|
.
.
. Creencia de algunos grupos cristianos en un millenium
―período de mil años― llamado también quiliasmo,
del griego khilios = mil años, basada en un texto del libro del
Apocalipsis del Nuevo Testamento (20, 4-6), que afirma que Jesucristo, después
de su segunda venida (parusía), establecería un reino mesiánico sobre la
tierra y reinaría en ella durante mil años antes del “juicio final”.
Aunque su origen se remonta al Asia, su fase de mayor esplendor se vivió
en Europa durante la declinación del orden feudal y como creencia ha conocido
una historia sorprendente hasta nuestros días. La esperanza de la realización
plena del Reino de Jesucristo en la tierra durante mil años ha sido el motor
que ha movido ideas, hombres e ilusiones a lo largo del tiempo. La parusía
de Jesucristo suscitó la espera de una salvación a la vez colectiva,
terrestre, inminente, total y sobrenatural, que estaba ya presente en la tradición
judía y que adquiere una fuerza inusitada en la ruina de Jerusalén (70 d.C).
Según el libro del Apocalipsis, los ciudadanos de este reino serían los mártires
cristianos, quienes resucitarían para este fin mil años antes de la resurrección
de los demás muertos; sin embargo, los primeros cristianos interpretaron esta
parte de la profecía en un sentido más liberal que literal, equiparando a los
fieles sufrientes ―es decir,
ellos mismos― con los mártires
y esperando la “segunda venida” durante su vida mortal. Este movimiento
“milenarista” es recurrente en la historia del cristianismo, agravado por
situaciones de catástrofe: hambre, guerras, inseguridad, etcétera. Este
proceso, las grandes movilizaciones a que dio lugar y las imágenes a él
asociadas son el origen de las tradiciones escatológicas que serían
trasladadas a América; hoy mismo aparece amparado en la interpretación
religiosa de mormones, adventistas, testigos de Jehová y otros; así como en la
producción de una literatura pseudognóstica y apócrifa destinada al consumo
de la curiosidad y de la demanda de lectores cada día más preocupadas por lo
“maravilloso sobrenatural”. En los últimos años se ha difundido la
costumbre de utilizar la palabra en un sentido más amplio y se ha convertido de
hecho en una etiqueta convencional para referir un tipo particular de
salvacionismo. Así, los movimientos o sectas milenaristas conciben la salvación
como un hecho:
a) Colectivo, en el sentido de que debe ser disfrutado por los fieles
como colectividad.
b) Terrenal, en el sentido de que debe realizarse en la tierra y no en un
cielo fuera de este mundo.
c) Inminente, en el sentido de que ha de llegar pronto y de un modo
repentino.
d) Total,
en el sentido de que transformará completamente la vida en la tierra, de tal
modo que la nueva dispensa no será una mera mejoría del presente sino la perfección.
e) Milagroso, en el sentido de que debe realizarse por, o con, la ayuda
de intervenciones sobrenaturales.
Así, se puede afirmar que la idea del Milenio
―la instauración del reino de Dios en la Tierra―
ha ejercido un importante rol en la historia de la humanidad desde la época
de las grandes diásporas del pueblo hebreo. El Milenio ha desplegado también
su fascinación en América Latina, a partir del siglo XVI, acompañando el
descubrimiento y la conquista de los dominios americanos por los españoles; sin
embargo, el Milenio y el Apocalipsis a él asociados tuvieron vida propia en América,
ellos no fueron la simple repetición del proceso vivido en Europa. El choque
con una realidad tan radicalmente nueva como la de la América descubierta por
Colón no podía dejar de modificar profundamente las viejas tradiciones
heredadas de las fuentes antiguas: el Antiguo Testamento, las profecías
sibilinas, la Cábala hebrea ―primero― y la cristiana
―después―. En la transformación de las concepciones
milenaristas en América jugó un rol fundamental en el encuentro de los hombres
americanos: los “indios” descubiertos en el nuevo continente, lo que condujo
a la formulación de la idea por algunos de los más influyentes profetas del
milenarismo cristiano en América, de que los indios descendían de los judíos
del Antiguo Testamento y que su reaparición en la historia era el anuncio del
fin de los tiempos. Los indios judíos, redescubiertos luego de vagar perdidos
durante milenio y medio, eran la señal que Dios enviaba a la humanidad de que
el retorno del Mesías estaba próximo y de que había que preparar el camino
para la instauración de su reino en la tierra. Estas ideas jugaron un papel muy
importante en la construcción de la imagen del indio y cabe preguntarse hasta
qué punto no siguen ejerciendo ―transfiguradas
de muy diversas maneras― alguna influencia en la historia presente. La
escatología milenarista estuvo presente en el desarrollo de la empresa
colonizadora de América desde sus inicios. Algunos autores, como J. L. Phelan y
Georges Baudot, afirman que el proyecto de evangelización de los religiosos
franciscanos para América Latina puede ser catalogado como milenarista,
afirmación que fundamentan al decir que dichos religiosos acogieron las ideas
de Joaquín de Fiore y al depositar sus esperanzas en la edificación de un
reino milenario en América; sin embargo, parece que tales afirmaciones tienen
su origen en una confusión al no distinguir con claridad entre milenarismo y
escatología cristiana. Sea lo que sea de todo esto, lo que sí se puede afirmar
es que el milenarismo en sus varias facetas ha estado presente en América
Latina desde los inicias de la colonización.
Baudot, Georges. Utopía e Historia en México. Los primeros cronistas
de la civilización mexicana (l520-1569), Espasa Calpe, Madrid 1983. Cohn,
Norman. En pos del Milenio, Alianza, Madrid, 1994. Phelan,
John Leddy. El reino milenario
de los franciscanos en el Nuevo Mundo, UNAM,
México, 1972.
(MASO)
|