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Tendencia filosófica europea que considera al hombre y la realidad como
historia y, por extensión, a todo conocimiento como histórico. A tal definición
debe agregarse la importante reflexión de Heidegger que precisa al historicismo
como una posición donde la historicidad, la temporalidad, del hombre es
fundamento de lo histórico. El historicismo tuvo profunda repercusión en
nuestra América; fue el instrumento que ayudó por conducto del conocimiento
del pasado a forjar un filosofar auténtico latinoamericano.
El
filósofo uruguayo Arturo Ardao (1912) dibujó con claridad los perfiles del
historicismo a partir de su influencia en América:
El
historicismo, en su esencia, proclama, la originalidad, las circunstancias de
tiempo y lugar; y refiere a esas mismas circunstancias el proceso de su
actividad constituyente. Por esa vía América se descubre a sí misma como
objeto filosófico. Se descubre en la realidad concreta de su historia y de su
cultura, y aún de su naturaleza física en cuanto sostén, contorno y condición
de su espiritualidad (Ardao, 1968: 124).
La asimilación que en América Latina se hizo del historicismo no
obedeció a una moda intelectual fortuita, sino a la necesidad del hombre de
esta región para comprenderse y revalorizar sus productos culturales e
intelectuales, ello a partir de verlos como resultado de su peculiar
desenvolvimiento histórico, lo cual permitió apreciar que, pese a la
yuxtaposición de factores foráneos, en ese desenvolvimiento histórico
preexiste una dimensión propia y de originalidad en su hacer espiritual. El
historicismo conlleva, por tanto, un proceso de reconstrucción de la
trayectoria y sentido cultural del continente. Y dada la índole filosófica de
esta tendencia se hace hincapié especialmente en la reconstrucción de la
evolución filosófica latinoamericana. El historicismo tiene como supuesto
primordial el que la historicidad del hombre, y con él su pensamiento filosófico,
tiene una estrecha unidad con las estructuras histórico-sociales que lo
enmarcan. Así, las ideas filosóficas tienen una textura histórica a la que
puede accederse desde la comprensión de la circunstancia concreta que en su
gestación o adopción las han rodeado. Cada idea filosófica manifiesta una
vivencia humana que tiene un valor particular e intransferible dentro del
devenir cultural de las sociedades. Este supuesto del historicismo que remarca
la conexión de hombre, pensamiento y circunstancia fue el basamento sobre el
que erigió el proyecto continental de la historia de las ideas.
Los antecedentes del historicismo pueden rastrearse desde la centuria
pasada en el momento que el argentino Juan Bautista Alberdi (1810-1884) se
planteó el problema sobre el carácter y autenticidad de la filosofía
americana en sus “Ideas para un curso de filosofía contemporánea”, curso
impartido en Montevideo (1840). Del romanticismo alemán, Alberdi recuperó la
exaltación de lo concreto e individual, el acentuamiento en los particularismos
y la valoración de la experiencia histórica en su originalidad irrepetible. A
partir de esto Alberdi hizo el primer llamado a formular la autonomía filosófica
americana. El historicismo germano en su vertiente hegeliana sirvió al ideólogo
cubano Rafael Montoro (1852-1933) para vislumbrar una gradual independencia de
Cuba respecto a España. Montoro afirmaba que ningún esfuerzo violento podría
conducir a la liberación de la isla, ésta tendría más bien que realizarse
sin precipitaciones, sujetándose a las leyes dialécticas de la historia que
encarnaban en el Estado español que seria el encargado de la superación. Otro
canal de difusión del historicismo fue el marxismo, el cual fundido en las
ascendentes tendencias socialistas e, incluso, como en Argentina con el
evolucionismo spenceriano alcanzó notable influencia entre algunos sectores
trabajadores e intelectuales. Desde una posición opuesta el historicismo de
Oswald Spengler, plasmado en su famoso libro La decadencia de Occidente (1917-1922),
tuvo notable impacto en América Latina después de la Primera Guerra Mundial.
El mensaje historicista de la obra spengleriana subrayaba que la cultura
occidental era igual y una más entre otras, pero esa cultura había llegado a
la fase de su decadencia. Tal mensaje coincide con el emergente ideal
universalista de la cultura latinoamericana expresado en el libro de José
Vasconcelos (1882-1959) La raza cósmica (1948). De importancia crucial
en el periplo americano del historicismo es la obra de José Ortega y Gasset, así
como su labor de difusión de la cultura europea y, muy en particular, alemana.
La razón histórica orteguiana legitimaba una reflexión filosófica con base
en la circunstancia especifica propia. Asimismo, la editorial Revista de
Occidente fundada por Ortega dio a conocer en todo el ámbito hispanoamericano
las nuevas corrientes historicistas alemanas, representadas por Dilthey,
Scheler, Mannheim, Simmel, así como las primeras avanzadas del existencialismo
con Heidegger y Jaspers, que modificaron de raíz el panorama filosófico
americano. A lo anterior se agregaron los conocimientos historicistas que de
primera mano traían los latinoamericanos que venían de estudiar en Europa.
Quienes redondearon esta etapa del historicismo, dándole a la vez un renovado
impulso a partir de 1936, fueron los exiliados (o transterrados) españoles,
principalmente en México. Varios de ellos habían sido discípulos de Ortega y
de algunos historicistas alemanes. Finalmente, después de la Segunda Guerra
Mundial el historicismo de cuño francés fue el que alcanzó mayor repercusión,
y de forma más limitada la obra del filósofo de la historia inglés, Arnold
Toynbee. Estas sucesivas etapas del historicismo se significaron como pasos en
la toma de conciencia del hombre latinoamericano de su pasado con vistas a
legitimar su reflexión filosófica presente y por venir.
Alfaro López, Héctor Guillermo. La filosofía de José Ortega y
Gasset y José Gaos. Una vertiente del pensamiento latinoamericano, UNAM, México,
1992. Ardao, Arturo. “El historicismo y la filosofía americana”, en Zea,
Leopoldo (compilador). Antología de la filosofía americana contemporánea, Costa
Amic, México, 1968. Magallón Anaya, Mario. Dialéctica de la filosofía
latinoamericana, UNAM, México, 1991. Miró Quesada, Francisco. Despertar
y proyecto del filosofar latinoamericano, FCE, México, 1974. Nicol,
Eduardo. Historicismo y existencialismo, FCE, México, 1960. Nicol,
Eduardo. El problema de la filosofía hispánica, Tecnos, Madrid, 1964.
Roig, Arturo Andrés. Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, FCE,
México, 1981. Zea, Leopoldo. Esquema para una historia de las ideas en
Iberoamérica, UNAM, México, 1956.
(Véase: Circunstancialismo).
(HGAL)
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