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El rasgo que mejor define a la Teología de la liberación latinoamericana y su
aportación más decisiva a la teología en general es el haber situado la causa
del pobre como perspectiva del
discurso teológico; en palabras de Leonardo Boff: “La teología de la
liberación ha tenido el mérito de situar a los pobres,
su sufrimiento y su causa como centro de la reflexión. A partir de los pobres,
el mensaje de Jesús aparece como buena noticia. La perspectiva de los pobres nos permite rescatar la imagen de Dios como Dios de vida, de
Jesús como liberador, del Espíritu como principio de libertad, de la Iglesia
como pueblo de Dios” (Concilium,
129, 1988: 192-193).
El
principio de opción por los pobres
con una especial carga axiológica ha significado un reto en los ámbitos
cristianos de nuestros países, motivando al hombre creyente a asumir una
actitud ante el fenómeno escandaloso y mayoritario que presentan los pobres en Latinoamérica. Este modo de implicar, en una unidad, fe
y vida, Evangelio-liberación, ha traído en América Latina la expansión de
una eclesiología, que pretende ser novedosa, es decir, una iglesia que surge
con el aporte de la fe de los pobres.
A los contenidos que la tradición ha asignado a este concepto, la teología de
la liberación ha privilegiado algunos, llegándose a afirmar que lo innovador
en este caso se trasluce en una visión del pobre, básicamente, como sujeto
histórico nuevo, dotado de fuerza histórica, facultad evangelizadora e
iniciativa de cambio suficientes, con vistas a su mejor desenvolvimiento en un
orden social distinto, donde la injusticia y la desigualdad no tengan lugar. Así,
los pobres han irrumpido en la conciencia humana y en la conciencia cristiana,
lo que ha permitido una nueva forma de hacer teología, que partiendo de una fe
que, al mismo tiempo que es vivida y pensada, se objetiva en un quehacer
eclesial de solidaridad con los desposeídos; teniendo en cuenta las
circunstancias de miseria y opresión reinantes en América Latina la teología
de la liberación ha convertido el quehacer de solidaridad en uno de los
problemas centrales de su reflexión teológica, o sea, ha asumido el grave
desafío que constituye la pobreza, a través de una especial identificación
con el sujeto que la experimenta y padece en carne propia. Ha sido, sobre todo
Gustavo Gutiérrez quien ha puesto de relieve esa “fuerza histórica” de los
pobres en la sociedad y en la Iglesia (1979). La teología latinoamericana ha
entendido al pobre como el “lugar teológico” condicionante de toda la síntesis
cristiana. Es ahí donde se encuentra la innovación metodológica y la variación
temática de la Teología Latinoamericana. Más aún, la praxis eclesial y la
reflexión teológica orientadas por la opción por los pobres marcan un cambio
decisivo en el devenir histórico del cristianismo. Con esta opción por los
pobres se ha producido la gran y necesaria revolución copernicana en el seno de
la Iglesia universal; con ella se define un nuevo lugar histórico-social desde
el que la Iglesia desea estar presente en la sociedad y construirse a si misma,
saber, en medio de los pobres, los nuevos sujetos de la historia (Cfr. Boff,
1981). La reflexión ético-teológica forma parte de ese gran proyecto de
reformular el mensaje cristiano desde la opción por los pobres, al afirmar que
el pobre es el “lugar ético-teológico”. Sin embargo, al decir que el pobre
es el “lugar ético-teológico” preferente, no se quiere afirmar que él sea
la fuente constitutiva ni la fuente cognoscitiva de la moral, sino el ámbito de
la realidad en que primaria y fundamentalmente acaece la auténtica moralidad.
La condición del pobre, en cuanto condición pobre, es el lugar privilegiado en
el que se manifiesta la sensibilidad ética y en el que surge la praxis moral.
Tanto la sensibilidad ética como el empeño moral pasan siempre por el tamiz de
la situación en la que vive el pobre. Esta opción por el pobre no rechaza la
sabiduría moral acumulada a lo largo de la historia, significa que el lugar
preferente desde donde se vive y se formula la ética es la realidad del pobre;
sin embargo, vivir y formular la moral desde el pobre no supone reducir el tema
ético a la realidad de la pobreza, tampoco se trata de plantear la moral con la
rígida metodología de una “opción de clase”, al estilo del marxismo de la
ortodoxia dogmática y de la escolástica leninista. La opción por el pobre no
hace de los pobres una “clase privilegiada”, portadora única del devenir
histórico y con pretensiones de dictadura imperialista. Los intereses de los
pobres no han de ser interpretados como “intereses de clase” en permanente
conflicto con otras clases opuestas. La preferencia por el pobre es criterio
moral en un sentido primordial, no anula las estructuras formales de la ética
ni reduce el contenido de la moral al tema del pobre, ni hace de los intereses
de éstos una opción de clase. Así, esta manera de entender la opción por los
pobres conduce a un replanteamiento radical de la moral. La estructura formal y
los contenidos concretos del universo ético quedan transformados desde su raíz;
así, la ética de la liberación brota de la “indignación moral”; la
praxis liberadora tiene una dimensión pasional o pática. Cuando la estimación
moral está marcada por la preferencia del pobre, detecta la injusticia
estructural creando así un resorte incontenible de praxis liberadora. El
criterio de la praxis liberadora se convierte en la sensibilidad ética
omnipresente que orienta el discurso teológico-moral sobre los problemas
concretos. Este criterio de la praxis liberadora puede ser reformulado de varios
modos: para A. Fierro, se concreta en la liberación del hombre y en la
humanización del medio: “recta práctica es aquella que cumple con la vocación
de toda práctica: liberar al hombre y humanizar el medio” (1979: 185). Para
E. Dussel, es la trascendentalidad radical del otro en cuanto pobre y oprimido;
trascendentalidad que se concreta en el “criterio absoluto de la ética: ¡Libera
al pobre, al oprimido!” (1981: 525). Para P. Richard, en la promoción de la
vida del pobre frente a la muerte impuesta por el dominador: “El criterio
fundamental para el discernimiento ético es la vida humana del hombre real
concreto” (1982: 109).
Ellacuria,
Ignacio, “Pobres”, en Floristan, Casiano Tamayo, Juan José (eds.).
Ellacuria, Ignacio. Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid,
1983. Lois, Julio. Teología de la liberación: opción por los pobres, IEPALA;
Madrid, 1986. Pixley, José y Boff, Clodovis. Opción por los pobres, Paulinas,
Madrid, 1987. Varios autores. La irrupción del pobre en la sociedad y en la
Iglesia, Desclée, Bilbao, 1981.
(Véase: Alteridad,
Filosofía de la liberación,
Mayorías populares).
(MASO)
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