Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

 NELTILIZTLI.

 

 Vocablo náhuatl que etimológicamente connota “la cualidad de estar siempre, bien cimentado o enraizado”. Equivale al concepto de “verdad”.

            La honda experiencia de la fugacidad universal de las cosas orientó el pensamiento de los tlamatinime, sabios o filósofos, a indagar sobre el problema de “qué es lo verdadero”, es decir, buscar fundamentación y raíz del hombre y del mundo. Por tal razón se preguntaron acerca de la verdad de los hombres y de la posibilidad de decir palabras verdaderas que introduzcan raíz en las personas. El sentido de estas interrogantes apunta a indagar si el hombre tiene cimiento, algo firme y bien enraizado y a la posibilidad de decir palabras que den raíz al corazón y a la oculta raíz del Topan Mictlan: lo que está sobre nosotros, la región de los muertos, a las cuales responden que la verdad del hambre, la raíz que le permite superar lo transitorio y hacer frente a la muerte, está en las flores y los cantos, que son el camino a la verdad del misterio de la vida. Es decir, el hombre puede “hacerse a sí mismo verdadero” si es capaz de entonar un canto y cultivar nuevas flores: “No acabarán mis flores: no acabarán mis cantos. Yo los elevo, soy tan sólo un cantor” (Cantares Mexicanos, fol. 116 v).

            El sabio Nezahualcóyotl, valiéndose del método flor y canto, expresa el carácter transitorio y la fugacidad absoluta inherente de todo cuanto existe al decir: “¿Acaso de verdad se vive en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra, no para siempre en la tierra: sólo un poco aquí” (Cantares Mexicanos, fol. 17 r).

            Esta transitoriedad de la vida en el tlaltícpac, sobre la tierra, los lleva a preguntarse: “¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, Dador de la vida? Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño... Nadie habla aquí la verdad...” (Cantares Mexicanos, fol. 5 v).

