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 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

OBJETO DE LA FILOSOFÍA

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. Ignacio Ellacuría, el filósofo vasco-salvadoreño asesinado en San Salvador en 1989, se sitúa en la tradición filosófica que llama objeto de la filosofía “a falta de mejor término” a aquello que constituye el tema central de una determinada filosofía o metafísica, con lo que la filosofía se diferencia de otros tipos de saber desde esa identificación que inicia como ya hemos dicho con una indefinición: la filosofía no sólo no sabe cómo es aquello de que trata, sino que tiene que hacerse cuestión inicial de qué es lo que va a tratar o, al menos, de qué es concretamente aquello que quiere estudiar.

            El esclarecimiento del objeto de la filosofía –que como resultado de la larga labor filosófica de Ellacuría conduce a la grave afirmación de que ese objeto es la “realidad histórica”– no puede ser el inicio de la filosofía, sino que tan sólo puede sostenerse al final de una larga y penosa reflexión.

            No es un capricho ni un a priori dogmático. Ha sido labor de la historia de la filosofía misma, que paulatinamente ha ido descubriendo y mostrando dónde y en qué forma se da la realidad por antonomasia, dónde se da la mayor densidad de lo real. En su importante libro póstumo Filosofía de la realidad histórica señala: “Los que sostenían que la persona humana como realidad metafísica era el summum de la realidad; los que sostenían que lo era la existencia humana o la vida humana; los que defendían que era la historia... todos ellos se acercaban a la definición del objeto de la filosofía como realidad histórica” (1990, 42).

            Ellacuría no tuvo tiempo para hacer un desarrollo integral de estas tesis; sin embargo, aclaró qué es lo que quiso decir con ellas y en qué se fundamentan esas ideas. Las principales aclaraciones son tres:

            a) En primer lugar, Ellacuría indica que por “realidad histórica” no entiende lo que pasa en la historia, ni siquiera la serie ordenada y explicada del discurrir histórico. Por consiguiente, no dice que la filosofía haya de ser lo que ha sólido entenderse por filosofía de la historia. Precisamente para evitar este equivoco no se habla de historia, sino de realidad histórica. ¿Qué entiende entonces Ellacuría por realidad histórica? Él mismo lo aclara:

Ya hemos sostenido en las tesis anteriores que la realidad intramundana constituye una totalidad dinámica, estructural y dialéctica. Esa única totalidad es el objeto de la filosofía. Lo que ocurre es que esa totalidad ha ido haciéndose de modo que hay un incremento cualitativo de realidad, pero de tal forma que la realidad superior, el “más” de realidad, no se da separada de todos los momentos anteriores del proceso real, del proceso de realidad, sino que, al contrario, se da un más dinámico de realidad desde, en y por la realidad inferior, de modo que ésta se hace presente de muchos modos y siempre necesariamente en la realidad superior. A este último estadio de la realidad, en el cual se hacen presentes todos los demás es al que llamamos realidad histórica: en él, la realidad es más realidad, porque se halla toda la realidad anterior, pero en esa modalidad que venimos llamando histórica. Es la realidad entera asumida en el reino social de la libertad. Es la realidad mostrando sus más ricas virtualidades y posibilidades, aún en estado dinámico de desarrollo, pero ya alcanzado el nivel cualitativo metafísico desde el cual la realidad va a seguir dando de sí, pero ya desde el mismo subsuelo de la realidad histórica y sin dejar ya de ser intramundanamente realidad histórica (1990: 42-43, subr. vfg).

            b) En segundo lugar, Ellacuría acepta que podría discutirse si ese summum de realidad no es más bien la persona o la vida humana o la existencia, etcétera. Desde luego, ha de aceptarse que una consideración de la realidad histórica que desviara o hiciera perder su especificidad a la persona humana, a la vida, a la existencia, etcétera, perdería de vista el objeto pleno de la filosofía, porque entonces ese objeto quedaría disminuido, simplemente porque en él no entraría formal y específicamente una forma de realidad, que en algún sentido es la máxima manifestación de la realidad.

            En esa misma argumentación, Ellacuría aclara que por difícil que sea su realización, la filosofía que él propone y tiene por objeto la realidad histórica, no pretende menoscabar ese específico summun de realidad que es la persona. Y aunque las relaciones entre historia y persona sean mutuas pero no unívocas, parecen más englobantes las de la historia (1990: 44).

            c) Finalmente, en tercer lugar, Ellacuría responde cómo se podría justificar metafísicamente esta opción de la realidad histórica como objeto de la filosofía. La respuesta ya ha sido esbozada antes y podría sintetizarse diciendo que la justificación sería que la filosofía debiera estudiar la totalidad de la realidad en su unidad más englobante y manifestativa, y que la realidad histórica es esa unidad más englobante y manifestativa de la realidad.

            Ellacuría hace una crítica de todo idealismo, desde sus manifestaciones en los presocráticos hasta sus expresiones contemporáneas, expresiones cercanas en uno u otro sentido a lo que Zubiri pensaba como subjetivismo idealista (1990: 45).

            Estos son los pivotes sobre los cuales se inicia la búsqueda de una filosofía que intente decir lo que es la realidad últimamente y lo que es la realidad como un todo. Cómo repercutirá esta nueva concepción del objeto en la estructuración misma de las categorías filosóficas es un problema grave que tiene alcances monumentales y hay un carácter social en esa tarea.

 

            Ellacuría, Ignacio. “Universidad y política”, en ECA, núm. 383, San Salvador, 1980, pp. 807-824; Zubiri, filósofo teologal, Vida nueva, Madrid, 1980, núm. 1249; “El testamento de Sartre”, en ECA, núms. 387-388, San Salvador, 1981, pp. 43-50; “El objeto de la filosofía”, en ECA, núms. 396-397, San Salvador, 1981; “La nueva obra de Zubiri: Inteligencia sentiente”, en Razón y fe, Madrid, 1981, núm. 995, pp. 126-139, Reproducido, en Xavier Zubiri, siete ensayos de antropología filosófica, Universidad de Santo Tomás, Bogotá, 1982; “Universidad derechos humanos y mayorías populares”, en ECA, núm. 406, San Salvador, 1982, pp. 791-800; “La desmitificación del marxismo”, en ZCA, núms. 421-422, San Salvador, 1983, pp. 921-930; “Aproximación a la obra filosófica de Xavier Zubiri”, en Zubiri 1889-1983, I. Tellechea Idígoras (ed.), Vitoria, 1984, pp. 37-66; “Función liberadora de la filosofía”, en ECA, 1985, núms. 435-436, San Salvador, pp. 45-64; “La superación del reduccionismo idealista en Zubiri”, en ECA, núm. 477, San Salvador, 1988, pp. 633-650; Filosofía de la realidad histórica, UCA editores, San Salvador, 1990; “El desafío de las mayorías pobres”, en ECA, 1990, núm. 436, pp. 1075-1080.

 

            (Véase: Filosofía de la liberación, Realidad histórica).

 

(VFG)