Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

FIGURA DEL MUNDO

 

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. Término acuñado por el filósofo mexicano Luis Villoro, la “figura del mundo” funciona como el “supuesto colectivo” y “trasfondo incuestionable” que sostiene la mentalidad de una época o de una cultura y sobre la cual se levantan las demás creencias colectivas, actitudes, valoraciones y programas de vida. La figura del mundo es un concepto que condensa el núcleo de creencias básicas comunes a una época o cultura.

            En su ensayo “Sobre el concepto de revolución”, Luis Villoro cuestiona la vigencia hermenéutica de dicho concepto. Para Villoro, el término revolución estaría en duda como modelo explicativo, ya que “se pone en cuestión que las revoluciones hayan introducido transformaciones económicas y sociales tajantes” (Villoro, 1993a: 71). Villoro señala cómo el concepto de revolución dejaba de ser un referente explicativo de los cambios sociales, en función de la idea de ruptura, rebasado por los análisis realizados desde la perspectiva de períodos más largos. La crisis de un término fundamental para entender a las sociedades modernas ponía en duda el criterio para determinar un cambio de época, ya que los limites entre época estaban dados por las supuestas rupturas originadas a partir de acontecimientos como las revoluciones. Dice Villoro: “el fin del Imperio Romano, la caída de Constantinopla, los inicias del capitalismo, por ejemplo, han sido señalados como lindes entre épocas” (Villoro, 1993b: 43), pero no son evidencias de un cambio radical en el trasfondo de una sociedad, “son signos externos, elegidos de un modo arbitrario, para indicar transformaciones lentas y difusas cuya maduración toma mucho tiempo” (Villoro, 1993b: 43). Dar cuenta de este proceso de transformación implicaría contar con un término explicativo de mayor amplitud, que pudiera captar el proceso de transformación epocal con mayor profundidad. Villoro propone el término “figura del mundo” como alternativa para rastrear la aparición y el desarrollo de nuevas formas de ver el mundo y de situarse ante él. Villoro observa cómo la transformación que lleva de una época a otra se manifiesta en un “núcleo de creencias básicas” que cada época porta, determinando en ellas sus ideas, actitudes y programas de vida. En su ensayo El pensamiento moderno. Filosofía del Renacimiento, Villoro analiza cómo surge el núcleo de creencias básicas que daría origen a la época histórica que hoy denominamos moderna. Para Villoro, la ruptura paulatina con la figura del mundo medieval iniciaría en el Renacimiento, ya que es en ese momento en el que ciertos supuestos incuestionables para el mundo medieval comenzarían a “agrietarse”, surgiendo lenta y difusamente nuevas imágenes sobre el cosmos, el hombre, la cultura y la naturaleza. El término figura del mundo condensa el núcleo de creencias básicas comunes a una época y que determinan en ese lapso histórico la manera como el mundo se configura ante el hombre. La figura del mundo es un “marco restringido de conceptos y actitudes comunes que delimitan las diversas concepciones de una época” (Villoro, 1993b: 43), es el “supuesto colectivo” y “Trasfondo incuestionable” que sostiene la mentalidad de una época y sobre la que se levantan las demás creencias colectivas, actitudes, valoraciones y programas de vida. La duración y permanencia de una figura del mundo determinada marca también el criterio para determinar un cambio de época, “Porque una época histórica dura lo que la primacía de su figura del mundo” (Villoro, 1992: 9). Un cambio epocal puede ser captado en la medida en que el núcleo de creencias básicas de una época se transforma. Dice Villoro: “Un cambio de época es, ante todo, una transformación en la manera en que los hombre ven al mundo y se sitúan en él” (Villoro, 1993b: 43). La transformación epocal interpretada mediante la figura del mundo no podía ser una transformación radical como la supuesta por las revoluciones, porque “la nueva figura no reemplaza abruptamente a la antigua” (Villoro, 1992: 10), ya que como “una época no presenta fronteras precisas” (Villoro, 1992: 10) sólo es posible dar cuenta de su transformación mediante el análisis del proceso de cambio de sus creencias básicas, proceso que comprende un lapso muy amplio. En el caso del pensamiento moderno, éste se “construirá, consolidará y diversificará en los cuatro siglos posteriores” (Villoro, 1992: 84) al inicio de la ruptura con el mundo medieval gestada en el Renacimiento. El término figura del mundo sirve también para captar las formas de vida y las creencias básicas que detenta toda cultura, argumentando en favor de una “integración efectiva” que permita la aceptación del “derecho de las comunidades minoritarias a la diferencia” (Villoro, 1993c: 153), y que permita incorporar a su propia figura del mundo los valores y técnicas de la cultura hegemónica de manera autónoma.

 

            Villoro, Luis. “Sobre el concepto de revolución”, en Teoría, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, núm. 1, julio, 1993a. Villoro, Luis. “Filosofía para un fin de época”, en Nexos, núm. 185, mayo 1993b. Villoro, Luis. “Aproximaciones a una ética de la cultura”, en Ética y diversidad cultural, León Olivé (comp.), Fondo de Cultura Económica, México, 1993c. Villoro, Luis. El pensamiento moderno. Filosofía del Renacimiento, Fondo de Cultura Económica, México, 1992. Villoro, Luis. En México, entre libros, Fondo de Cultura Económica, México, 1995.

 

            (Véase: Creencia).

 

(GEOB)