LAS TERTULIAS IBEROAMERICANAS DE LA CASA DE AMÉRICA DE MADRID

Parecía como si tras los fastos del V Centenario América Latina hubiera dejado de tener relevancia para España más allá de los negocios que Repsol, Telefónica o la Banca comenzaban entonces a expandir en las capitales del antes llamado Nuevo Mundo. Para Europa era aún más indiferentes fuera de las simpatías por Lula, antes por el subcomandante Marcos, antes por la gauche divine de la pléyade gabollosiana, antes por el conservadurismo borgiano, por sí mismo un estilo de vida (nada latinoamericano). Convencidos de este languidecimiento cultural nos decidimos a abrir una tertulia sobre América Latina en el castizo y al mismo tiempo multicultural barrio madrileño de Lavapiés. Desde entonces, desde la primavera de 2000, venimos dialogando acerca de los problemas más acuciantes, más transversales de la región, con el ánimo de abrir un espacio para el intercambio, plural e interdisciplinar, de ideas y saberes.

El instigador de esta tentativa fue Horacio Cerutti, reconocido latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, que por entonces cursaba un año sabático en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

 Respondiendo a su iniciativa, decidimos reunirnos en el conocido café Barbieri, cada dos viernes por la tarde, Ernesto Barnach, Jaime Vilchis, Sandra Escutia, Mónica Cerutti, Fernando Harto de Vera y Antolín Sánchez Cuervo. Procurando evitar la pose tertuliana  y en busca, quizá, de ese Madrid portuario y marino de comienzos de los treinta que María Zambrano evoca en su ensayo autobiográfico Delirio y destino, no muy lejos de esa misma Ronda de Atocha desde la que ella decía adivinar el mar, se ubicaba nuestra tertulia. Con vocación transatlántica empezamos así a debatir multitud de cuestiones.

Fue hacia comienzos del año siguiente cuando, por medio de Ernesto Barnach y gracias a la amable disposición del entonces director del área de Tribuna de la Casa de América de Madrid, José Alcina –misma que después nos siguieron brindaron José Rodríguez Cinto y, en la actualidad, Diego Molero-, trasladamos nuestra tertulia a este significado lugar.

 

 Tuvimos que desprendernos del encanto propio de los cafés –que no del paradójico y rico casticismo transatlántico-, pero ganamos nada menos que una casa en la que reunirnos y recibir a cuantos tertulianos lo desearan. Desde enero de 2001, la Casa de América de Madrid nos acoge dentro de su programación de actividades y nos cede una de sus salas. Por medio de Rodrigo Reyero y Carmen Batanero, nos presta su colaboración para continuar y difundir nuestras tertulias. Ello nos obligó a una cierta labor de planificación. Comenzamos a programar con antelación cada tertulia, de manera que un ponente expondría durante unos treinta o cuarenta minutos acerca de alguna cuestión previamente acordada, abriendo paso, después, a la discusión. Durante 2001 tocamos así los temas más diversos. Antolín Sánchez Cuervo expuso acerca del krausismo en México y Mónica Cerutti sobre los movimientos sociales de las últimas décadas en Argentina. Un colega ecuatoriano nos presentó el proyecto de una universidad indígena y Alberto Enríquez, máximo responsable del Archivo Histórico de El Colegio de México, presentó su libro, entonces recién publicado, sobre los últimos días de Manuel Azaña. Después, Jaime Vilchis nos contó la historia de un corrido anónimo -sobre la significación del zapatismo tras su llegada al parlamento mexicano- y Carlos Resa planteó una discusión acerca del narcotráfico en América Latina. Cristina Espada expuso sobre la huella de la mirada y el tacto en la poesía de Gioconda Belli y en la prosa de Ángeles Mastreta, Ramón Ímaz nos hizo presente el exilio español de 1939 en la obra de su abuelo, el filósofo Eugenio Ímaz, y Laura Vilchis nos habló sobre mujeres y salud en América Latina. 

