RESISTENCIA. El término resistencia procede del verbo latino resistere y lleva en sí la idea de oposición/resistencia. Psicológica: reacciones, cuyas manifestaciones son opuestas a las esperadas. De cualquier organismo frente a un estímulo. Filosófica: relación que guarda el ser humano hacia los cuerpos físicos que tiene ante sí (sentido físico), pero más aun en relación con los posibles y diferentes modos de reaccionar ante ellos (sentido metafísico, gnoseológico y psicológico).

            Julio César utiliza la expresión resistere hostibus con el significado de oponerse o resistir a los enemigos. Desde el punto de vista militar, acción mediante la cual un ejército vencido o en desventaja hace frente al ejército agresor. Las resistencias francesa, griega, polaca, etcétera, frente al ejército nazi, son ilustrativas al respecto.

            En el análisis social el término se aplica a aquellas acciones y reacciones mediante las cuales la sociedad entera o buena parte de ella, se opone, rechaza, impugna y desafía los proyectos, iniciativas y acciones que quieren imponer otros sujetos sociales. En este sentido, A. Metréaux define la resistencia como la “oposición consciente y sistemática a la introducción de una o de muchas innovaciones” (Metréaux, 1960: 7).

            La resistencia en sus diferentes formas, violenta, pasiva, no violenta (pacifica, civil) es una respuesta a la violencia institucionalizada. La primera y la última tienen en común su oposición a cualquier abuso del poder, la reivindicación de derechos conculcados o negados, y en ellas está presente el elemento volitivo, aunado a las convicciones, para provocar un cambio radical del orden social injusto. Aparece en ambas, por ello, cierta utopía sobre un mundo y un hombre nuevos. Difieren entre sí en cuanto al método, estrategias y ritmos para lograrlo. La primera opta por la respuesta violenta de tipo armado, aunque ello implique romper los cauces legales; diseña estrategias militares y se propone lograr los cambios en el menor tiempo posible. La resistencia activa no violenta plantea estrategias de lucha asentados en la fuerza de los valores éticos con los que se opone a las acciones injustas del agresor a cuya conciencia apela: permanece en las fronteras de los marcos legales, los transgrede con acciones pacíficas cuando éstos son claramente injustos. Y su lucha es a largo plazo pero, al mismo tiempo, más profunda. La resistencia pasiva, por el contrario, rehuye la acción y permite, con ello, la permanencia de situaciones de injusticia. De un tiempo a la fecha los movimientos sociales han empezado a revalorizar las formas de resistencia civil a tal grado que cualquier forma de resistencia armada les resulta extemporánea y, por demás, riesgosa.

            En Nuestra América, la resistencia es parte sustancial de su historia y de su cultura y el término ha quedado incorporado al léxico popular y al académico. Ha tenido múltiples formas, diferentes actores, diversos campos de acción, como expresión de los esfuerzos por sacar adelante un proyecto alternativo de desarrollo que preserve la soberanía de los países y la identidad de sus culturas sin que ello implique necesariamente negarse a la apertura al mundo. Quinientos años de agresiones, imposiciones forzadas y expoliaciones por parte de los países coloniales (Europa y Estados Unidos), pero también de las oligarquías y elites nacionales, acicateadas por la obsesión de imponer por la fuerza el modelo occidental de desarrollo, han suscitado movimientos políticos y sociales de oposición en defensa de sus modos de vida y de producción (material y simbólica) y, como países independientes, de su soberanía e identidad.

            Guillermo Bonfil Batalla utiliza con frecuencia la expresión cultura de resistencia. Ésta se refiere a la resistencia militar de los indios, en la que siempre han sido derrotados, pero también a la resistencia cultural que han presentado al modelo de desarrollo que no sienten como propio y del cual se saben excluidos. Los grupos indios resisten para lograr la permanencia de sus espacios de cultura, se oponen a las innovaciones si les son impuestas desde fuera y se apropian elementos de otra cultura cuando pueden mantener el control sobre ellos. Si bien esta cultura de resistencia alcanza su mayor densidad en la lucha de los pueblos indios de América, los demás sectores subalternos no quedan excluidos de ella.

            No ha de pensarse, por ello, como se afirma con frecuencia, que la resistencia de estos sectores, grupos o clases sociales es sólo rechazo y oposición a lo que viene de fuera: el progreso. Cuando esto sucede es porque el grupo subalterno considera que lo que viene de fuera de su ámbito cultural aunque se presente bajo la máscara de progreso, no ha de asumirse a cualquier precio. En muchos casos, sin embargo, la resistencia se combina con la complicidad de lo otro, que estos grupos se apropian y asimilan sin sacrificar lo específico de su cultura.

 

            Boff, Leonardo. “Mística y resistencia”, en Cencos, año X, núm. 130, noviembre 1994, México. Bonfil B. Guillermo. México profundo, CNCA-Grijalbo, México, 1989. Corral Corral, Manuel de Jesús. Producción alternativa y democracia en América Latina, Grupo Editorial Miguel Ángel. Porrúa, México, en prensa. Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía, (t. IV), Editorial Ariel, Barcelona, 1994. Metréaux, Alfred. “Resistences au changement”, en Resistencias a Mudanças: factores que impedem ou dificultam o desenvolvimento, Centro Latino-Americano de pesquisas en Ciencias Sociales, Río de Janeiro, 1960. Sharp, Gene. The politics of nonviolent action. Part one: power and struggle, Porter Sargent Publishers, Boston, 1974. “Resistencia y Colaboración”, en Enciclopedia de las Ciencias Sociales, col. Historia de las Ideas, Asuri de Ediciones, Bilbao, 1981. Thoreau, Henry D. Desobediencia civil, Ediciones Antorcha, México, 1983.

 

            (Véase: Comunicación alternativa, Democracia).

 

(MJCC)