TIERRA SIN MAL (EL YVY-MARÂEÝ O LA UTOPÍA TUPÍ-GUARANÍ (1539-1997). El grupo tupí-guaraní, de tronco etnolingüístico ecuatorial, ha sido de los más extendidos en el área amazónica del sur americano. En el siglo XVI los tupí-guaraní se encontraban en plena expansión y crecimiento demográfico, hecho que llevó a sus observadores a señalar el dinamismo como uno de los rasgos centrales de identificación étnica. Este etnodinamismo se mostrará luego motivado no sólo por razones seculares (económicas, guerreras, de venganza, etcétera) sino, en gran medida, por razones religiosas: la búsqueda del Yvý-maraey, que es traducida al español por los etnólogos guaraní como “tierra sin mal” o “tierra sin maldad”. La expresión Yvý marâeý (según la grafía presentada por Nimuendajd (1914) fue registrada por Montoya en 1639 “y todavía es escuchada entre los Avá-Katú o Chiripá del Paraguay –y entre los Ava cordilleranos, Yvý imaraâ–...”. El mismo Meliá (1989: 347) advierte que la búsqueda de la tierra sin mal se habría revestido modernamente de un cierto misticismo ya que antiguamente, según Montoya (l639), la yvý marâeý significaba (también) “suelo intacto que no fue edificado” o “monte de donde no se retiró madera ni fue cercado”. Nimuendajd (1978: 59), hablando de la religión de los apapokuva-guaraní del Mato Grosso brasileño, anota que “Mara en Guaraní clásico significa ‘enfermedad’, ‘maldad’, ‘calumnia’, ‘tristeza’, etcétera; Yvý significa ‘tierra’, eý es la negación, ‘sin’”. Para los apapokuva, en el Yvý marâeý, dice Nimuendajd (1978) viven las almas de los niños pequeños (ayvukué) que no han tenido ninguna relación con el alma animal (asyguá) “conforme a su modo natural, principalmente de Kaguyiv (chicha de maíz) e hidromiel.

            El Yvý marâeý –previo al contacto tupí-guaraní con los blancos europeos– era concebido ciertamente como un lugar geográfico, ya al Este, ya al Oeste, en el que se alcanzaba el pleno aguiyé-bienestar, consistente en el encuentro con los antepasados, la abundancia de comida, la superación de la muerte y el triunfo sobre los enemigos en un contexto lúdico de canto y fiesta sin fin; “plenitud de su modo de ser auténtico”, según Meliá (1989). El acceso al Yvý marâeý se realizaba a través de un largo oguatá-andar bajo la conducción de un chamán-profeta o karaí (“señor”, “hombre sabio”, etcétera) (Nimuendajd, 1978: 29) en quien se encarnaba Mairá, Ñanderikeý. Tamoi o Hyapuguasdva, héroes culturales “esencialmente ‘andantes’, fundadores de casas comunales y de los primeros mandiocales y maizales” (Branislava, 1975: 149). En estas ocasiones los karaí pronunciaban elocuentes discursos para anunciar un mbaé-meguá-infortunio, convocar al abandono de las chacras y el orden social y emprender un aguatá-andar hacia el Yvý marâeýv con la esperanza de la inmortalidad, la abundancia y el aguiyé-bienestar. Ellos se transformaban en profetas y anunciaban el fin del mundo por un cataclismo universal; en ellos se reencarnaban los héroes civilizadores y míticos, tenían el poder de transformar a los hombres en animales; resucitar a los muertos; hacer crecer y fructificar abundantemente los cultivos (chacras); se comunicaban con los espíritus; eran buenos cantores y oradores que pronunciaban discursos fervorosos para incitar a la guerra, la valentía, a la victimación o a migraciones santas; en fin, eran considerados como dioses, nacidos de mujer, sin padre humano (Ruiz de Montoya, 1980; Jean de Lery, 1961 [1880]; Lozano, 1754 [1970]; Nóbrega, 1844; D’Abbeyille, 1614; Figueroa, 1904; Nimuendajd, 1978 [1914]; Metraux, 1927, 1930). Estos dos últimos etnólogos anotan que la búsqueda del Yvý-marâeý se habría intensificado con la llegada del blanco europeo portador de enfermedades, opresión y muerte; hechos representados como un verdadero mbaé-meguá-infortunio.

            La más antigua migración conocida hacia el Yvý-marâeý, anterior a la conquista, data de 1539, aproximadamente, cuando unos 12 000 tupís abandonaron el litoral brasileño y se dirigieron hacia los Andes. Luego, en 1549, trescientos de ellos fueron encontrados en la ciudad de Chachapoyas de Perd. Fue precisamente este encuentro lo que permitió conocer la migración y sus móviles: tierras nuevas donde encontrarían la “inmortalidad y descanso perpetuo” (La Gasca, 1549; Magalhanes Gandavo, 1922). En estas migraciones por causas religiosas, alrededor de cinco entre el siglo XV y XIX (Metraux, 1927), los tupís dejaban de practicar la agricultura, procuraban no radicarse en ningún lugar, se alimentaban de la caza y la pesca, tenían una economía de colecta y “literalmente” de subsistencia (Claude d’Abbeyille, 1614; Clastres, 1975).