Llegó el verano y, tras unos meses de recapitulación, de reflexión sobre los fines de la tertulia y de organización de los propios recursos, decidimos proyectar ciclos temáticos, de varias tertulias cada uno. Volvimos así en enero de 2002 con el ciclo Economía, inversiones, cooperación y desarrollo (enero-febrero). José Denis, economista de la Universidad Complutense, perfiló entonces un amplio recorrido por la economía latinoamericana desde finales de la segunda guerra mundial hasta nuestros días. Constató que dicha economía está influenciada tanto por ciclos y etapas de la economía mundial, como por las políticas económicas impulsadas desde los ámbitos centrales, ya sean países o instituciones multilaterales. Hizo después hincapié en el enorme peso de las magnitudes externas de estas economías; calibró algunas tendencias y estrategias de mejora de la situación actual; y subrayó la creciente voluntad de ciertos sectores sociales para elaborar políticas orientadas hacia la construcción de una ciudadanía, como respuesta a la tendencia devaluadora de lo público propia de la globalización.

Este interesante debate encontró una cierta continuidad en la tertulia siguiente, presentada por los profesores Ángeles Sánchez Díez y Julimar Silva Bichara, la cual se centró en la inversión española en América Latina durante la década de los noventa, para concluir el ciclo con una sesión sobre los problemas de las macro-ciudades latinoamericanas, introducida por Begoña Pernas y Marta Palacios, del Grupo GEA 21. “La ciudad desbordada” encontró en los ejemplos de Sâo Paulo y México D.F., entre otros, magmas emergentes de fenómenos no sólo catastróficos, sino también de solidaridad, de reciclaje de vicios en virtudes y de despliegue de habilidades perdidas tales como la autoconstrucción de viviendas, el aprovechamiento del caos para la supervivencia suburbana (mercadillos de trueque, reutilización del parque móvil, organización cívica vecinal...). Fenómenos, todos ellos, que no deben comprenderse desde los paradigmas de la ciudad eurocéntrica, opulenta y noratlántica, sino desde el mismo sur donde el caos deviene orden con el tiempo.

Organizamos después un ciclo sobre Multiculturalismo e interculturalismo (febrero-marzo), que presentamos algunos miembros fundadores de la tertulia. Jaime Vilchis ubicó este debate en el contexto latinoamericanista del último siglo. “Crisis del pensamiento latinoamericano” giró en torno a cuatro referencias fundamentales: la “Nueva Atlántida ateneísta” (1913-1930), más concretamente obras como La Nueva Tule de Alfonso Reyes, Las ínclitas razas ubérrimas de Rubén Darío, Alba de los Amautas de Carlos Mariátegui, La raza cósmica de José Vasconcelos, Próspero Ariel de José Enrique López Rodó, Nuestramérica de José Martí, o el primerizo de Borges Tamaño de mi esperanza; el exilio español-europeo (1936-1960), en el que la razón poética de María Zambrano, el lógos dialógico de Eduardo Nicol o la búsqueda de una tradición moderna latinoamericana de José Gaos invitan a pensar en un “anti-orteguismo”; el “boom” literario o la construcción de una región (1964-1980), desde las tres regiones míticas mayores (la Comala de Juan Rulfo, el Sertón de Guimaràes Rosa y la Santa María de Onetti) hasta los tres sabios del barroco cubano (Lezama Lima, Severo Sarduy y Reynaldo Arenas), pasando por los tres guerrilleros “Dandys” (Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Fernández Retamar); y los “hiper-ilustrados” (1968-1980), entre los que encontramos a analíticos y glosadores como Eduardo Rabossi, Enrique Villanueva, Marcelo Dascal y Fernando Salmerón, y a teóricos de la dependencia como Celso Furtado, Teotonio Dos Santos, Luis Echeverría y Andrés Péres.

Seguidamente, Ernesto Barnach planteó el debate sobre “La diversidad como fenómeno cultural”. Tras un acotamiento conceptual previo, en base al cual se constató el carácter plural de la cultura –mismo que explica las actuales aspiraciones identitarias de numerosas minorías-, se señaló su inserción –conflictiva, en consecuencia- en el clásico marco liberal del Estado-nación. El “multiculturalismo” –también denominado “comunitarismo”- saldría al paso de esta tensión, planteando fórmulas más complejas y comprometidas que las del tradicional “melting pot”, en busca de una conciliación entre los principios básicos del liberalismo y el reconocimiento de derechos específicos. Se calibraron, en este sentido, tesis de autores como Kymlicka y Habermas.  

El ciclo concluyó con la tertulia “Filosofías del mestizaje”, introducida por Antolín Sánchez Cuervo, en la que se abordó la ambigua significación de lo mestizo como metáfora de la identidad latinoamericana. Es decir, como un replanteamiento constructivo del universalismo occidental –frustrado bajo sus contradicciones eurocentristas- que al mismo tiempo no deja de enmascarar y legitimar la tradicional exclusión del indígena y su memoria.

