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Para la tecnocracia emergente que surge en Latinoamérica a principios de
los años setenta, la necesidad de impulsar estrategias de desarrollo económico
en nuestros países partía de un desafío consistente en tener que remontar lo
que a criterio de dicha tecnocracia fue
el grave pecado del populismo latinoamericano como lo que éste ha sido: la
versión “criolla” de Welfare State y causante a su vez de encontrarnos
estancados en el estigma del tercermundismo. En el campo ideológico político
la urgencia por implementar estas estrategias nacía también de una necesidad,
misma que sigue vigente hasta hoy: la de inhibir cualquier ilusión de cambio
social por otras vías que no sean aquéllas que imponga esa tecnocracia a
nuestras respectivas realidades sociales. De modo particular es interesante
observar cómo aquí en Latinoamérica, como quizá en ningún otro lugar del
mundo, el neoliberalismo se asume como una determinada identidad constante en la
pretensión de conjugar a La retórica del mercado con ciertas retóricas de la
democracia.
Lo anterior sirvió para hacer del neoliberalismo un amplio movimiento
hegemónico sin en apariencia
fisuras y capaz de resistir todo tipo de criticas. Pues es frente a este
poderoso bloque de dominación global construido por el capitalismo de fines del
siglo XX, ante el cual toda crítica resbala. De forma resumida y tomando en
cuenta que el neoliberalismo es de suyo un concepto que se presta para una
infinidad de confusiones, tenemos que decir que el neoliberalismo es producto de
las inquietudes político-sociales, económicas y culturales del conservadurismo
que se ha proyectado en la historia a partir de la década de los cuarenta.
Desde sus orígenes su principal objetivo ha sido negar o de ser posible superar
los modos del intervencionismo estatal que han sido característicos a este
siglo, que van desde el fascismo al socialismo, pasando por las más diversas
expresiones de las así llamadas políticas estatales del bienestar entre las
que se encuentra el populismo latinoamericano. En pocas palabras se puede decir
que el neoliberalismo no es más que el amplio como complejo proceso de
derechización por el cual atraviesa la historia. Como es también, por otro
lado, una importante expresión de la racionalidad social de este fin de siglo.
Una racionalidad con la cual, puede
o no estar de acuerdo; pero lo que no se puede hacer es ignorarla o simplemente
negarla y valorarla como parte de un irracionalismo cuyos parentescos más próximos
se encuentran en el conservadurismo decimonónico o en el fascismo. Ahora bien,
la particularidad de esta nueva derechización radica en lo siguiente:
1) Impulsa un modelo de desarrollo económico a través del cual se
reduce a su expresión mínima cualquier nuevo intento de intervención estatal
en la economía.
2) Explica el porqué del crecimiento desmesurado del Estado en este
siglo.
3) Establece los fundamentos del Estado de Derecho a partir del sistema
de libertades correspondientes a una economía de libre mercado.
En términos ideales, al parecer el neoliberalismo actúa con base en
estos criterios. Sin embargo, hasta el día de hoy, los saldos que arroja la
experiencia neoliberal, en particular en nuestros Latinoamérica, son más que
desalentadores. Lo que en particular se le critica al neoliberalismo es el
enorme costo social e histórico que se ha tenido que pagar y acumular en la
medida y proporción en que se insiste en sostener a este modelo de desarrollo
económico-social. Pero, si algo se sabía desde un principio era que un modelo,
así si bien podía tener relativos o circunstanciales éxitos, éstos a la
larga se traducirían en nuevos fracasos. Particularmente en lo referente al de
por sí insoluble problema de la inflación. En el campo del déficit fiscal
como en el de la deuda pública los resultados los tenemos a la vista. Lo que al
parecer sólo ha resultado ser ampliamente exitoso para la causa neoliberal es
la intensa y, al parecer irreversible, campaña privatizadora. Campaña que
nunca hubiera sido posible realizar sin la “astuta mano” del Estado. Para
decir las cosas con mayor claridad el conservadurismo de este fin de siglo sabia
perfectamente bien que en la sociedad moderna ningún cambio sustancial es
posible sin la decidida intervención del Estado. En otras palabras, lo que hizo
el neoliberalismo fue instrumentalizar al Estado para lograr sus
objetivos, valiéndose, para tal fin, de toda una retórica consistente en el
sobado sofisma de la reducción del Estado a su expresión mínima. Lo que al
parecer hoy puede ser motivo de una válida preocupación es, si frente a lo que
se considera ya la critica práctica al neoliberalismo, éste no asumirá como
un hecho a la fuerza con el fin de callar la critica antineoliberal, demostrando
con ello hasta qué punto ha sido tan frágil la supuesta feliz coincidencia
entre la democracia con el sistema de mercado impuesto por la elite tecnocrática
al conjunto de nuestras realidades nacionales. El desafío que ahora se tiene es
cómo revertir lo que se considera, ya que es el desorden neoliberal en que nos
deja este modelo de desarrollo económico-social. En especial, en estos días en
que incluso los propios neoliberales se han atrevido a declarar la muerte de la
utopía como al fin de la historia. Insistiendo a la par en lo mismo que han
dicho desde su arribo a tierras latinoamericanas: que no hay más futuro para
Latinoamérica que el que ha abierto el horizonte neoliberal.
Bell, Daniel. Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza,
México, 1989. Dubiel, Helmut. ¿Qué es el neoconservadurismo?, Anthropos,
Barcelona, 1993. Foxley, Alejandro. Experimentos neoliberales en América
Latina, FCE, México, 1988. Furet, François. El pasado de una ilusión.
Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX. FCE, México, 1995. Miliband,
Ralph; Panich, Leo et
al. El
neoconservadurismo en Gran Bretaña y las Estados Unidos,
Alfons el Magnànim, Valencia, 1992. Montes, Pedro. El
desorden neoliberal, Trotta, Madrid, 1996. Varios. Barry B. Levine (comp.), El
desafío neoliberal. El fin del tercermundismo en América Latina, Norma,
Colombia, 1992.
(Véase: Democracia, Liberalismo).
(JVD)
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