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 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

INDIGENISTAS, POLÍTICAS

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. Se denomina así al conjunto de políticas desarrolladas hacia los indígenas por los poderes nacionales, constituidos o no en Estados nación, quienes los ven como “problema” a resolver por los no indios. Son producto del “indigenismo”, el cual no sólo ha desarrollado en la esfera del Estado, sino también en los ámbitos literario, humanitario, como portadores de protestas contra las injusticias sobre los indígenas, etcétera (Barre, Marie Chantal, 1990: 110).

            Para América Latina en su conjunto, México ha jugado un papel importante en la adopción de una serie de políticas estatales hacia los indígenas vistos como “problema”. En efecto, al final del cardenismo la antropología surgió como la proveedora de la concepción ideológica oficial: el indigenismo. Es a partir del Congreso Indigenista Interamericano, realizado en Pátzcuaro, Michoacán, en 1940, cuando el indigenismo se constituye como la ideología oficial del Estado Mexicano.

            Así, se oficializan las prácticas asimilacionistas del Estado no sólo en México, sino que éstas abarcan a casi toda América Latina.

            Pero lo anterior se refiere únicamente al actual indigenismo, aunque en realidad su génesis histórica se remonta a la época de los colonialismos español y lusitano en el subcontinente. En el caso de España, las diversas medidas adoptadas por la Corona, especialmente durante el siglo XVI, conforman los perfiles de la política indigenista del régimen colonial. Una legislación minuciosa evitó que la población indígena fuera arrasada. Pero ninguna de estas normas tenía como propósito impedir la explotación del indígena, sino reglamentaria y racionalizarla. Si bien evitó hasta cierto punto la explotación desordenada y la necia destrucción, el indigenismo colonial buscó exprimir al máximo a los pocos sobrevivientes, pues la disminución de la población indígena no significó una disminución proporcional de las exacciones. En suma: el indigenismo del régimen español en América funcionó íntegramente como herramienta del sistema colonial (Díaz Polanco, 1995: 24-26).

            El espíritu intolerante y opresor del indigenismo colonial no desapareció con la independencia. Cambian algunos de sus métodos y el discurso en que se funda. El régimen colonial parte de la desigualdad étnica, el Estado Nacional de la igualdad formal (todos son “ciudadanos”); pero en ambos casos se niega cualquier derecho a la diferencia, a la autodeterminación de los pueblos indios. Para Luis Villoro (1987) el indigenismo colonial fue “corporativista”; el del México independiente, “etnocida”, y el del siglo XX, “integracionista”. Y, en efecto, los liberales llegaron a objetar incluso el derecho de las etnias a la existencia. Las políticas indigenistas  las de la Colonia y las de los Estados nacionales por igual  han sido la negación de cualquier autonomía para los grupos socio-culturales con identidades propias. Son políticas extremadamente homogeneizadoras y devienen en carta estratégica de proyectos antidemocráticos y conservadores. Generan genocidio, etnocidio o etnofagia, o una combinación de ellos. Pueden modificar y aun complicar el cuadro de la diversidad étnica. No hay un “buen indigenismo” contra un indigenismo negativo. Habrá que colocarse fuera de la lógica de cualquier indigenismo. Los indigenismos, si bien provocaron nuevas transformaciones en la composición étnica, no lograron su meta liquidacionista.

            En el siglo XX el “problema” quedaba en manos de los modernos indigenistas de “genio integrativo”. El llamado indigenismo “integracionista” busca disolver a las etnias en favor de un estrecho criterio de unidad nacional. En todo caso la meta es la misma: eliminar las identidades étnicas. Meta de Estados monoétnicos en contra de sociedades pluriétnicas, pluriculturales y plurilingües (González Casanova, P. y Roitman R., M., coords., 1996).

 

            (Véase: Autonomía, Etnia, Indigenismo, Pueblos indios, Racismo).

(JMSM)