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. Término acuñado por el filósofo venezolano Simón Rodríguez
(1769-1854) en Sociedades americanas y con el cual marcaba su postura crítica
frente a las diversas posiciones políticas que, tras los movimientos de
independencia, intentaban romper con el pasado colonial español y asemejar a
las nuevas naciones a los modelos franceses, ingleses y norteamericanos.
Sociedades americanas se
publica en Lima en la imprenta El Mercurio en 1842. En esta obra Rodríguez
expone lo que las sociedades americanas son y lo que debían ser si asumieran su
especificidad histórica. Reproducimos el fragmento donde expone esta idea por
considerar que tanto la forma literaria como los términos que en él utiliza,
revelan la hondura del pensamiento del ilustre caraqueño:
¿Dónde
irémos a buscar modelos? ...
-La
América Española es orijinal = ORIJINALES han de ser sus Instituciones
y su Gobierno = ORIJINALES los medios de fundar uno y otro.
o
Inventamos o Erramos.
Vale la pena destacar el estilo literario del filósofo, pues éste
obedece a lo que llama la insurrección gramatical o semiológica que debía
efectuarse para complementar la independencia mental de la Colonia. Con
Inventamos o Erramos don Simón Rodríguez critica los tres errores que
en su época se intentaban impulsar desde distintas posiciones ideológicas para
acabar con el atraso general en que la Metrópoli había dejado sus colonias, a
saber: el comercio, las colonias y los cultos. Por esta razón Rodríguez, en un
tono irónico, llama a estas soluciones las enfermedades del siglo que se
traducen en: una sed insaciable de riqueza, que se declara por tres
especies de delirio
traficomanía
colonomanía
i
cultomania
La traficomanía alude a la importación de productos provenientes
de los países más desarrollados de la época, pensando que al preferir a éstas
las necesidades de los ciudadanos americanos iban a cubrirse. Rodríguez se da
perfectamente cuenta de que estas necesidades eran producto de un mercado que no
nacía de las verdaderas necesidades y condiciones de la mayoría de la población
americana. Frente a esta idea propone una revolución económica que debía
seguirse necesariamente a la independencia política ya lograda. La revolución
económica debía empezar por los campos, cruzar por los talleres y llegar a las
ciudades. El camino inverso era, a su juicio, equivocado.
La colonomanía alude a la medida que se impulsó en varias
naciones americanas decimonónicas, de permitir el libre acceso de colonos
europeos como mano de obra especializada con el fin de favorecer el desarrollo
de la industria y del campo, a manera de limpieza étnica. Rodríguez propone
frente a esta medida la colonización de América con los propios americanos,
esto es, con los indios e indias, cholos y cholas, negros y zambos, mestizos
y mestizas que componían la complejidad del tejido social del suelo americano.
La colonización de América con los propios americanos se vincula con el magno
proyecto rodriguista de la educación popular a través del cual se haría
de cada americano un ciudadano.
Finalmente, la cultomanía alude a la importación de los cultos
que en los países industrialmente avanzados acompañaban como un doble rostro
la política económica de los Estados y favorecía la laboriosidad ciudadana
que se concentraba finalmente en pocas manos.
Estas medidas no nacían de la orijinalidad de la América española
que miraba estupefacta el mercado, la industria y la religiosidad de otras
naciones sin conocer directamente las contradicciones reales en las que en-traba
este discurso liberal. Simón Rodríguez conoció de cerca, en sus 27 años de
exilio americano, las diversas realidades europeas y norteamericanas, por ellos
sabe de la esclavitud camuflada en el norte, por ellos también sabe de las
falacias escondidas de la alta cultura europea que pretendía remozar con nuevas
ideas sus edificios ya caducos, por ellos se atreve a criticar como testigo fiel
y como juez implacable los acontecimientos que marcaban el ritmo de la época y
que los nuevos grupos criollos en el poder y desde él no podían vislumbrar.
Inventamos o erramos expresa sintéticamente la crítica
derivada del ejercicio racional surgido de las realidades americanas, el desafío
por realizar la utopía en América y la condena derivada del afán imitativo
que coloca en la exterioridad del continente americano su ser. Criticando este
afán imitativo, Rodríguez afirma: “no sea que por la manía de imitar las
Naciones Cultas venga la América a hacer el papel de vieja en su infancia.”
Por ello demanda a los nuevos grupos en el poder que “imiten la originalidad
ya que tratan de imitarlo todo” y no los modelos gastados que jamás se podrían
aplicar a las complejas regiones de Nuestra América. Frente a ello, el filósofo
cosmopolita propone el destino inédito de la América española que debía
ensayarse y recrearse desde su especificidad histórica, es decir, la construcción
de un modelo adecuado al cuerpo de América, que estaba llamada por las
circunstancias a emprender una gran reforma derivada de una planeación
racional, lo cual exigía, en palabras del autor, mucha filosofía, es decir, la
filosofía como actividad racional mediadora del capricho irresponsable de
quienes pretendían borrar de un plumazo la historia de la América
independiente.
Cova, Jesús Antonio. Don Simón Rodríguez: maestro y filósofo
revolucionario: primer socialista americano: vida y obra del gran civilizador, Venezolana,
Buenos Aires, 1947. Ramírez Fierro; Ma. del Rayo. Simón Rodríguez y su
utopía para América, UNAM CCYDEL. México, 1984. Rodríguez, Simón. Sociedades
Americanas, Congreso de la República. Caracas, 1973. Versión Facsimilar,
Sociedades Americanas, Biblioteca Ayacucho, 150, Venezuela, 1990; inventamos
o erramos (Pról. Eduardo Cúneo), Monte Ávila Editores, Caracas, 1988.
Roig, Arturo Andrés. “El siglo XIX latinoamericano y las nuevas formas
discursivas”, en El pensamiento latinoamericano en el siglo XIX, IPGH.
México, 1986.
(Véase: Eutopía, Utopía).
(MRRF)
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