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. Término con el cual Francisco Romero
declara el ingreso y el ejercicio de la filosofía en América como función
ordinaria de nuestro común cauce cultural al lado de las otras actividades del
intelecto. En Latinoamérica el uso de este término varía, para algunos
pensadores expone el inicio de la madurez intelectual latinoamericana. Para
otros implica el alejamiento de un reflexionar desde y sobre nuestra realidad.
Formulada
por Francisco Romero (1891-1962), la normalidad
filosófica es expuesta por primera vez en 1934. En esa ocasión aborda
el tema del establecimiento de un clima filosófico en América. Ambiente de
creciente interés –en gran número de publicaciones y recintos extra
universitarios que promovían la elaboración filosófica– en Latinoamérica,
no ya como la meditación de unos pocos entendidos conscientes de la
indiferencia circundante, tampoco como la actividad exclusiva de unos cuantos
hombres dotados de una vocación capaz de mantenerse firme a pesar de todo. En
otro escrito (1940) agrega que debido a la relación entre los pensadores y el
intercambio frecuente de publicaciones, en nuestra espiritualidad la vocación
filosófica había llegado a adquirir conciencia de sí y buscaba su expresión,
iniciándose “una amorosa vuelta sobre el pasado” (1940: 131). Este hecho
para Romero indicaba una invitación a reflexionar sobre temas más amplios,
sobre el curso total de nuestra cultura y los caminos de la espiritualidad de América.
Romero indica que la normalidad filosófica
sobrevino cuando “grupos de estudiosos se ponen al trabajo resueltos a
apropiarse los resultados del esfuerzo anterior y a agregar, si son capaces, una
partícula propia” (1934: 131). Para este autor ese grupo de pensadores fueron
“Fundadores” hombres quienes estudiaron y difundieron el conocimiento de los
temas filosóficos. Sin embargo, la normalidad
filosófica como la entendía Francisco Romero, como conocimiento y
actividad cultural de los diversos grupos sociales en Latinoamérica, no se ha
consolidado.
Respecto
a la recepción en Latinoamérica, este término ha servido tanto para afirmar
como para negar la existencia de una filosofía latinoamericana. Todo depende de
cómo es interpretada la normalidad
filosófica de la que hablaba Francisco Romero. Mientras que algunos han
afirmado que no es posible alcanzar la normalidad debido a las condiciones de
dependencia socio-económica, como el peruano Augusto Salazar Bondy (1925-1974),
otros opinan que la normalidad filosófica
atestigua el inicio de una actividad profesional, a la manera del mexicano Luis
Villoro (1922).
Para
el argentino-mexicano Horacio Cerutti (1950) el uso de este término en la
filosofía de América Latina como guía ideal para el filosofar entre nosotros
ha sido acrítico. Para este autor la propuesta de Romero implica una “normal
actividad europeizante entre nosotros” (1986:92). Así, la normalidad
filosófica entraña que el americano debe reflexionar como un europeo,
pero en suelo americano. Un buen ejemplo de tal actividad es la experiencia de
1929 con la fundación de la Sociedad Kantiana de Buenos Aires. Para Cerutti el
ejercicio de la normalidad filosófica
a la Romero significa el inicio de una radical separación del ejercicio de la
filosofía respecto a la esfera del pensamiento de la realidad social y la acción
política, quedando ambas asentadas como prácticas incompatibles.
El
mexicano Leopoldo Zea (1912), en un escrito en honor del ilustre maestro
argentino, señala que Romero estaba lejos de confundir la normalidad
filosófica con el filosofar mismo. Así, apunta: “Es esta normalidad
precisamente, la que va a permitir que el filosofar solitario, aislado, de
nuestros pensadores, cobre actualidad, y se vea en él la autenticidad que debe
ser propia del auténtico filosofar o reflexionar sobre la realidad en que se
encuentra inserto todo filósofo” (1986: 177). Para Zea la normalidad
filosófica implica el establecimiento de un clima filosófico que
prepara el terreno para el desarrollo de una filosofía que ha de partir de sí
misma, que no sea pura actividad profesional aunque necesite de la
profesionalidad. De este modo, destacar el peculiar sentido de nuestro filosofar
es la tarea que nos toca en turno. Una filosofía, que sin dejar de ser
universal, estará asentada en esta nuestra peculiar y concreta realidad, como
lo está todo filosofar.
Ardao,
Arturo. “Bello y el concepto de fundadores de la filosofía
latinoamericana”, en Revista de Historia de las Ideas, Casa de la
Cultura Ecuatoriana-CELA de la PUCE, 1982, 2 época, núm. 3. Cerutti
Guldberg, Horacio. “Filosofía latinoamericana e
historia de la filosofía” (1983), en Hacia una metodología de la historia
de las ideas (filosóficas) en América Latina, Universidad de
Guadalajara, Guadalajara, 1986. Romero, Francisco. “Palabras a Manuel García
Morente sobre la normalidad de la filosofía” (1934), en El hombre y la
Cultura, Editorial Losada, Buenos Aires, 1950. Romero, Francisco.
“Tendencias contemporáneas en el pensamiento hispanoamericano” (1942), en Sobre
la filosofía en América, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Zea,
Leopoldo. “Romero y la normalidad filosófica latinoamericana”, en Francisco
Romero, maestro de la filosofía latinoamericana, Sociedad Interamericana
de Filosofía, Caracas, 1983.
(Véase: Fundadores, Patriarcas).
(RMM)
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