Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

LIBERTAD

 

 

 

. En el ámbito latinoamericanista se entiende como un imaginario de la política, que en esencia se encuentra íntimamente relacionado tanto con sus luchas por su independencia como por la defensa de sus soberanías.

            Si consideramos a la libertad como la fuerza más poderosa en la configuración de la modernidad, cabria entonces la pregunta sobre el papel que ella ha desempeñado en el amplio como complejo mapa filosófico, político e ideológico latinoamericano. Desde su nacimiento como naciones independientes, a la libertad en América Latina se le ha determinado como el valor fundante de su soberanía. En este sentido es comprensible que las primeras inquietudes libertarias se concentraran en conquistar cada entidad nacional su reconocimiento como naciones soberanas. Históricamente lo que demuestran estas inquietudes es que en Latinoamérica la cuestión de la libertad  más que ser el objeto de las disputas que pueden encerrar a un enigma metafísica o de un cuestionamiento centrado en una querella lingüística,  sea el resultado de un cierto determinismo histórico a través del cual se explica tanto al origen como al desarrollo de los estados latinoamericanos.

            Como se sabe, los proceso de independentización en todo el continente americano fueron el resultado de la gran influencia que en estas tierras tuvo la llamada “primavera liberal europea”. Fue en particular dicha influencia lo que de alguna forma determinó que los derroteros de la libertad en el continente americano quedaran marcados por una especie de cuádruple necesidad: en primer término, como la exigencia a negar toda forma de esclavitud. Cosa que por cierto dota a las nuevas naciones independientes de una extraordinaria legitimidad. Un segundo aspecto es el referido a todo ese amplio como complejo proceso de consolidación y defensa de las soberanías recién adquiridas. El tercer aspecto es el que cubre la necesidad de establecer el marco jurídico para el reconocimiento de la libertad individual acorde a la nueva realidad socio-política y económica. Por último, el cuarto aspecto se refiere a la imperiosa necesidad de establecer en nuestras respectivas realidades nacionales, al Estado de derecho. Ha sido esta opción como identificación al liberalismo lo que ha llevado también a establecer en Latinoamérica al constitucionalismo  siguiendo en particular al modelo norteamericano, como el marco de legitimidad del poder estatal y como garantía para la realización de las libertades públicas e individuales. Es esta imperiosa exigencia lo que conduce a pretender materializar en Latinoamérica el ideal roussoniano de colocar siempre las leyes por encima de los hombres.

            Es importante resaltar que en la medida en que el liberalismo latinoamericano construía el recipiente laico característico de la estabilidad moderna, la “herejía pelágina” sumada al iusnaturalismo y al jacobinismo anticlerical de nuestro siglo XIX; terminaban por echar por tierra los fundamentos ideológico políticos sobre los que se montaron los largos siglos de la dominación colonial. Con esto último, lo que se demuestra es que en tierras latinoamericanas la modernidad si bien se comprende como un movimiento de carácter progresivo consistente en la aplicación permanente de los derechos como de las libertades individuales y colectivas, se debe entender también como una permanente tensión entre la liberad negativa y la libertad positiva. Esto es, entre la independencia y la interferencia a la autonomía individual. Ahora bien, es la forma en como históricamente se plantea dicha tensión lo que obliga a pensar que el tema de la libertad entre los modernos nunca ha sido coto exclusivo del liberalismo; como es también lo que obliga a pensar que el imaginario de la libertad llega también a ser para la modernidad objeto de una oscilación consistente ésta en la necesidad de no ver al Estado solamente como si éste fuese una máquina de fuerza. Es la expresión de este carácter oscilante de la historia lo que conduce incluso a los propios liberales a reconocer al Estado del bienestar como a su homólogo latinoamericano, esto es, al Estado populista, como una estancia necesaria tanto para la promoción como para la garantía del sistema de libertades correspondiente a las formaciones sociales modernas.