            A comienzos del siglo XX, una de las migraciones hacia la Tierra sin Mal más conocida ha sido la de los Apapokuva-guaraní del Mato Grosso tan bien estudiada y presentada por Nimuendajd (1978 [1914]). Los apapokuva como otros guaraní vecinos del Paraguay emigraban hacia el Este, hacia el mar, únicamente motivados, según Nimuendajd, por “el temor de la destrucción del mundo y la esperanza de alcanzar la “Tierra sin Mal”, antes de dicha destrucción” (1978: 121). Cuando ellos llegaban a la costa del mar, superando el espanto que les causaba, retrocedían tierra adentro, “edificaban una casa de danza y empezaban seriamente a bailar, con el objeto de llegar al Yvý-marâeý a través del agua”. (Nimuendajd, 1978: 123). Para algunos guaraní, una vez aligerado el cuerpo por la danza, se elevarían por el aire “con toda la casa de danza y descenderían en el Yvý-marâeý”. “Así (concluye Nimuendajd) han bailado cientos de indígenas a orillas de la mar, llenos de entusiasmo y esperanzas; luego venía el terrible desengaño y el chaman se veía en la imperiosa necesidad de dar una explicación del fracaso de la empresa. Había habido algún error que había destruido el ‘hechizo’ y que a menudo cerraba para siempre a los peregrinos el camino al más allá” (Nimuendajd, 1978: 123).

            En la actualidad, este fenómeno se ha reiterado entre los tupí-cocama de la Amazonia peruana (Regan, 1983; Agüero, 1994). Alrededor de 600 tupí-cocama de la región próxima al encuentro del río Ucayali con el río Marañón, siguieron al profeta Francisco da Cruz, venido de Brasil en 1971, y aún hoy, 1997, continúan preparándose, en “villas” o nuevos pueblos fundados por ellos en el centro de la selva, para emigrar al río Juí, afluente del Iça (Putumayo), de lado del Brasil, donde se encuentra “Villa Alterosa” o la Ciudad Santa. Aquí, ellos esperan poder vivir en la abundancia, en igualdad social y moral, y escapar de la muerte que será provocada por un inminente diluvio de fuego.

 

            D’abbeville, Claude. Histoire de la Mission des Peres capucins en l’Isle de Maragnon et Terres Circonvoisines, 1614. Branislava, Susnik. Dispersión Tupí-Guaraní Prehistórica, Asunción, Museo Etnográfico Andrés Barbero, 1975. Clastréss, Hélene. La terre sans mal, París, Editions du Seuil, 1975. Figueroa, Francisco. Relación de las Misiones de la Compañía de Jesús en el País de los Maynas, Madrid, Librería General Victoriano Suárez, 1904. La Gasca, Don Pedro. Carta de la Gasca al Consejo de Indias del Puerto de Lima, 6 de diciembre de 1549. Lery, Jean de. Histoire d’un Voyage fait en la Terre du Brasil, París, Lemerre, 1880. Lozano, Pedro. Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, Buenos Aires, 4 vols. 1874. Magalhânes Gandavo, Pero de. Historia da Provincia da Santa Cruz, (reeditado en 1922: Nossa Primeira Historia), Caieiras, Sâo Paulo e Río de Janeiro, Companhia Melhoramentos. Meliá, Bartolomeu. Yande Reko, Nuestro modo de ser y bibliografia general comentada, La Paz, CIPCA, 1988. Meliá, Bartolomeu. A experiencia religiosa guaraní. en: O rostro indio de Deus, Sâo Paulo, Vozes, 1989. Metraux, Alfred. “Migrations historiques des Tupí-Guaraní”, en Journal de la Société des Americanistes de París, vol. 19, 1-45, 1927. Metraux, Alfred. Religions et Magies Indiennes d’Amerique du Sud, París, Gallimard, 1967. Metraux, Alfred. La religion des Tupinamba et ses rapports avec celle des autres tribus Tupi-Guaraní, París, Biblioteque de l’Ecole des Hautes Etudes, 1928. Nimuendajú, Curt. Los mitos de creación y de destrucción del mundo, Riester Juergen (ed.), Lima, Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (1914, Die Sagen von der Eschaffung und Vernichtung der elt als Grundlagen der Religion der Apapokuva-Guaraní ñeitschrift fh Ethnologie, 46, 284-403, Berlín). Nóbrega, Manoel da. “1549, Informado das terras do Brazil”, Revista del Instituto de Historia y Geografía, vol. VI, 90-94, 1884. Montoya, Antonio Ruiz de. Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las Provincias del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape, Madrid, 1980. Montoya, Antonio Ruiz de. Tesoro de la lengua guaraní, Madrid, Iván Sánchez, 1639. Agüero, Óscar Alfredo. El Milenio en la Amazonia: mito-utopía tupí-cocama, Lima-Quito, Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica-Abya-Yala, 1994. Bartolomé, Miguel Alberto. Chamanismo y religión entre los Ava-Katu-Ete, Asunción, CEADUC, 1991. Reagan, Jaime. Hacia la tierra sin mal. Estudio sobre la religiosidad del pueblo en la Amazonía, Lima, CETA, 1983. Schaden, Egon. A Mitología Heróica de tribus indígenas do Brazil, Río de Janeiro, Ministerio de Educación y Cultura, 1959. Carneiro da Cunha, Manuela, “Vingança e Tupinamba”, en Journal de la Société des Americanistes, núm. 71, 191-208, 1985. Wright, Robin. “Catastrophe and Regeneration: An Appraisal of Recent Theoretical Approaches to Millenarianism in Amazonia”, en Barabas, Alicia (org). Religiosidad y Resistencia indígena hacia el fin del milenio, Quito, Abya-Yala, 1994.

 

            (Véase: Mesianismo, Milenarismo, Providencialismo).

 

(OAA)