Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

MAYORÍAS POPULARES.

 

 El filósofo vasco salvadoreño Ignacio Ellacuría define el concepto y realidad de mayorías populares como:

1) Aquellas auténticas mayorías de la humanidad, es decir, la inmensa mayor parte de la humanidad, que vive en unos niveles en los que apenas puede satisfacer las necesidades básicas fundamentales.

2) Aquellas mayorías que no sólo llevan un nivel material de vida que no les permite un suficiente desarrollo humano y que no gozan dé manera equitativa de los recursos hoy disponibles en la humanidad, sino que se encuentran marginados frente a unas minorías elitistas, que siendo la menor parte de la humanidad utilizan en su provecho inmediato la mayor parte de los recursos disponibles.

3) Aquellas mayorías que no están en la condición de desposeídas por leyes naturales o por desidia personal o grupal, sino por ordenamientos sociales históricos que les han situado en posición estrictamente privada y no meramente carencial de lo que les es debido, sea por estricta explotación y despojo o sea porque indirectamente se les ha impedido aprovechar su fuerza de trabajo o su iniciativa política.

            Ellacuría afirma que

bastaría con estar de acuerdo con la característica primera para aceptar que nos encontramos ante un desafío teórico y práctico de primera magnitud. Pero la urgencia ética de acción sube de grado en la medida en que aceptamos la justeza de las otras dos características. Ahora bien, esa justeza me parece en lo fundamental inapelable, aunque la correcta y completa explicación del fenómeno exija análisis y teorías discutibles (1982: 792).

  

            En su análisis filosófico, Ellacuría parte de la realidad, pero cualifica esa realidad de la que parte como definida por la realidad de miseria de los pobres (1985: 46), y aun más, llega a proclamar a estos pobres “crucificados” como “lugar que da verdad” (1985: 60). Esto fue posibilitado por la certeza ellacuriana de que la complejidad y riqueza de lo histórico obliga a replantear las ideas de la intimidad de la realidad y las categorías de acceso a ella, así como la “relación” entre pensar y ser, en donde se ve obligado a introducir los problemas de la ideología y la ideologización “en el corazón mismo del discurso metafísica” (1985: 52) enfrentándose, con la ayuda de la historización, “contra la nada con apariencia de realidad, con la falsedad con apariencia de verdad, con el no ser con apariencia de ser” (1985: 50) a fin de desvelar los fundamentos reales y verdaderos de la realidad.

            Así pudo concebir la liberación de las mayorías populares de Latinoamérica y del Sur o mundo periférico en general, conceptualizar el para qué y el horizonte de su quehacer filosófico. Buscó la constitución de una filosofía desde y para la realidad latinoamericana “y al servicio de aquellas mayorías populares que definen esa realidad por su numero y por su capacidad de cualificarla”. Nunca buscó una filosofía popularizada que pudiera ser asumida directamente por las masas para convertirla en su propia ideología liberadora. Su actitud critica lo lleva a negar la falsedad presente desideologizando (1976:12) como principio para acceder a la verdad de la realidad. Pero entendió que también hay que crear, construir, y para eso es necesario acompañar a las mayorías populares allí donde éstas quieren ir desde la lectura de sus propias necesidades.

            Para estar inmersa en la praxis de liberación, la filosofía debe relacionarse debidamente con el sujeto de la liberación. El sujeto de la liberación es idealmente el que es en sí mismo victima mayor de la dominación, el que realmente carga con la cruz de la historia, porque esa cruz es el escarnio, no de quien la sufre sino de quien la impone, y lleva en si un proceso de muerte, que puede y debe dar paso a una vida distinta. La cruz es la verificación del reino de la nada, del mal, que definiéndose negativamente como no realidad, es el que aniquila y hace malas todas las cosas, pero que en razón de la víctima negada puede dar paso a una vida nueva, que tiene caracteres de creación.

            La función liberadora de la filosofía, que implica la liberación de la propia filosofía de toda contribución ideologizadora y, al mismo tiempo, la libe-ración de quienes están sometidos- a la dominación, las mayorías populares pobres y oprimidas, sólo puede desarrollarse cabalmente teniendo en cuenta y participando a su modo en praxis históricas de liberación. Separada de estas praxis, es difícil que la filosofía se constituya como tal. Más difícil aún es que se constituya como liberadora y más difícil aún es que contribuya realmente a la liberación (1985: 63).

            Ellacuría afirma que “si en América Latina se hace auténtica filosofía en su nivel formal en relación con la praxis histórica de la liberación y desde los oprimidos que constituyen su sustancia universal es posible que se llegue a constituir una filosofía latinoamericana así como se ha constituido una teología latinoamericana, una novelística latinoamericana, que por ser tales, son además universales” (1985: 64).

 

            Ellacuría Ignacio. Filosofía de la realidad histórica, UCA Editores, San Salvador, 1990. Ellacuría, Ignacio. “Universidad, Derechos Humanos y Mayorías, Populares”, en ECA, núm. 406, San Salvador, 1982, p. 792. Ellacuría, Ignacio. “Función Liberadora de la Filosofía”, en ECA, núm. 436, San Salvador, 1985, pp. 45-64. Ellacuría, Ignacio. “Filosofía Para Qué”, en ECA, Abra, núm. 11, San Salvador, .1976, pp. 42-48. Ellacuría, Ignacio. “El desafío de las mayorías populares”, en ECA, núm. 436, Abra, San Salvador, 1990, pp. 1075-1080.

 

            (Véase: Pobre).

 

(VFG)