            Más allá del extenso debate sobre la libertad de los modernos, es importante decir que el problema de la libertad positiva tal y como ésta se ha expresado en múltiples procesos sociales latinoamericanos, es producto del propio presupuesto como exigencia liberal de autorrealización individual. La cuestión es que para hacer posible dicha autorrealización se requiere de un conjunto de instituciones y medios que tomo mecanismos sociales contribuyan a no hacer de la libertad otro imaginario político-social que termina por convertirse en un recipiente sin contenido alguno, pues dadas las enormes asimetrías sociales que se producen en nuestra América, creemos que la llamada igualdad de condiciones no basta para que  ―a partir de ciertas retóricas de la libertad que se traducen en verdaderos juegos de estrategia ideológico-política―, en nuestras respectivas sociedades la desigualdad económica en particular tienda a desaparecer. Es aquí en donde el debate en torno a la libertad se entrecruza con el problema del Estado y sus funciones. Para determinada tradición liberal la libertad se entiende como un acto humano  ―específicamente como el acto de elegir―  que se debe realizar sin la interferencia del Estado. Es a partir de este presupuesto que se plantea que la única forma posible de garantizar la libertad como de ampliarla social e históricamente hablando, es a partir de la necesidad de reducir al Estado a su expresión mínima, permitiéndose de esta forma que la sociedad se autorregule a través del mercado. El problema aquí es de una enorme complejidad, pues si bien al parecer lo que nunca termina por tener en claro este liberalismo es sobre todo si su propia vindicación democrática implica: o bien que el Estado debe ser en exclusiva una férrea maquinaria de fuerza como última garantía que se tiene cuando se demuestra que la autorregulación de la sociedad por la lógica del mercado ha fracasado; o simplemente si el gobierno se debe limitar a ser más eficiente en proporción a la dinámica del mercado. En todo caso los términos de la confusión liberal sobre el problema de la relación Estado libertad son bastante claros, pues éstos se encuentran en la dificultad que tiene el liberalismo de poder discernir entre Estado y gobierno. Particularmente, en el caso latinoamericano el problema es más complejo que en otras latitudes del mundo, pues en la amplia mayoría de nuestros países las tesis del estado mínimo se expresa más bien como el resultado de una nueva relación de dominación. Es decir, obedece más a un ideal de libertad que se ejerce como un poder; esto es como la imposición de un modelo de desarrollo que imponen las élites tecnocráticas al conjunto de nuestras sociedades o como un poder que termina por negar en la práctica a la libertad tal y como la divulgan dichas elites, como un acto de elección individual. Estos modelos de desarrollo no son así producto ni siquiera de un mínimo consenso social; pero si el producto de la necesidad que tienen esas elites por divorciar a la política de la economía, cosa que se logra en gran medida gracias a la promoción de un desmesurado individualismo que sólo se realiza libremente a través de la reproducción de reiteradas prácticas de exclusión. La nueva doctrina de la libertad que rige en gran medida en nuestros días no es otra mas que la que mejor se ajusta a las exigencias del mercado financiero, del mercado de consumo que como una aparente serialidad social de opciones y elecciones, frente a la cual las amplias capas sociales en Latinoamérica no tendrían ninguna posibilidad de autorrealización individual, pues como ya lo hemos dicho, esta libertad se ejerce como un poder: el poder de exclusión.

 

            Bauman, Zygmunt. Libertad, Nueva Imagen, México, 1991. Berlín, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad, Alianza, Madrid, 1996. Hayek, Friedrich Von. Los fundamentos de la libertad, Unión, Madrid, 1975. Hostos, Eugenio María de. América: La lucha por la libertad, Siglo XXI, México, 1980. Morange, Jean. Las libertades públicas, FCE, México, 1981. Varios autores. Pensamiento político de la emancipación, (1790-1825), 2 vols., Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1977. Zea, Leopoldo. América en la historia, Revista de Occidente, Madrid, 1970.

 

            (Véase: Democracia).

 

(JVD)