Concepciones precolombinas del mundo (abril-mayo) fue nuestro tercer ciclo. Se inició con una sesión sobre “Los derechos de los pueblos indígenas” presentada por Ana Belén García, quien desde entonces colabora estrechamente en la coordinación de las tertulias. Partiendo del arraigo multicultural de muchas de las sociedades latinoamericanas y a la luz de una previa delimitación del derecho indígena, entendido como una demanda colectiva de reconocimiento público (autonomía, territorialidad…) que afecta a la propia definición de derechos humanos, se centró en el caso mexicano. Se recordó entonces la plasmación de algunas de estas demandas en los Acuerdos de San Andrés (1996) y se discutió la posterior y controvertida Ley de Derechos y Cultura Indígenas, en la que dichas demandas sólo se recogieron parcialmente, dando lugar a numerosas reacciones críticas. 

“Arte de escribir en Mesoamérica. Los códices mesoamericanos”, a cargo del Prof. Juan José Batalla, nos transportó después al siglo XIII, en el que se ubican los vestigios más antiguos de escritura mesoamericana –jeroglífica, logosilábica y no alfabética hasta el siglo XVII-. Realizados sobre madera, piedra, piel (sobre todo de venado y jaguar) o papel (“amatl” en la lengua nahuatl), perviven en más de quinientos códices, cuyas tipologías quedaron brillantemente expuestas. Una cierta visualización de todo ello tuvo lugar en la tercera y última tertulia, en la que se proyectó el documental Tlacuilo, animación del códice Mendoza.

Llegamos al verano con el ciclo ¿Libertad o seguridad? (mayo-junio), que se centró en la incidencia del terrorismo global en la ruptura de los paradigmas criminológicos tradicionales, con el consecuente deslizamiento de acentos desde la peligrosidad hacia la vulnerabilidad. Sobre el trasfondo de esta inflexión –misma que obliga a remover los modelos del contractualismo clásico-, Antonio Díaz presentó la tertulia “Los servicios de inteligencia. El difícil equilibrio entre libertad o seguridad”, en la que se constató el precio de toda reducción de la vulnerabilidad: nuevas estrategias en el reforzamiento de la seguridad nacional e internacional, confrontación de las mismas con las libertades individuales, revisión de los sistemas punitivos y los dispositivos de control social establecidos…. Por su parte, en “México no es Colombia. Diferencias sobre el narcotráfico”, Carlos Resa habló sobre la pérdida de gobernabilidad frente al crimen organizado y la consecuente disminución de la credibilidad en las fuerzas de seguridad, apoyándose en un ejemplo comparativo: las relaciones Estado-crimen organizado en México y en Colombia, respectivamente caracterizadas por la subordinación al poder político y la confrontación con el mismo. Finalmente, en “Apuntes sobre ideología y criminología en América Latina”, Sandra Escutia recordó que el terrorismo y el crimen organizado no son los únicos problemas que preocupan a la comunidad internacional, y que otras cuestiones tales como el control social de delitos menos graves, la reinserción social, la prevención del delito y los derechos del delincuente, también requieren un cuidado análisis; máxime en el contexto latinoamericano, en el que las relaciones entre ideología y criminología se ven condicionadas por modelos europeos no siempre satisfactorios.

Las tertulias del 2002 se concentraron en un solo ciclo, el más largo –y también uno de los más densos- de los que hasta entonces habíamos organizado. Memoria política y pensamiento utópico (octubre-diciembre) se abrió con la presencia de Horacio Cerutti -por entonces en tierras españolas-, quien nos leyó una ficción utópica sobre cómo podría haber discurrido la historia tras los acontecimientos del 11-S. “¿De cómo América Latina apoyó (¡debió ayudar!) a los Estados Unidos y al mundo?” rememoraba con no poca ironía, desde un futuro imaginario, cómo aquellos brutales sucesos, lejos de legitimar la aplicación de una supuesta “guerra justa”, la imposición y extensión del estado de excepción, o la instrumentalización de los grandes ideales universalistas de la ilustración en favor de intereses político-económico-militares concretos, desataron una masiva respuesta internacional que, bajo las iniciativas de la sociedad latinoamericana, transformó el orden mundial haciendo valer la célebre máxima de Benito Juárez “El respeto al derecho ajeno es la paz”. 

