo importante es que los
perciban como propios. 3) No tiene sentido hablar de etnicidad si no existen
“otros” –los que no forman parte del grupo pero con él interactúan–;
por ello, la etnia es siempre parte de una totalidad social que la trasciende:
la sociedad política. 4) Sin embargo, lo étnico no es reducible a lo familiar
o vecinal, en el sentido que no implica un contacto continuo entre los miembros
de la etnia. 5) La etnia no se constituye necesariamente en un autor colectivo.
6) Por todo lo anterior, el contenido de las categorías étnicas sufre
variaciones situacionales, aunque, 7) las categorías mismas (los nombres
colectivos) son emblemáticos: identifican a las personas y a las colectividades
(Peña 1995: 87-88).
Últimamente se le suele
definir en relación con el Estado y la nación. En cuanto al primero, las
definiciones habituales, aunque confusas, coinciden por lo general en
describirlo como una unidad territorial controlada por un poder soberano. Se nos
dice, a lo más, que debe poseer tres características fundamentales: un
conjunto de instituciones que disponen de medios de coerción y de violencia, el
control de un territorio definido por unas fronteras y la capacidad de mantener
el monopolio de la elaboración de reglas dentro de este territorio. Se trata,
por lo tanto, de la acepción territorial y política de la palabra estado. En
lo que hace a la nación, resulta aún más difícil su definición; de la
inmensa bibliografía que existe sobre ello y que crece mucho últimamente, no
se pueden deducir unos rasgos comunes que permitan llegar a una concepción
generalmente aceptada. Con mucha frecuencia se confunde la nación con el
estado, lo cual ocurría ya en la voz “nación” de la Encyclopedie, donde
se la describe como “una considerable cantidad de gente que habita una extensión
de país cerrada dentro de ciertos límites y que obedece a un mismo
gobierno”. En una enciclopedia moderna de las ciencias sociales se le elude
definir y a ella se refiere con vaguedades del tipo de “una cierta cultura común
es indispensable y una lengua compartida muy deseable”. Ya Turgot había señalado
en 1751 a la lengua como un elemento esencial de identidad, al sostener que un
estado es un conjunto de hombres que comparten la misma lengua materna (lo cual
no es muy claro si vemos, por ejemplo, que Suiza tiene cuatro lenguas oficiales,
tres de las cuales las comparte con los estados vecinos). Como quiera que sea,
hay casos en que la etnia ha sido un fundamento de la lucha nacional, como ha
sucedido en la mayoría de los países colonizados. Pero en algunos casos de
emancipaciones coloniales ha sucedido que no todos los emancipados eran de la
misma etnia, como en Sri Lanka (con cingaleses y tamiles) o en
Ruanda (con tutsis y hutus), lo cual ha traído nuevos y graves
problemas después de la independencia. En los países latinoamericanos la
nacionalidad es por definición pluriétnica, o, según algunos, “supraétnica”
(Fontana, 1996: 1-5).
Hay también quien contrapone
“grupo étnico” con la “nación”, lo que en realidad implica una
impugnación del Estado nacional vigente. El antropólogo Andrés Medina (1993)
ha hecho notar que al hablar de “grupo étnico” se considera a la lengua
como aquello que lo caracteriza (criterio censal manejado sobre todo por las
agencias gubernamentales), y se le ha definido como “una comunidad de lengua,
de cultura y tradición, de organización corporativa interna; puede contar con
una base territorial...” (Guerrero, J. y G. López y Rivas, 1982: 40). Pero
donde el concepto adquiere una elaboración teórica extrema, con un formalismo
muy grande, es en una propuesta “teórico-metodológica” que establece una
tipología universal; en ella el grupo étnico es un sistema sociocultural
basado en una estructura de organización comunal, “...estos grupos étnicos
existen objetivamente como un archipiélago de unidades comunales o de pueblos
que poseen los elementos socioculturales comunes”; y, finalmente, “los
‘grupos nacionales’ o nacionalidades presentan ‘un complejo clasista
fuertemente diferenciado’ y se orientan a constituirse como Estado-nación autónomo
y soberano” (Díaz Polanco, 1984). En otra línea de análisis se ha buscado
fundar un discurso y ciertas reivindicaciones a partir de lo que se ha dado en
llamar “comunalidad”; es decir, el espacio significativo en términos de la
reproducción de las identidades étnicas de los pueblos indios es el de la
comunidad cuyas características se definen en “la comunalidad”, la que
tiene cuatro referentes fundamentales: la tenencia de la tierra, el trabajo, el
gobierno y la fiesta comunales. También se consideran importantes, aunque en
otro nivel, la lengua y la cosmovisión. Interesante esta propuesta porque nace
del propio movimiento indio (véase a Rendón, J. J., Domínguez, M., 1988; Díaz
Floriberto, 1992). A ello habría que agregar que la antigua comunidad agraria
en América Latina ha cambiado radicalmente con los crecientes movimientos
migratorios hacia los centros urbanos. Se ha convertido últimamente en una
entidad social y cultural mucho más sensible a las vicisitudes políticas y
económicas nacionales. En Ribeiro (1971, 1988, 1996) la etnia aparece como una
identidad dinámica extremadamente sensible a las transformaciones históricas y
en un movimiento de génesis, transfiguración y muerte o desaparición que
permite recuperar la riqueza y complejidad del fenómeno étnico. Llega a decir:
“La unidad esencial del fenómeno humano es la comunidad étnica, que es el
lugar en que el hombre se produce” (Ribeiro, 1996: 237). La evolución
terminológica ha sido importante. Hasta hace no mucho tiempo aún para los
antropólogos los indígenas eran poblaciones, sociedades y culturas, pero nunca
pueblos y comunidades. La palabra comunidad se ha empezado a emplear
recientemente. En un análisis lexicológico del término comunidad frente a la
marginación que produce la modernidad como fuerza no organizada y un capital
global omnipotente, ser marginal significa hoy ser comunitario (Pérez, 1996:
7-15). En este orden de ideas, ahora, más que hablar de etnias o grupos
étnicos se hace referencia a los pueblos indios.
(Véase: Pueblos
indios).
(JMSM)
|