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 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

IDENTIDAD

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. Búsqueda y expresión de lo propio. La identidad constituye la piedra angular del pensamiento filosófico latinoamericano. Sin embargo, por paradójico que resulte, la escasa precisión conceptual del término dificulta el análisis del tema. Esta noción, tan indefinible como imprescindible, fusiona componentes objetivos y subjetivos. Establece un vínculo entre lo dado y el imaginario colectivo.

            La reflexión en torno a la existencia de una identidad latinoamericana hunde sus raíces en los movimientos de independencia del siglo XIX. La asunción, por parte de los criollos, de una alternativa política propia frente a la metrópoli, fija los antecedentes de la problemática. Ya en 1815, Simón Bolívar en su Carta de Jamaica se preguntaba: ¿qué somos: indios, europeos, americanos? Preocupación que denota las expresiones encontradas de la identidad latinoamericana.

            Estos movimientos dieron como resultado nuevos estados nacionales, los cuales, desde ese tiempo, concibieron la idea de sus nacionalidades. Mas la invención de la nación implicaba, necesariamente, un problema educativo cuyo objetivo era dotar de significado al ciudadano. Las formas como las nuevas repúblicas llevaron a cabo la transformación social requerida para dotar de contenidos específicos la idea de nación, no fueron análogas. En Argentina, Juan Bautista Alberdi (1810-1884) propuso el traslado masivo de europeos, principalmente anglosajones, para eliminar aquellos rasgos culturales propios que impedían acceder al afamado desarrollo industrial.

            Para el también argentino, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el camino que debía seguir América del Sur para no extraviarse de la civilización moderna era alcanzar a Estados Unidos, más preciso: ser Estados Unidos. En México, Justo Sierra (1848-1912) mostraba que el fondo de todo problema social o político era pedagógico; un problema de educación enfocado a la unificación de la patria.

            En las postrimerías del siglo XIX, el cubano José Martí (1853-1895) y el uruguayo José Enrique Rodó (1872-1917) señalaron de nueva cuenta las viejas interrogantes sobre la unidad continental o la cultura latinoamericana respectivamente. La oposición a la industrialización, a su modelo social y político, es el trasfondo de sus disertaciones. Sin embargo, las poblaciones indias y negras del continente siguieron excluidas de las múltiples reflexiones sobre la latinidad.

            El mexicano José Vasconcelos (1882-1959) inicia la reflexión en torno al problema del mestizaje en América Latina. La propuesta de una “raza cósmica” no era más que la búsqueda de la unidad cultural del continente basada en la síntesis de las distintas razas y culturas del mismo. La afirmación profética de una nueva raza concatena con la necesidad de constituir una filosofía propia.

            A principios de este siglo, con la crítica al positivismo en América, numerosos pensadores, atraídos por las ideas de Vasconcelos, replantean el problema de la identidad desde otros ángulos. Samuel Ramos (1897-1959), en el México posrevolucionario, inaugura el estudio del pensar filosófico desde una perspectiva nacional y autóctona. La anhelada búsqueda de la identidad adquiere tintes nacionalistas llenos de esperanzas para un México nuevo.

            Así, descubrir la esencia nacional o latinoamericana constituye en las primeras décadas del presente siglo el leit motiv del pensamiento, no sólo filosófico, de Nuestra América. Este enfoque esencializante supone un actor estático, ahistórico, anclado en el pasado, libre de toda contaminación externa; un argonauta de un tiempo homogéneo, vacío. Por supuesto, es una noción de identidad excluyente que anula la diversidad.

            En los años cuarenta, con la crisis de los valores culturales de Occidente, la añeja pregunta sobre nuestra identidad modifica sus preocupaciones. Había que dotar de significado histórico las permanentes interrogantes sobre la existencia de una filosofía, una literatura y una cultura latinoamericanas. Esta noción histórica entiende la identidad como un proceso abierto, en constante cambio, donde se incluyen las diversidades. Sin duda, ambos enfoques no pretenden ser caracterizaciones fijas. Son, a grandes rasgos, pautas para mostrar la complejidad del tema. No obstante, el problema de la identidad en América Latina sigue siendo una tarea postergada de difícil asunción.

 

            Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, FCE, México, 1993. Gracia, Jorge J. E. y Jaksic, Iván. Filosofía e identidad cultural en América Latina, Monte Ávila Editores, Venezuela, 1983. Varios autores. El problema de la identidad latinoamericana, UNAM, México, 1985. Varios autores. Ideas en torno de Latinoamérica, UNAM, México, 1986.

 

            (Véase: Mestizaje, Negritud, Pueblos indios, Racismo, Raza cósmica, Trasterrados).

 

(DRL)