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. Difrasismo
náhuatl que literalmente significa “flor y canto”. Metafóricamente
equivale a los conceptos de poesía, arte y símbolo. Los tlamatinime, sabios o
filósofos (véase: Tlamatinime),
en su afán de encontrar fundamento y raíz, se preguntaron acerca de la
“verdad de los hombres” y de la posibilidad de decir “palabras
verdaderas” en la tierra. La respuesta la encontramos en varios poemas, pero
de manera magistral en el diálogo de “La flor y el canto” y en las
reflexiones de Nezahualcóyotl.
El diálogo es parte del Manuscrito Cantares Mexicanos, realizado en
Huexotzinco hacia 1490 en el que participan Tecayehuatzin y otros tlamatinime
para aclarar el sentido profundo de flor y canto. Tecayehuatzin de Huexotzinco
(siglo XV principios del siglo XVI) pregunta si flor y canto “¿Es... quizás
lo único verdadero en la tierra?”. Ayocuan de Tecamachalco (segunda mitad del
siglo XV-principios del siglo XVI) señala que el origen divino de la poesía da
al hombre la posibilidad de decir “lo único verdadero” y el único recuerdo
del hombre en la tierra: “Del interior del cielo vienen las bellas flores, los
bellos cantos (...) ¿... he de irme como las flores que perecieron? Nada quedará
en mi nombre? ¿Nada de mi fama aquí en la tierra? ¡Al menos flores, al menos
cantos!”. Aquiauhtzin de Ayapanco (ca. 1430-ca. fines del siglo XV) afirma que
flores y canto son el camino para encontrar a dios, una invocación al Dador de
la vida, el cual se hace presente al inspirar el arte y la poesía: “Por allá
he oído un canto, lo estoy escuchando... ya te contesta desde el interior de
las flores... ¿Dónde vives, oh mi dios, dador de la vida? Yo a ti te busco
(...) Sólo el dios escucha ya aquí, ha bajado del interior del cielo, viene
cantando”. Cuauhtencoztli de Huexotzinco duda acerca de la verdad que puedan
tener el hombre y sus cantos: “¿Son acaso verdaderos los hombres? ¿Mañana
será aún verdadero nuestro canto? Aquí
vivimos, aquí estamos, pero somos indigentes, oh amigo”. Motenehuatzin de
Teupil responde que son las flores y los cantos lo único que puede ahuyentar la
tristeza: “con mis cantos, como plumas de quetzal entretejo a la nobleza, a
los señores, todos andamos en
medio de la primavera”. Nuevamente Tecayehuatzin toma la palabra y los exhorta
a alegrarse. Motenehuatzin es de la misma opinión e insiste en que flor y canto
es la riqueza y alegría de los príncipes. Por su parte, Xayacámach de
Tizatlan (segunda mitad del siglo XVI) sostiene que flor y canto son el único
medio para embriagar los corazones y olvidarse de la tristeza: “Las flores que
trastornan a la gente, las flores que hacen girar los corazones flores que
embriagan”. Responde Tlapalteucitzin que flores y cantos deleitan al hombre y
acercan al Dador de la vida: “...yo florido colibrí, con aroma de flores me
deleito, con ellas mis labios endulzo. Oh Dador de la vida, con flores eres
invocado”. Interviene Ayocuan y en función de flores y cantos elogia a
Huexotzinco porque no era una ciudad guerrera: “El timbal, la concha de
tortuga, permanecen en Huexotzinco allí
tañe la flauta, canta ”. Tecayehuatzin concluye el diálogo presentando una
idea en la que seguramente todos estarán de acuerdo, que fina y canto es lo que
hace posible la amistad: “¡Sabemos que son verdaderos los corazones de
nuestros amigos!”. Estas respuestas implican diversos atisbos, desde los más
variados puntos de vista, dirigidos a comprender el mundo maravilloso de su
propio arte prehispánico y al afán de pronunciar una respuesta capaz de dar raíz
a rostros y corazones. Por su parte el rey, filósofo y poeta texcocano,
Nezahualcóyotl (1402-1472), atormentado porque en el mundo todo es pasajero,
siente la necesidad de decir palabras con raíz para llegar
a can on ayac micohua, “donde la muerte no existe”, y lo logra
al descubrir el significado profundo de flor y canto: “Por fin lo comprende mi
corazón: escucho un canto, contemplo una flor, ojalá no se marchiten!” “No
acabarán mis flores, no cesarán mis cantos...”.
El investigador mexicano Miguel León Portilla señala en su obra La
Filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes (1956), que con la metáfora
flor y canto los lamatinime formularon “una auténtica teoría acerca del
conocer metafísica”, ya que implica un modo peculiar de conocer lo verdadero,
fruto de una genuina experiencia interior o resultado de una intuición que
conmueve el interior del hombre y lo lleva a balbucear y a sacar de sí lo que
de forma misteriosa y súbita ha percibido.
Así pues, in xóchitl in cuicatl es tal vez la única manera de decir
palabras verdaderas, es el camino a la verdad del misterio de la vida. El hombre
como artista puede sobreponerse al limite de todo lo que desaparezca, de llegar
a lo que es el fundamento de todo y a lo que dará un sentido a su existencia.
Garibay Kintana, Ángel Ma. Llave del náhuatl, Porrúa, México,
1961. León Portilla, Miguel. “Manuscrito Cantares Mexicanos”, fol. 9 v-11 v
y 16 v, en Los Antiguos Mexicanos a través de sus crónicas y cantares, FCE,
México, 1983. León Portilla, Miguel. “Manuscrito Romances de los Señores de
la Nueva España”, en El pensamiento prehispánico.Estudios de Historia de
la Filosofía en México, UNAM, México, 1963, pp. 47-53, 63-68. León
Portilla, Miguel. La Filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes, UNAM,
México, 1983. León Portilla, Miguel. Literatura de Mesoamérica, SEP, México,
1984. León Portilla, Miguel. Quince poetas del mundo náhuatl, Diana, México,
1994. Magallón Anaya, Mario. Dialéctica de la filosofía latinoamericana.
Una filosofía en la historia, UNAM, México, 1991. Suárez Alarcón, José
Antonio. “La sabiduría Amerindia”, en La filosofía en América Latina, Búho,
Santafé de Bogotá, 1993.
(Véase:
In ixtli in yóllotl, Neltiliztli,
Tlamatinime, Toltécatl).
(RNN)
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