La siguiente sesión fue introducida por uno de nuestros contertulios más honorables, el historiador y sociólogo de la comunicación Manuel Ortuño, quien nos presentó su libro Xavier Mina. Gerrillero, liberal, insurgente (Pamplona, Universidad Pública de Navarra, 2002) –ampliado el año siguiente en Xavier Mina. Fronteras de libertad (México, Porrúa, 2003)-. “Xavier Mina (1789-1817): crónica de un desencuentro en los inicios de la utopía liberal”, estuvo dedicada a esta interesante personalidad, tan sensible para el liberalismo hispánico de primeras horas como olvidado por la tradición historiográfica.

Después intervino Francisco Colom, vice-director del Instº de Filosofía del CSIC y presidente de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política. Su ensayo “La imaginación liberal y la fragmentación de la memoria iberoamericana” planteó los problemas que arroja la inserción del orbe hispánico en la modernidad política; más concretamente, aquellos que se derivan de la invención de la propia identidad colectiva a la que se ven obligadas las repúblicas latinoamericanas emanadas de la independencia.

En la siguiente tertulia contamos con la presencia del historiador y director del Centro de Investigaciones Históricas sobre la Democracia Española Abdón Mateos. “Memorias de la república española en México” analizó la peculiar reconciliación de los regímenes posrevolucionarios con lo hispánico que dicha memoria propició, así como las diversas visiones de la república española proyectadas desde la izquierda mexicana.

El broche de oro lo puso el conocido filósofo Reyes Mate, quien planteó algunas acotaciones críticas del pensamiento en lengua española, en el marco de esa misma modernidad en la que singularmente se inserta; es decir, en términos de un virtual espacio de respuestas a la lógica catastrófica de la ilustración europea, consumada en la experiencia del totalitarismo contemporáneo. “Memoria y política desde los márgenes de la modernidad. La perspectiva iberoamericana”, arrojó además mucha luz sobre la vocación amnésica de la modernidad y sobre ilustraciones alternativas tales como la judía. 

Llegamos así al 2003 con el ciclo América Latina ante sus endémicas disyuntivas: equidad o desigualdad, democracia o caudillismo, integración o fragmentación (enero-abril), uno de los más concurridos. Fue presentado por Ernesto Barnach, quien delimitó, en una sesión introductoria, tres ejes principales de discusión (económico, político y social); algunas temáticas transversales (fenómeno migratorio, integración social, política y económica, papel de Estados Unidos en la región); y un objetivo prioritaria: abordar, de manera casi iconográfica, la situación de Argentina, Colombia, Cuba, Brasil y Venezuela. Todas estas cuestiones y algunas más fueron oportunamente desgranadas y analizadas a lo largo de cuatro tertulias: "De la exclusión, la marginalidad y el ilusionismo democrático en Colombia", por el periodista colombiano y miembro de Cooperación Internacional para el Desarrollo Andino –además de tertuliano habitual desde entonces- Guillermo Pérez; “Lecciones de política económica tras el consenso de Washington: de la homogeneidad de las propuestas a la disparidad de resultados”, por la Profa. Ángeles Sánchez; “Cincuenta años de historia argentina: sus vulnerabilidades sociales, económicas y políticas”, a cargo de la Profa. Alicia Carlino; y “Los que se fueron y los que llegan: panorama histórico de la emigración de españoles hacia América y de los latinoamericanos hacia España”, a cargo de la investigadora del CSIC Elda González. Una sesión de recapitulación, debate y conclusiones, moderada por Ernesto Barnach puso fin a esta serie de tertulias.

Programamos después con el ciclo El boom del arte latinoamericano a prueba (abril-junio), a propósito de tres ejemplos actuales: la película Frida, con Salma Hayek –que no es hija del padre del neoliberalismo-; la obra de Fernando Botero, cuyos cuadros son los más cotizados en Nueva York, por encima de Rothko; la narrativa de Isabel Allende, mímesis “icástica” de García Márquez, y cuya novela La casa de los espíritus aún la pasan en televisión con el fausto Jeremy Irons y la infausta Streep. Una singular y sugerente reflexión en torno a estos y otros ejemplos llevó a Jaime Vilchis –inspirador del ciclo- a plantear la hipótesis de que el arte latinoamericano se ha postrado en el folklorismo identitario y se encuentra éticamente co-optado por los poderes fácticos (tal sería el caso de Octavio Paz, entre otros), además de comercialmente sobrevalorado. Cuatro tertulias contrastaron esta hipótesis en los ámbitos de la música, la pintura y la literatura. “La música atonal y otras gaitas”, introducida por el propio Vilchis, puso en solfa varios tópicos, sobre todo el de la preeminencia de las letras sobre la música; “Lo espiritual seglar en la pintura”, a cargo del pintor neoconstructivista cubano Waldo Balart, repasó las aportaciones al surrealismo de los pinceles de Matta y de Lamb; “¿Hay un Kafka latinoamericano?”, por el filósofo y ensayista mexicano Héctor Ayala, trató de responder a la pregunta de si la región, aparte de varios nobeles, ha sido capaz de producir un Kafka; “El periodismo en la literatura: Gabriel García Márquez”, introducida por el ya mencionado Guillermo Pérez, ponderó la aportación del periodismo a la literatura; en una quinta y última sesión conclusiva se convino, en fin, unánimemente, en la importancia del “boom”, real o no en cuanto a su valía, para llamar la atención sobre el irrequieto subdesarrollo de la región.

