Biblioteca Virtual Latinoamericana

 Diccionario de Filosofía Latinoamericana

ORIGINALIDAD

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. La búsqueda de la peculiar expresión del y de lo latinoamericano, sin negar la universalidad y al abordar los problemas que nos plantea nuestra circunstancia, dará por resultado un producto sostén de un espíritu autónomo, de una cultura y filosofía definidas.

            A fines del siglo XIX, el uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917) en El americanismo literario (1895), desde la literatura previene contra los riesgos de un regionalismo infecundo. Así, –según él– la originalidad no era incompatible con la universalidad. Conocer y practicar cualquier tipo de aportes literarios sin importar cuál fuere la fuente de inspiración era valioso siempre y cuando fuese un eficaz instrumento de labor civilizadora.

            El argentino Francisco Romero (1891-1962) señaló que en el siglo XX en nuestra espiritualidad la vocación filosófica había llegado a adquirir conciencia de sí. Ello implicaba una búsqueda de la peculiar expresión americana; una amorosa vuelta hacia el pasado: “Toda autociencia, al averiguar lo que se es, plantea con ello un problema de orígenes, pregunta de dónde se viene” (1940: 131).

            En el intento por describir la originalidad en la cultura mexicana, Samuel Ramos (1897-1959) desarrolló en 1934 las bases para la comprensión y desarrollo de la originalidad. Ramos abordó los problemas que acarreaba el establecimiento de un nacionalismo con intenciones de romper todo lazo con la cultura europea. Así escribía: “Para creer que se puede en México desarrollar una cultura original sin relacionarnos con el mundo cultural extranjero, se necesita no entender lo que es la cultura” (1990: 145). La cultura original mexicana no debía pensarse como distinta de las demás: “Entendemos por cultura mexicana la cultura universal hecha nuestra, que viva con nosotros, que sea capaz de expresar nuestra alma” (1990: 146).

            Para el uruguayo Arturo Ardao (1912) la originalidad no debía limitarse a ser filosofía de lo americano por importante que esto fuese. En 1963, señaló que en Latinoamérica se habían desarrollado dos quehaceres filosóficos, la filosofía de lo americano (meditación sobre la propia realidad), y filosofía americana (reflexión sobre los temas filosóficos tradicionales). Ambos, en igualdad de importancia, justificantes para fincar nuestra originalidad filosófica.

            La originalidad de la filosofía latinoamericana tuvo un fuerte cuestionamiento por parte del peruano Augusto Salazar Bondy (1925-1974). Para este autor la originalidad consistía en “construcciones conceptuales inéditas y de valor reconocido” (1968: 100); indica el aporte de ideas y planteos nuevos en mayor o menor grado, discernibles como creaciones y no como repeticiones de anteriores doctrinas. Para este autor el problema de nuestro filosofar se debía a la inautenticidad de nuestra cultura y ello debido a nuestra situación de dependencia.

            El venezolano Ernesto Mayz Vallenilla (1925) empleaba la fenomenología de vertiente heideggeriana y consideraba a la cultura en términos ontológicos. Para este autor, nuestra cultura y filosofía, es decir, el ente, la entidad en América, se fundaría históricamente en una “expectativa” del hombre americano por llegar a ser la expectativa de una determinada originalidad de lo que se considera como propio. La expectativa consistía en la esperanza de conseguir algo en alguna eventualidad que se prevé. Así, nuestro presente resultaría ser un esencial “no ser siempre todavía”.

            La originalidad para el mexicano Leopoldo Zea (1912) no implicaría la creación de nuestros y extraños sistemas, sino en dar respuesta a problemas que en una determinada realidad y tiempo se han originado. Así, originalidad seria hacer de lo ya existente algo distinto. En Zea ser original es ser capaz de recrear el orden existente, partir de sus innumerables posibilidades de reacomodo y reajuste.

            En México Mario Magallón (1946) señala sobre la originalidad en América Latina la vinculación entre la Historia de las Ideas y la Filosofía de la Historia Americana y muestra los aspectos que consolidan nuestra peculiaridad. Este autor apunta que la filosofía es renovación y creación, la cual no se puede conformar con lo realizado por antiguos o modernos filósofos, ni por categorías o términos que son a veces poco claros. Entonces, si filosofar es encontrar nuevas soluciones, nuestra originalidad ha consistido en analizar y asimilar lo más valioso de la filosofía, sin asomo de imitación o autocolonización cultural.

 

            Ardao, Arturo. Filosofía en lengua española, Alfa, Montevideo, 1963. Magallón Anaya; Mario. Dialéctica de la filosofía latinoamericana. Una filosofía en la historia, UNAM-CCyDEL, México, 1991, col. 500 años después. Mayz Vallenilla, Ernesto. “El problema de América. (Apuntes para una filosofía americana)”, en Anuario de filosofía de la Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1957, 2 ed. Ramos, Samuel. “El perfil del hombre y la cultura en México” (1934), en Obras Completas, (Nueva biblioteca Mexicana 41), UNAM, México, 1990. Romero, Francisco. “Sobre la filosofía en Iberoamérica” (1940), en filosofía de la persona y otros ensayos de filosofía, (Biblioteca Contemporánea), Losada, Buenos Aires, 1944. Salazar Bondy, Augusto. ¿Existe una filosofía hispanoamericana?, Siglo XXI, México, 1968. Villoro, Luis. “Sobre el problema de la filosofía latinoamericana”, en Cuadernos Americanos, Nueva Época, núm. 3, vol. 3, mayo-junio de 1987. Zea, Leopoldo. Filosofía Latinoamericana, ANUIES, México, 1976.

 

            (Véase: Historia de las ideas, Influencia, Paralelismo, Imperialismo de las categorías).

 

(RMM)