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. Se denomina
así la lógica escolástica practicada y estudiada durante el período colonial
en América. La investigación de esta producción ha adquirido mucha
importancia en años recientes y ha mostrado el alto grado de elaboración y
sutileza de esas reflexiones.
En el México colonial (1521-1821) hubo varios lógicos muy notables. El
primer profesor de lógica en el
siglo XVI fue un fraile agustino Alonso de la Vera Cruz. Había estudiado en
Alcalá y Salamanca, con nominalistas tales como Naveros y humanistas como
Cardillo de Villalpando y Gregorio Arcisio. También tuvo a Vitoria y a Soto
como maestros; el último había integrado aspectos nominalistas y humanistas al
tomismo. Por esas razones, no es sorprendente que Alonso haya escrito una revisión
humanista de las súmulas o compendios de lógica (Recognitio Summularum, 1554),
donde también preserva muchos elementos escolásticos que eran muy útiles.
Alonso toma de sus maestros nominalistas, y de Soto, un tipo de lógica fundado
en la noción de consequentia o inferencia; así, tiene como base la lógica
de proposiciones, y como una especificación de la consequentia la logística
(que equivaldría a su lógica de predicados). En la lógica de predicados usa
la cuantificación del predicado o cuantificación múltiple, y otros
cuantificadores especiales (como los que en él encuentra Ashworth,
pertenecientes a la tradición nominalista). De sus profesores humanistas toma
algunas de las criticas a la escolástica. Así, se burla, por ejemplo, del
tratado de las obligaciones y del de las proposiciones insolubles, pero, aun
cuando no se dedica a ellos en lugares especiales, da resúmenes de ellos, en
varias partes de su obra. De los humanistas toma también el aprecio por la dialéctica
de los Tópicos y las Falacias. Tiene, por ejemplo, una notable exposición de
la falacia de petición de principio, en la que dice que no hay paralogismo, ya
que no existe vicio formal, sino material, esto es, distingue entre inferencia y
prueba (cosa que ya habían hecho Pedro Hispano y Titelman). Expone la lógica
mayor en su Dialectica Resolutio (1554).
Del mismo siglo es el fraile dominico Tomás de Mercado, en el que se
nota un tomismo muy fuerte, pero no sin pigmentaciones humanistas, que trata de
manifestar cuando expone las doctrinas sumulísticas en sus Commentarii
lucidissimi in textum Petri Hispani (1571), y las doctrinas dialécticas en
su In logicam magnam Aristotelis (1571). Conoce las principales teorías
de la lógica escolástica, aun cuando elimina algunos aspectos que venían de
los nominalistas y, además, reserva muchas cuestiones para un opúsculo sobre
argumentos que pone como apéndice a las summulae para hacer el volumen más
corto. Su insistencia en organizar la lógica en torno a los tres actos de la
mente, como se ve en Estanyol, Esbaroya y otros tomistas dominicos, en lugar de
hacerlo en torno a los modos de saber, muestra su convicción tomista. Del mismo
modo, trata de encontrar, para las doctrinas sumulísticas, alguna base textual
en Santo Tomás de Aquino. El aspecto humanista de Mercado es el trabajo que
asume de proveer una nueva traducción del texto griego de Aristóteles y de
Porfirio. Fue un buen helenista e hizo sus propias traducciones latinas de esos
textos. Asimismo, su latín es muy cuidadoso, al menos más de lo que era usual
en su tiempo. Otra muestra de la presencia del humanismo en Mercado es la
depuración que hizo de muchos temas y problemas que sobrecargaban las súmulas.
Del siglo XVII es el padre jesuita Antonio Rubio, autor de una bien
conocida Lógica Mexicana (1605), que fue reimpresa muchas veces en
Europa y fue libro de texto en Alcalá. En esta obra continúa la influencia
humanista, que le fue transmitida por Vera Cruz y Mercado, y que recibió en
Alcalá, donde había estudiado. Se centra en el texto clásico de Aristóteles;
de modo que ya no se trata de una obra sumulística, sino de un comentario al
Estagirita.
En la última parte del siglo XVIII encontramos al fraile franciscano
Francisco de Acevedo. Aun cuando escribe su lógica en 1774, cuando ya la
filosofía moderna había sido introducida en México y se había establecido
aquí, su actitud es preservar los contenidos de los filósofos escolásticos.
Inclusive, aun cuando dice que su curse está inspirado en Duna Escoto, de hecho
explica las doctrinas comunes, sin permitir la introducción de las ideas
modernas, que paree ignorar, o al menos no toma en consideración.
En cambio, el padre oratoriano Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos
publica en ese mismo año de 1774 unos Elementa recentioris philosophiae, donde
defiende la filosofía moderna. De hecho es un ecléctico, y trata de compaginar
las ideas modernas no ciertamente con las ideas escolásticas, sino con la
ortodoxia católica. Su lógica está impregnada de gnoseologismo y aun de
psicologismo, de acuerdo con el giro epistemológico de la modernidad. De las summulae
sólo quedan algunos restos, y 'la mayoría del volumen está dedicado a la
metodología y a la teoría del conocimiento, o crítica, de acuerdo con los
nuevos cánones de la modernidad. Sin embargo, es una lógica formal muy pobre,
si se compara con la gran sofisticación y competencia de lógica escolástica.
Redmond, Walter y Mauricio Beuchot. La lógica mexicana del siglo de
oro, México, UNAM, 1985. Redmond, Walter y Mauricio Beuchot. La teoría
de la argumentación en el México colonial, México, UNAM, 1995.
(Véase: Filosofía colonial, Historia
de las ideas).
(MBP)
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