Tras el obligado receso veraniego volvimos con el ciclo Modernidad e identidades de Iberoamérica (octubre-diciembre), en el que retomamos cuestiones abordadas con anterioridad. “Darwinismo social y eugenesia en la Argentina. Una perspectiva histórica”, a cargo de los investigadores argentinos Gustavo Vallejo y Marisa Miranda, quienes por entonces cursaban una estancia en el CSIC, se centró en algunas derivaciones del evolucionismo. A lo largo de una elaborada y documentada exposición mostraron el alcance de las teorías de la eugenesia en el caso argentino, en tanto que legitimación del “status” de la alta burguesía a partir una supuesta asociación de raza y clase social, dando lugar a un campo activo que durante más de cincuenta años promoverá estrategias estatales de control social (en muchos casos institucionalizadas y consumadas, por ejemplo, en el control de la reproducción).

Después, “José Mª Blanco White y su visión de Hispanoamérica”, a cargo de la historiadora chileno-mexicana Mª Eugenia Claps, nos introdujo en algunas discusiones fundamentales acerca de este polémico pensador español afincado en Inglaterra: acusado por sus compatriotas de apoyar el proceso emancipatorio en América, se distinguiría sin embargo por su autonomismo moderado y su negativa a la plena independencia, al menos mientras se prolongaran las guerras napoleónicas en España y los líderes de la insurgencia en América no adquirieran una mayor experiencia política.

“Identidad e imaginarios nacionales en Cuba y Puerto Rico, 1900-1930”, por la investigadora del CSIC Consuelo Naranjo, calibró, en la tertulia siguiente, el peso de la herencia hispana en ambos países tras el 98. Así en Cuba, donde la imagen del blanco será prioritaria en la confección del discurso nacional, favorecida por la cuantiosa presencia de inmigrantes españoles; una mitología que ensalza al mestizo y excluye al negro; y una resistencia al expansionismo de Estados Unidos (la obra del antropólogo Fernando Ortiz constituye por lo demás una referencia fundamental). Y así, también, en Puerto Rico, una de cuyas señas de identidad más relevantes será la gran familia, encabezada por el hacendado, y en donde diversas formaciones políticas construirán un discurso nacionalista inspirado en la identidad hispana.

“Las aportaciones del krausismo a la tradición del liberalismo iberoamericano”, a cargo de Antolín Sánchez Cuervo, buscó puntos de contacto entre los problemas que arroja la historia de las ideas en América Latina en el XIX, y aquellos otros que, en este mismo contexto histórico, plantea la legitimación y la planificación teórica de las nuevas soberanías. La presente tertulia contó además con la presencia del director del Instº de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la Universidad Pontificia Comillas, el Prof. Enrique Menéndez Ureña, en torno a quien se abrió una rica reflexión sobre las fuentes europeas del krausismo, su calado en España y su proyección transatlántica. 

Finalmente, el historiador e investigador de la Universidad Michoacana Agustín Sánchez Andrés introdujo la tertulia “La transición española vista por la prensa mexicana (1976-1982)”, una de las más concurridas. Se centró, sobre todo, en la percepción de este proceso que las principales revistas políticas mexicanas –Proceso y Siempre, entre otras- transmitieron a sus lectores, así como en la influencia de la misma en la opinión pública de México.

