|
.
. Nada más apremiante, para el
futuro promisorio del pensamiento latinoamericano, que intentar una definición
precisa del concepto “filosofía de la Historia”. ¿Por qué? Porque en el
planteamiento adecuado se pondrá en juego la identidad propia: nacional,
“internacional” y, también, la individual, ya que el individuo mismo
protagoniza el curso histórico, aun cuando no lo sepa.
En efecto, “filosofía de la
historia”, en general, intenta responder a la triple pregunta temporal, en
relación con el acontecer social: ¿de dónde venimos, qué somos, a donde
vamos? Esto se da en su definición esencial, que se desentiende de la multitud
de definiciones inesenciales cuya abundancia sólo ocasiona confusiones.
Cada una de las preguntas
anteriores se mueve en los límites de una de las dimensiones temporales: la
primera en el pasado; la segunda en el presente y la última en el futuro. Se
está pues ante la estructura temporal de cualquier historia, sea personal o
comunitaria. La filosofía de la historia, precisamente, reflexiona acerca del
acontecer social (el cual incluye las diferentes formas de cultura) en el
pasado, el presente y el futuro de los pueblos.
Ya se habrá comprendido que el
futuro, como dimensión temporal, no es más que el dominio de los proyectos
que, en el caso de los pueblos y naciones, definirá nada menos que su
identidad. Esto último lo ha advertido Luis Villoro en uno de los artículos
importantes que integran el homenaje a Leopoldo Zea por sus 80 años.
Tiene razón Villoro. Un
proyecto es, ante todo, el ámbito donde se libra la contienda por la identidad.
De modo semejante, los individuos buscan encontrarse en la realización de sus
proyectos que ponen en obra sus prioridades, preferencias, valores. No podía
ser de otra manera: la comunidad se establece por analogía con los destinos
individuales. Y viceversa. He aquí una de las cuestiones a dilucidar por la
nueva filosofía de la historia latinoamericana cuya consolidación está aún
por verse, sin menoscabo de aprovechar siempre las investigaciones de punta,
como son las de la ontología heideggeriana sobre la estructura temporal del
“ser-ahí”.
Una definición de filosofía
de la historia que asuma la cuestión ontológica de la temporalidad reviste una
triple importancia: 1) servirá de cauce adecuado o idea regulativa en diversas
actividades teóricas y prácticas; 2) estará en condiciones de rendir óptimos
frutos al atender el enfoque “antropológico”, seminal, de Kant en la célebre
introducción a sus Lecciones de Lógica, donde refunde los problemas clásicos
de la filosofía en la cuestión “¿qué es el hombre?”; 3) la definición
es un indicador para distinguir qué es y qué no es la filosofía de la
historia, lo cual le confiere un valioso uso académico al enfrentar textos con
el método conveniente. Piénsese, por ejemplo, en lo que gana el género
utopista considerado bajo esta luz, género en el cual entran muchos marxistas
latinoamericanos, desde luego, pero también las filosofías de la liberación,
e incluso, La raza cósmica de José Vasconcelos.
Al generarse la propuesta como
un producto de la reflexión acerca de la historia latinoamericana, siguen sumándose
las ventajas. En efecto, las filosofías de la historia acostumbradas, tanto en
Occidente como en el Oriente, han tenido un carácter especulativo, en lo
fundamental. Incluso las marxistas, a despecho de su engañoso economicismo, o
quizá por éste, precisamente, no respetaban sus referentes, o sea la unidad de
teoría y praxis, sometiéndolos al lecho de Procusto de un supuesto dogma
formulado para mantener el dominio totalitario. Una propuesta de esta clase
contribuirá a desbrozar el terreno que se hizo intransitable.
El enfoque de temporalidad
suministra las condiciones para el desarrollo de una filosofía de la historia
concreta, empírica, sustentada en la matriz “curso/discurso” que genera
categorías fundamentales como poder/contrapoder. Por curso se entiende el de la
historia con las épocas o tramos necesarios. En el caso de la latinoamericana,
v. gr., descubrimiento (si se acepta que antes hay historia, pero no
latinoamericana), Conquista, Colonia, Independencia, etcétera. Discurso es el
de los decisores con las sociedades correspondientes que moldean y los moldean.
El análisis ceñido de tal discurso ha comenzado a intentarse en mis libros,
para las épocas de descubrimiento, Conquista e Independencia, constituyendo una
buena forma de documentar las propuestas de una filosofía de la historia
latinoamericana de base empírica.
Cerutti Guldberg, Horacio. Filosofía
de la liberación latinoamericana, Fondo de
Cultura Económica, México, 1992. Dussel, Enrique. Filosofía de la liberación,
Asociación de Filosofía de la Liberación, México, 1989. Mires, Fernando.
El discurso de la indianidad, DEI, San José de Costa Rica, 1991. Sánchez
McGrégor, Joaquín. Colón y Las Casas. Poder y
contrapoder en la filosofía de la historia latinoamericana. UNAM/FFyL,
México, 1991. Sánchez McGrégor,
Joaquín. Tiempo de Bolívar. Una filosofía de la
historia latinoamericana 2, en prensa.
Vasconcelos, José. “La raza cósmica, Misión de la raza iberoamericana”,
en Obras Completas, Libreros Mexicanos Unidos, México, 1958, t. 2.
Vasconcelos, José. “Indología (una interpretación de la cultura
iberoamericana)”, Op. cit., t. 2. Zea, Leopoldo. Discurso desde la
marginación y la barbarie. Fondo de Cultura Económica, México, 1990. Zea,
Leopoldo. Filosofía de la historia americana, Fondo de Cultura
Económica, México, 1978.
(Véase: Contrapoder).
(JSM)
|