UTOPÍA. “Lugar que no existe”, pero que en América halla concreción geográfica e histórica desde el descubrimiento, pasando por los procesos de independencia, hasta los proyectos sociales o sueños de soberanía, autonomía y justicia social aún pendientes en Nuestra América. Término polisémico y escurridizo que cruza por las fronteras de la literatura, la política y la filosofía. El Nuevo Mundo aparece en la tradición latinoamericanista como el topos en el que el Viejo Mundo viene a realizar sus sueños. América se convierte de “utopía para otros” en “utopía para sí de la independencia a nuestros días.

             Utopía, obra paradigmática del género utópico escrita por el canciller inglés Tomás Moro en 1619. Francisco de Quevedo traduce el término como “no hay tal lugar” en 1627.

            Ezequiel Martínez Estrada, siguiendo la idea propuesta por Don Jesús Silva Herzog, demuestra que el espacio geográfico y humano descrito en Utopía es la Cuba que Pedro Mártir de Angliería conoce porque es acompañante de Colón en el segundo viaje (1493) y que presenta en las Décadas del Mundo Nuevo, obra publicada completa en latín en 1630, pero que ya circulaba en manuscritos en Venecia (1504) y en Sevilla (1711) y que Tomás Moro seguramente conoció (Martínez Estrada, 1963: 4-8).

            Alfonso Reyes en La última tule y No hay tal lugar analiza la tradición utópica literaria y su importancia para América; además, incorpora en el análisis filosófico de la utopía las nociones de presagio de América y de la tierra que antes de ser descubierta fue soñada. Ambos ensayos, aunque publicados parcialmente desde 1955, tocan temáticas que Reyes venía trabajando desde 1924 (Reyes, 1960: l l-62 y 337-389).

            Por su parte, el maestro José Gaos en Pensamiento de Lengua Española (1942-1943), junto a la caracterización del pensamiento hispanoamericano como inmanentista, propone la característica de trascendencia desde la utopía; propone la noción de ente utópico para referirse al hombre; considerando que el hispanoamericano es un ser que ha podido transmigrar de orilla a orilla del Océano Atlántico para “intentar la realización de sus utopías”. Concluye que: “El hombre es el único ente utópico. Y el único trascendente, no a los demás, sino en sus entrañas a sí mismo. América, el último lugar sobre la Tierra para la material utopía humana; utopía y trascendencia”. Por tanto, la utopía para Gaos es consustancial al hombre y marca una tendencia a la trascendencia desde la inmanencia del pensamiento hispanoamericano (Gaos, 1945, 10ª ed.: 23-107).

            Arturo Andrés Roig propone el término de función utópica que localiza en la estructura misma del lenguaje, es decir, radica, junto con otros topos, en el lenguaje, en los discursos como una función simbólica: “tres serían las funciones principales del discurso utópico: una ‘función crítico-reguladora’, una ‘función liberadora del determinismo de carácter legal’,(...) una ‘función anticipadora de futuro y, agrega una cuarta función del discurso utópico que retoma de Cerutti, “‘una función de historicidad’. Todo discurso responde a un tipo de actividad, impulso o necesidad humana específica y el discurso utópico responde al ‘impulso de evasión’ que consiste en un ‘ansia de frontera’, de ‘periferia’, de ‘margen’, o de ‘más allá’ de todas las formas opresivas que muestra la cotidianidad de determinados grupos sociales dentro de una comunidad. Desde este impulso se generan todas las múltiples formas del discurso utópico” (Roig, 1987: 20 y ss).

            Franz Hinkelammert en su Crítica a la razón utópica define a la utopía como un elemento trascendental a luz del cual se puede actuar políticamente. Para él la política como arte de lo posible requiere de un horizonte trascendental que alumbre su acción. La construcción de mundos imposibles, dice, que alumbran a la formación de mundos posibles “pasa visiblemente por toda la historia humana”. “No obstante, siempre aparece paralelamente a tales mundos concebidos, la ilusión de su significado empírico; la ilusión de que hayan existido alguna vez o de que existirán alguna vez en el futuro. Su construcción es una necesidad, en tanto que su interpretación empírica es una necedad en la medida que se busca su realidad empírica en el curso del mismo tiempo empírico”. La imaginación utópica que diseña sociedades concebidas en su perfección “no son sino conceptos trascendentales a la luz de los cuales se puede actuar, pero hacia los cuales no se puede progresar” (Hinkelammert, 1984: 28).

            Cerutti en varios ensayos reflexiona sobre la temática y propone el término de “utopía para sí” para referirse a la producción de utopías literarias y proyectos políticos que marcaron las directrices de la independencia política y cultural de la Nueva España y para diferenciarlas de las “utopías para otros” con las que caracteriza a la etapa colonial. Propone tres niveles de comprensión del término utopía: el nivel cotidiano en el que el sentido peyorativo, como adjetivo descalificativo, muestra a lo utópico como quimera irrealizable o imposible; el segundo nivel del género literario, cuya estructura implica dos momentos claramente diferenciados, un diagnóstico de la realidad y un pronóstico en el que con lujo de detalle se describe la vida pública y privada. El género literario al modo de Utopía, La Ciudad del Sol, la Nueva Atlántida, entre otras, tienen un autor que “por lo general es miembro de la intelligentsia de su sociedad” (Cerutti, 1991: 137); y tercer nivel, de lo utópico operante y operando en la historia que mantienen una participación activa en el proceso histórico y cuyos limites con lo ideológico se borran de tal suerte que “lo utópico forma parte de lo ideológico en plenitud” y muestra la “naturaleza simbólica, lenguaje simbólico y,... de praxis simbólica” (Cerutti, 1994; 97-98). Define al núcleo duro de la utopía en la tensión entre lo real y el ideal, entre el ser y el deber ser que se juegan permanentemente de cara a la historia. Conceptualmente le llama a este núcleo duro tensión utópica.

 

            Cerutti Guldberg, Horacio. “El derecho a nuestra utopía”, en Revista de Historia de las Ideas. Casa de la Cultura Ecuatoriana y CELA de la PUCE. Segunda época, núm. 3. Quito, 1982. “Género utópico”, en Presagio y Tópica del descubrimiento. CCYDEL-UNAM. México, 1991; “¿Teoría de la utopía?”, en Utopía y nuestra América. Ediciones Abya-Ayala. Ecuador, 1994. Gaos, José. “Pensamiento de Lengua Española”, en Obras completas. UNAM. México, 1990. Hinkelammert, Franz. Crítica a la razón utópica. Departamento Ecuménico de Investigaciones. San José de Costa Rica, 1984. 10ª ed. Martínez Estrada, Ezequiel. “El Nuevo Mundo, la isla de utopía y la isla de Cuba”, en Cuadernos Americanos. México, año XXII, vol. CXXVII, núm. 2, marzo-abril 1963. Reyes, Alfonso. Última Tule y No hay tal lugar..., en Obras Completas. t. XI. Fondo de Cultura Económica, México, 1960. Roig, A. A. La utopía en el Ecuador. Est. introduc. y selecc. Banco Central del Ecuador-Corporación Editora Nacional, Quito, 1987.

 

            (Véase: Eutopía, Inventamos o erramos, Mito, Mesianismo, Milenarismo).

 

(MRRF)