            Dando un paso más, reflexionando sobre si mismos, les surge una interrogación más honda y angustiosa: "¿Acaso son verdad los hombres? Por que si no, ya no es verdadero nuestro canto. ¿Qué está por ventura en pie? ¿Qué es lo que viene a salir bien?” (Cantares Mexicanos, fol. 10 v). Es así como empiezan a elaborar una serie de doctrinas para responder acerca de la verdad de los hombres. Varios son los temas que responden a este problema clasificados según el punto de vista desde el cual se aborde al hombre. Visto como objeto, como una realidad existente, comprende los siguientes aspectos: origen, naturaleza y facultad (libre albedrío), y su destino después de la muerte. Si lo vemos como sujeto actuante en el mundo, abarca los temas siguientes: educación; principios éticos, jurídicos y estéticos; conciencia histórica y el arte. Desarrollemos brevemente cada uno. En cuanto a su origen, la primera raíz fundamentadora la encuentra en la divinidad: Ometéctl. “Acaso lo determinó el Señor y la Señora dualidad?... Llegó el hombre y lo envió acá nuestra madre, nuestro padre, el Señor y la Señora de la dualidad” (Códice Florentino, Lib. VI, fol. 120 r). La constitución o esencia del hombre es expresada a través del difrasismo in ixtli in yóllotl que connota el concepto de persona. En cuanto al albedrío humano, desde la religión, creían en el influjo de los signos y fechas del tonalámatl o libro de los destinos; un destino nefasto podían modificarlo por el control de sí mismos (monotza) o por negligencia perder un destino propicio; filosóficamente, los tlamatinime juzgaban que el destino era modificable por la educación concebida como creadora de rostros y humanizadora de voluntades. La religión enseñaba que la supervivencia o destino en el más allá no dependía del tipo de vida terrenal que habían llevado, sino del género de muerte que tuvieran y podían ir al Tlalocan, lugar de Tláloc, a donde vive el Sol, al Chichihuacuauhco, en el árbol nodriza o al Mictlan, lugar de los muertos; dando un paso más y separándose de esta concepción, los tlamatinime dudan del destino final: “¿estamos allá muertos, o vivimos aún? ¿Otra vez viene allí el existir? (Cantares Mexicanos, fol. 61 v), otros se sienten impotentes para develar el misterio: “¡Ya nada meditéis!, Todos, si meditamos si recordamos, nos entristecemos aquí” (Cantares Mexicanos, fol. 14 v), en cambio otros insisten en meditar sobre dicho tema: “Meditadlo, oh príncipes de Huexotzinco... ¡todos pereceremos, no quedará ninguno!” (Cantares Mexicanos, fol. 14 v), y logran un acercado planteamiento del problema al preguntarse cuáles son las posibilidades del hombre ante su forzoso destino de “tener que irse”, a las que responden de tres maneras diferentes: la primera afirma que no hay más vida que ésta, por lo que todo termina con la muerte, la segunda acepta que el destino está en el Mictlan o Ximoayan, donde hay sufrimientos, y la tercera gracias al lenguaje de flores y cantos acepta el carácter de experiencia único de esta vida, así como el misterio que rodea al más allá, donde existe la felicidad. De gran importancia era la tlacahuapahualiztli o educación, pues iniciaba en el hogar y continuaba en el Calmécac, hilera de casas o en el Telpochcalli, casa de jóvenes, en las que los tlamatinime cuidaban la formación y autocontrol del yo de los jóvenes para dar sabiduría a los rostros y firmeza a los corazones. En estos centros educativos se daban los cimientos de la vida moral y jurídica al inculcarles respeto a los ordenamientos jurídicos. Cabe señalar que el derecho y su aplicación están inspirados en la doctrina de la persona humana; para vivir moral y virtuosamente era necesario el rigor, austeridad y ocupaciones continuas en cosas provechosas. Los náhuas prehispánicos tuvieron muy arraigada su conciencia histórica, ya que recordaban hechos antiguos: “Ahora nosotros, ¿destruiremos la antigua regla de vida? La de los chichimecas, de los toltecas, de los acolhuas, de los tecpanecas...” (Coloquios y doctrinas de los doce). El arte se comprende desde el sistema ético, porque propone un verdadero desarrollo integral del hombre que lo lleva a poseer un corazón dialogante, nonotzani, y un corazón endiosado, yoltéotl, y también desde flores y cantos que lo llevan a forjar un mundo endiosado por el arte, construido penosamente por el Toltécatl para dar sentido a su existencia.

            Como podemos ver claramente, el concepto neltiliztli o verdad difiere de la noción aristotélica que la considera como “adecuación de la mente de quien conoce, con lo que existe”, o de la occidental que indaga la esencia de las cosas. Este tratamiento de los tlamatinime es original, pues el problema de la verdad se refiere al hombre, a la posesión interior de una raíz que dé fundamento a su existencia, a su rostro y corazón inquietos y que le ayuden a superar la angustia del cambio y la muerte. De este modo, la raíz se vuelve patrimonio universal de salvación para todos los hombres.

 

             “Cantares Mexicanos, folios 5 v, 10 v, l 16 v, 17 r”, en León Portilla, Miguel. Los Antiguos Mexicanos a través de sus crónicas y cantares, FCE, México, 1961, pp. 122-124, 177, 179, 181. “Códice Florentino, Lib. VI, fol. 120 r; Cantares Mexicanos, folios 14 v, 61 v, y Coloquios y doctrina de los doce”, en León Portilla, Miguel. La Filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes, UNAM, México, 1983, (1956). Suárez Alarcón, José Antonio. “La sabiduría amerindia”, en La Filosofía en América Latina, Búho, Santa Fe de Bogotá, 1993, pp. 33-36.

 

            (Véase. In ixtli in yóllotl, In xóchitl in cuicatl, Tlamatiliztli, Tlamatinime).

 

(RNN)