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El término hace referencia a la acción del filosofar aplicada al ser propio
del habitante de Latinoamérica, a su realidad y a su filosofía en interrelación
con el contexto histórico y cultural que la produce. También a la articulación
entre el enfoque sistemático y el histórico en el tratamiento de una cuestión.
La
filosofía latinoamericana ha ejercido la razón a lo largo de su historia
principalmente, respecto al ser que la produce, sobre las condiciones reales que
la hacen posible y respecto a la calidad de filosofía en el discurso con que se
expresa. En ese sentido, señala Leopoldo Zea que en la historia de la filosofía
no ha habido cultura o filosofía que se haya cuestionado a sí misma; al hacer
filosofía no se cuestionaban si hacían o no filosofía, pura y simplemente
filosofaban; sólo la filosofía que se hace en esta parte de América se
plantea semejante problema. Pero al problematizar
de tal manera, se pone en entredicho la calidad de hombre de los
latinoamericanos y la pertinencia de los problemas de su realidad para el campo
filosófico: “Decíamos que ninguno de los filósofos, cuyo reflexionar ha
quedado expresado en la historia de la filosofía, se había planteado antes tal
problema (...) partían de un hecho indiscutible: el de que estaban pensando”.
Adolfo Carpio considera que en “(...) la problematización
y en la pregunta hay siempre una cierta lógica y un cierto sentido de la
realidad.” Deslindar los sentidos de un problematizar
negador y obstaculizador de nuestro ser y expresión es la lógica y el sentido
que la filosofía latinoamericana desea cancelar.
La
razón de ello estriba en la condición de dominación y conquista con la cual
fuimos integrados a la historia universal, que desde 1492 hasta nuestros días
han mantenido las naciones hegemónicas en lo económico, político, científico-tecnológico
y en algunas formas ideológico-culturales al llamado Tercer Mundo: Asia, África
y Latinoamérica.
Ante
la negación sistemática de nuestro ser y autenticidad de nuestra cultura –en
donde entra la filosofía–, es razonable que en las primeras expresiones de
nuestra conciencia comenzaran problematizando,
con la puesta en duda, para de ahí arribar a la afirmación de nuestra
identidad y si filosofar sobre los problemas que nos plantea la realidad
latinoamericana daba como frutos tener o no filosofía. Ya desde los manuscritos
de Fray Bernardino de Sahagún, que al calce manifiesta, ante los conocimientos
y los principios de la cultura náhuatl, si se trataba de sabios o filósofos;
pasando por la polémica entre Las Casas y Sepúlveda sobre la humanidad de los
indígenas; de Simón Bolívar preguntando por nuestra identidad en los inicios
de la época independentista latinoamericana; del planteamiento por una filosofía
propia en el argentino Juan Bautista Alberdi; hasta las últimas manifestaciones
académicas de los análisis sobre nuestro ser y las condiciones de posibilidad
de la cultura y la filosofía latinoamericana como se pueden encontrar en
Salazar Bondy y el propio Leopoldo Zea; la filosofía latinoamericana ha estado
abocada al permanente problematizar,
el comprometido ejercicio de la razón, con el ánimo de revalorar la historia,
el ser y sentido de Latinoamérica.
La
problematización filosófica
latinoamericana así, ha revolucionado los modos mismos de filosofar al
cuestionarse tan radicalmente sobre sí misma, lo cual también ha llevado al
enfrentamiento con los modos de este quehacer que han difundido las filosofías
hegemónicas, ya que las cuestiona de raíz y en la base de sus fundamentos que
se pretenden “universales”, en detrimento de otras formas de hacer filosofía.
En
nuestra historia filosófica se pueden encontrar tendencias de este ejercicio problematizador
del filosofar latinoamericano que, con sus diferentes matices, signan y
comprueban el esfuerzo intelectual que se viene desarrollando en nuestro suelo,
así como las variantes que ha adoptado.
Una
primera tendencia importa la cultura y la filosofía de la madre patria (sea
española, holandesa o portuguesa), desde la colonia hasta bien entrado el siglo
XIX; sin menoscabo, como lo demuestran los estudios de historia de las ideas en
cada país, de hombres de letras y ciencias que se adelantaron a su época y no
imitaron o no sólo importaron, sino que también filosofaron y crearon cultura,
valga para el caso de México las figuras de Don Carlos Sigüenza y Góngora y
Sor Juana Inés de la Cruz. La segunda tendencia se propone adaptar las ideas y
cultura europeas a las necesidades y exigencias latinoamericanas; adaptación
que toma en cuenta la idiosincrasia de nuestros pueblos y sus problemas, así
como lo aplica el mexicano Gabino Barreda en su Oración Cívica. La
tercera tendencia se orienta hacia la posibilidad y la urgente necesidad de un
pensar propio, arraigado en la realidad que nos es nuestra, en la cual vivimos y
padecemos; distinta por su naturaleza de contenido a la que expresan las filosofías
e ideas extranjeras. En esta última tendencia se muestra claramente la
conciencia de nuestro ser hombre entre los hombres, cultura y nación igual a
otras y por lo mismo universales.
Por
eso es que desde 1959, en el IV Congreso Interamericano de Filosofía realizado
en Buenos Aires, se decidió nunca más plantear o discutir si lo nuestro es
filosofía o no; lo es y con ella, la pertinencia del tratamiento de nuestros
problemas, de su forma de problematizar
y el afán de libertad que en todos sentidos expresa.
En
un sentido preciso ha usado Horacio Cerutti este término, haciendo referencia a
la articulación del enfoque histórico y del enfoque sistemático en el estudio
de cualquier cuestión filosófica.
Cerutti
Guldberg, Horacio. Filosofía de la Liberación
Latinoamericana. México, FCE, 2ª ed., 1992.
Carpio, Adolfo. El sentido de la historia de la filosofía. Buenos Aires,
Eudeba, 1977. Y en Zea, Leopoldo (comp.). Ideas en torno de Latinoamérica, México,
UNAM-UDUAL, 1986, 2 vol., todos los siguientes: Bolívar, Simón, “Carta de
Jamaica”; Alberdi, Juan Bautista. “Ideas para un curso de filosofía
contemporánea”; Salazar Bondy, Augusto. “Sentido y problema del pensamiento
filosófico hispanoamericano”; Caso, Antonio. “México y sus problemas”;
Barreda, Gabino. “Oración cívica”; Soler, Ricaurte. “La nación
latinoamericana: proyecto y problema”; Mayz Vallenilla, Ernesto. “El
problema de América”. Vid.
Salazar Bondy,
Augusto. ¿Existe una filosofía en nuestra América?,
México, Siglo XXI, 1975. Zea, Leopoldo. La
Filosofía americana como filosofía sin más, México, Siglo XXI, 1975; Filosofía
Latinoamericana, México, Trillas, 1988; Filosofar a la altura del
Hombre, México, UNAM, Cuaderno de Cuadernos, núm. 4, 1993.
(VMR)
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