Con la llegada del 2004 celebramos nuestro quinto aniversario y cumplimos nuestro cuarto año en Casa de América. Lo hicimos con tres ciclos a lo largo de los cuales hemos procurado afianzar los objetivos de las tertulias: provocar la reflexión y el diálogo, crítico e interdisciplinar, sin las coacciones habituales del discurso académico, en torno a temáticas latinoamericanas de la más diversa índole; y aprovechar la presencia entre nosotros –fugaz algunas veces, pero siempre muy productiva- de estudiosos y especialistas, tanto españoles como latinoamericanos, o de otros lugares. El ciclo Estado, poder y nación (febrero-abril) se abrió así con la presencia del conocido sociólogo Alberto Moncada, quien presentó al tertulia “La militarización de la política exterior norteamericana”. Después, la Profa. colombiana de la Universidad Carlos III Magdalena Correa, introdujo una tertulia sobre la “Relación asimétrica entre los elementos constitutivos del Estado colombiano”; el Prof. José Manuel García de la Cruz, de la Universidad Autónoma de Madrid, habló sobre “Acuerdos de integración regional: un nuevo problema para América Latina”; Moisés Villafañe Izquierdo, responsable de Derechos Humanos y Medio Ambiente de la Embajada de Colombia, retomó algunas problemáticas actuales de este país en “Derechos de los pueblos indígenas y la jurisdicción especial indígena consagrada en la Constitución Nacional de Colombia”; el Prof. Fernando Harto de Vera, de la Universidad Complutense y viejo amigo de las tertulias, habitual en los tiempos del café Barbieri, presentó la tertulia “Tendencias de la Teoría Política en América Latina”. Finalmente, Jaime Vilchis expuso “Un caso de nacionalismo latinoamericano”.

Tras este largo ciclo, dedicamos tres sesiones a la sugerente cuestión Cultura popular: del culebrón al danzón (mayo-junio), suscitada, como no podía ser de otra manera, por Jaime Vilchis, quien además introdujo la primera tertulia bajo el título “Cuando despertó el dinosaurio”. Después, Sandra Escutia presentó “La cultura popular a pie de página”. Y concluimos con la presencia del Prof. José Miguel Marinas, de la Universidad Complutense, y redactor de la exitosa revista El rapto de Europa, quien en “América y al fábula del bazar” compartió con nosotros algunos de los brillantes análisis de la cultura de consumo de los que dan buena cuenta sus libros.

Tras el verano, retomamos la cuestión colombiana, en medio, esta vez, de una panorámica más amplia que dio cabida a problemas de otras áreas andinoamazónicas. Realidades y tendencias de la región andinoamazónica (octubre-diciembre) se abrió con la tertulia “Realidad actual y tendencias de los movimientos indígenas en los Andes centrales”, presentada por el periodista peruano Luis Esteban González. Después, el Cónsul de Bolivia en España Julio Aliaga introdujo la sesión “Paradojas y concurrencias: los países andinos desde el caso boliviano”. Siguieron el investigador social colombiano José Aristazábal con “La expansión del conflicto colombiano a los países andinos y la intervención norteamericana en la región”; el especialista en Derechos Humanos y Prof. en La Universidad Carlos III Hernando Valencia Villa, con “Crisis humanitaria y justicia internacional en la región andina”; y Ernesto Barnach, quien introdujo una sesión de recapitulación y discusión global, centrada en las dimensiones y en la necesidad de la cooperación. Recogiendo algunas cuestiones abordadas durante el ciclo -el undécimo y último de los realizados hasta ahora-, señaló la importancia de la cooperación ante la economía de mercado –competitiva e individualista por definición-; calibró sus insuficiencias actuales –tanto cuantitativas como cualitativas-; y apuntó el novedoso concepto de “co-desarrollo”, es decir, la vinculación del desarrollo con la inmigración.  

Recién comenzado el 2005, estamos a punto de iniciar un ciclo sobre indigenismos, tanto los que asoman en la ficción como los que perviven en la realidad. Vamos a revisar algunas imágenes del mundo pre-hispánico en la literatura (de Paz, entre otros), a rescatar otras desde la mirada antropológica, y a enfocar, con la mayor lucidez posible, las que se revelan bajo el dispositivo de la filosofía política.

En pleno aniversario del Quijote, buscaremos también su proyección americana. Un “Quijote americano” será el hilo conductor de no pocas de nuestras tertulias durante el presente año. Entre tanto, éstas siguen abiertas.

 

Madrid, enero de 2005

 

Antolín Sánchez Cuervo, Ernesto Barnach, Jaime Vilchis, Ana Belén García,

Sandra Escutia y Guillermo Pérez